Christian Franzen y Nisser – Rey de fotógrafos

¿Sabían que el invento del ascensor repercutió en la fotografía? Esta aparente tontería tiene su sentido si nos trasladamos al siglo XIX. La zona centro de una ciudad como por ejemplo Madrid era en aquel entonces un hervidero de estudios y galerías fotográficas, que poblaban las buhardillas de calles como Montera (donde se instaló Charles Clifford), la Carrera de San Jerónimo (donde estaba el de Jean Laurent) o la calle del Príncipe  (donde entre otros se hallaba Fernando Debás).

El hecho de habitar en las buhardillas no era ni mucho menos una cuestión bohemia, si no simplemente por el hecho de que para tomar buenas fotografías los modelos tenían que estar muy bien iluminados, y qué mejor luz que la del sol a través de una amplia cristalera.
De ese modo aquellos estudios fotográficos más semejantes a invernaderos que a lo que entendemos hoy, hicieron que aristócratas y gentes de la alta sociedad, hubiesen  de subir tramos y tramos de escaleras con tal de poderse retratar.
Obviamente la aparición del ascensor (que en el caso de Madrid aconteció en 1874) fue un aliciente perfecto para que fotógrafos como Valentín Gómez lo utilizasen como aliciente publicitario de su estudio.

No muy lejos de allí, en el número 11 de la calle del Príncipe se instaló un diplomático danés de treinta y un años llamado Christian Franzen cuya destreza con la cámara le valió el respeto de fotógrafos y reyes.
Cuando Franzen llegó a Madrid era el año 1895 y España estaba en el abismo de su etapa colonial, al frente de la regencia se encontraba María Cristina Habsburgo que no pudo impedir que las provincias de ultramar se independizasen y que además en el caso de Cuba le compusiesen la famosa canción de “Maria Cristina me quiere gobernar…”
 
Gobernado o no por ella, lo cierto es que Franzen se convirtió en el fotógrafo favorito de la familia real, tanto es así que se le permitió usar el escudo de la casa real como emblema de sus fotografías, ganándose el sobrenombre de “fotógrafo de reyes y rey de fotógrafo”. Y aunque no le faltó trabajo al servicio de la aristocracia, Christian Franzen trabajó infatigablemente para resolver en un problema que encerraba a los fotógrafos en sus estudios. La luz.
Sin una luz adecuada no se podían realizar buenas fotografías, y en algunos casos se podía fotografiar en el exterior… pero en otros era completamente imposible. Él que trabajaba para la familia real debió entender rápidamente que determinados actos oficiales eran imposibles de captar con la tenue luz que iluminaba la mayoría de estancias del Palacio Real.

Si al menos pudiese conseguir una luz lo suficientemente potente como para iluminar la sala aunque fuese solo por unos instantes, conseguiría tomar una buena fotografía. Los conceptos luz, repentina, y explosión no tardaron en aparecer en su mente, luego solo hizo falta empaparse de conocimientos químicos para encontrar la reacción entre el magnesio y el clorato potásico. La ignición de ambos elementos no solo daba luz sino que llegaba incluso a cegar momentáneamente, se acababa de crear el antecedente del flash.

Mientras  el resto de sus colegas seguían encerrados en sus buhardillas Franzen recorrió con su cámara las redacciones de periódicos como “El Figaro” o la revista “Blanco y Negro” y de igual modo captó a los empleados del taller de la casa “Loewe” o los troqueladores de la Casa de la Moneda.
En definitiva fue uno de los grandes impulsores del fotoperiodismo. Retrató ambientes palaciegos, como los que aparecen en su libro “Salones de Madrid” (Libro prologado por Emilia Pardo Bazán).

También realizó importantes reportajes sobre la noche madrileña, e infinidad de retratos tanto de personajes políticos como el del alcalde de Madrid Alberto Aguilera o el presidente Canalejas, y celebridades tales como el maestro de esgrima y campeón mundial Afrodisio Aparicio e incluso a su buen amigo Joaquín Sorolla, quien a su vez lo retrató a él a punto de disparar la cámara. Murió a los 53 años, tras haber participado en la Exposición Universal (La Expo) de Barcelona en 1889 y contar con secciones fijas en diversas publicaciones.

Con Franzen y la difusión del magnesio, se consiguió por fin captar los ambientes cotidianos, sin necesidad de ceñirse a la tramoya de los estudios, se podría decir por tanto que se amplió el alcance de la fotografía; si con los fotógrafos de generaciones anteriores la fotografía dio sus primeros pasos, con Franzen se podría decir que alcanzó la edad suficiente como para salir de noche.
 

       

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