El libro Nada es verdad, todo está permitido de Servando Rocha, editado recientemente por la editorial Alpha Decay, pivota alrededor de un encuentro entre dos de los creadores más controvertidos y personales de la historia de la cultura moderna. Merece la pena detenerse unos minutos a desgranar las cuatro fotografías a través de las cuales Servando Rocha construye un microcosmos repleto de aristas y referencias invisibles que sería imposible resumir en unas pocas frases.

Unas semanas antes de que Kurt Cobain se suicidara, el escritor William Burroughs le recibió en su casa. El cantante deseaba fervientemente conocer al gran icono de la generación beat tal y como habían hecho decenas de estrellas del rock antes de él. Cobain se había visto seducido por la mentalidad destructiva y rompedora del autor desde bien joven, dejando patente la influencia que tuvo en él tanto en las letras de sus canciones como en las entradas de sus diarios.

Burroughs, sin embargo, en esa época se había convertido en un anciano que amaba a sus gatos sobre todas las cosas y que había dejado mucho tiempo atrás sus coqueteos con el rock´n roll en favor de pasar el tiempo en el patio de su casa haciendo prácticas de tiro con la veintena de escopetas que tenía en su poder.

Tras el éxito apabullante de su disco Nevermind, la depresión en la que se encontraba inmerso Kurt Cobain parecía, en opinión de su manager, necesitar de un reencuentro urgente con las raíces del cantante. Se propició por lo tanto el encuentro con su escritor fetiche con el objetivo de reactivar su maltrecho ánimo. Sin duda, y tal y como ambos dejaron patente en posteriores entrevistas, el encuentro les dejaría una huella imborrable.

La primera foto ilustra con perfección lo que significó para ambos la experiencia, un Burroughs mostrando con conmiseración un libro o unos papeles que desconocemos ante un muchacho perdido que escucha con atención las palabras del escritor.  Burroughs, al enterarse meses después del suicidio de Cobain afirmaría sobre aquél encuentro: “Lo que recuerdo de él es la expresión moribunda de sus mejillas. Él no tenía intención de suicidarse, por lo que yo sé, ya estaba muerto”. Da la sensación de que Burroughs sabe que habla con alguien embarrancado en el mismo lugar en el que él mismo estuvo mucho tiempo atrás.

Sin llegar a compadecerse del muchacho, quizá por principios o por lo que significaría denotarlo, sabe que el cantante se ha zambullido en una espiral de autodestrucción de la que es difícil escapar.

'Nada es verdad, todo está permitido'
‘Nada es verdad, todo está permitido’

La segunda foto nos muestra a un Cobain hablando con Burroughs, que camina detrás de él, como una metáfora del tiempo, un presente demasiado adelantado para el pasado del que parece haberse escapado el escritor. Pero ambos están en un mismo camino, ninguno sabe dónde les va a llevar aunque sin duda Burroughs lo intuye. Cobain se gira, esperándole y comentando algo que no sabremos jamás. Algo de ternura se destila del rostro de ambos. La luz clara de la tarde colorea la fotografía y la dota de un halo de irrealidad pasada, como si estuvieran coloreadas con los mismos tonos que nuestras propias y antiguas fotos poseen. Hay algo familiar en ellas. El rubio y brillante cabello de Cobain casi duele.

'Nada es verdad, todo está permitido'
‘Nada es verdad, todo está permitido’

En la tercera fotografía los dos aparecen quietos, mirando a algo en el suelo, sin más. De repente se han detenido. El sol cae a sus espaldas señalándoles el camino de la oscuridad. Pueden estar mirando a la nada, pausados en un instante de silencio, dejando simplemente que la inercia del encuentro haga que pase el tiempo. Miran al suelo, donde acabarán sus huesos.

'Nada es verdad, todo está permitido'
‘Nada es verdad, todo está permitido’

La última entrada del diario de Burroughs  datada en 1997 dice:

“No hay nada. No hay sabiduría final ni experiencia reveladora; ninguna jodida cosa. No hay Santo Grial. No hay Satori definitivo ni solución final. Solo conflicto. La única cosa que puede resolver este conflicto es el amor. Amor puro. Lo que yo siento ahora y sentí siempre por mis gatos. ¿Amor? ¿Qué es eso? El calmante más natural para el dolor que existe. Amor”

De eso nos hablan estas fotos. Del amor. Amor a los hombres, a las palabras y a las ideas. Y de lo que unió a dos seres que se quejaban por no entender un mundo que sin embargo amaban.


Nota: La cuarta fotografía que aquí omitimos es la puerta que abre y cierra al mismo tiempo la cosmología que encierra el libro de Servando Rocha. Animamos, pues, a nuestros lectores, a descubrirla por sí mismos.

       

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