El Nobel y Chernóbil

/Svetlana AlexievichSvetlana Alexievich (1948) se lleva el premio Nobel de literatura 2015 teniendo una única obra traducida al español hasta el momento, Voces de Chernóbil. Un desgarrador libro que recoge más de cincuenta testimonios sobre el accidente nuclear más devastador de nuestro tiempo.

La autora bielorusa ha sido galardonada con el premio Nobel de literatura y pasa a ser la catorceava mujer que lo recibe. No ha habido apenas voces críticas con la concesión del premio, lo cual pone de manifiesto la importancia de la obra de la autora, que en casos como este, en el que el periodismo y la Historia cuajan en el mismo lugar que la más pura literatura de fondo. El aprendizaje vital y cultural de Alexievich la convierte en un acontecimiento en sí misma, un espécimen único para el mundo occidental.

/Svetlana Alexievich
Svetlana Alexievich. © Isolde Ohlbaum / Redux

El premio llega en un momento en el que las sociedades post soviéticas se encuentran en un hito, en busca de su conciencia nacional, tratando de vislumbrar el futuro sin certeza histórica a la que amarrarse para conocer el camino a seguir. Las fórmulas de autogobierno bajo la sombra inexorable del régimen ruso y su implacable influencia las dispone en un desierto sin señales por las que guiarse. La obra de Alexievich pone el acento en la incapacidad de estas sociedades de absorber su reciente historia y gestionarla con respecto a su pasado.

/Reactor nuclear
El reactor nuclear de Chernóbil en la actualidad. © History Channel

Para escribir Voces de Chernóbil –editado por DeBolsillo– Alexievich hizo casi quinientas entrevistas durante diez años de trabajo. El libro apenas hace referencias a la biografía de su autora, que algo tiene que decir al respecto pues perdió a su madre y cuya hermana resultó gravemente herida. Si lo llamamos así, catástrofe, fue por la gestión del gobierno soviético, por su incapacidad de resolver con garantías y con criterio un suceso de tal magnitud y por su demostrado desinterés por los ciudadanos. No nos reporta nada enumerar ahora las circunstancias que envolvieron a un suceso cuyas víctimas se cuentan por cientos de miles, pero sí podemos decir que el oscurantismo y la indecencia envolvieron todo el proceso desde el accidente hasta el enfrentamiento con sus consecuencias.

/El Arca diseñada para Chernobil
El proyecto Arca, ideado para ser llevado a cabo en 2017. BBC Pach News

Los libros de historia postsoviéticos apenas hablan del incidente de Chernóbil. Uno de los testimonios es el de un profesor de Prípiat, ciudad afectada por la explosión, incapaz de encontrar en los libros de texto las respuestas a las preguntas de sus alumnos. Todos tienen su propia forma de contar su historia, tanto profesores como libros, como entidades gubernamentales, ayuntamientos y concejalías. Cada uno trata Chernóbil como un desastre con o sin consecuencias, para algunos se quedó allí, para otros no ha terminado. Pero solo trabajos como el de Alexievich calibran y dan contorno al problema, acotando la realidad de acontecimientos que se resuelven inabarcables. Ponen marco a la foto.

/El interior de una casa de Chernobil
El interior de una casa de Chernóbil. Chernobyl National Museum, Kiev

La ingeniera Natalia Manzurova sobrevivió a la explosión huyendo del lugar sin consecuencias en su salud. En 2011 fue entrevistada cuando le preguntaron sobre el desastre japonés de Fukushima y sobre qué es lo que les diría al pueblo japonés. Su respuesta fue: “Corran lo más pronto posible, no esperen y sálvense y no confíen en lo que el gobierno les está diciendo porque los gobiernos mienten. Ellos no quieren que se sepa la verdad, porque la industria nuclear es muy poderosa.
 
El fotógrafo Viktor Latun volvió al lugar poco después; “No había nada que no fuera importante, nada intrascendente. Quería recordarlo todo con exactitud y detalle: la hora y el día en que lo había visto, el color del cielo, mis sensaciones… ¿comprende? El hombre se había ido para siempre de aquellos lugares. Y nosotros éramos los primeros seres que experimentábamos este “para siempre”. No podías dejar escapar ni el más mínimo detalle. “ .

/Interior de una escuela de Prípiat
Interior de una escuela de Prípiat.
© History Channel

Hoy, Europa está preparando un ingenio de hierro y hormigón llamado el Arca, con un presupuesto de 700 millones de euros. El actual hormigonado que protege el reactor de Chernóbil aguanta una media de quince a veinte años. El Arca aguantará cien años. Dentro de cien años, el mundo tendrá que volver a mirar a Chernóbil para buscar otro parche que poner a su herida sin cerrar. El cajón del olvido de Europa tiene un elefante blanco en su interior.

Alexievich escribe con cautela. Y transcribe. Ambas cosas se funden y parecen una misma. Se aleja del protagonismo del narrador; la historia es lo suficientemente pesada como para que la inercia le otorgue la velocidad de quien lee literatura de alta alcurnia. Ella no está mientras escribe y sin embargo ese es su mayor activo. El periodismo es una herramienta indispensable para que funcione el engranaje que pone en funcionamiento nuestra historia. Alexievich muestra la crítica al régimen soviético con hechos en voz de sus ciudadanos. No solo su libro sobre Chernóbil sirve de altavoz a esos ciudadanos cuya voz jamás sería escuchada de otra forma, el resto de su obra muestra a las mujeres de estos países así como pone en boga las similitudes de la descomposición de la URSS con la actual Afganistán.

Graffitis en Chernóbil
Graffitis aparecidos en Chernóbil en el vigesimo quinto aniversario del desastre. EFE / Sergey Dolzhenko

Desde principios de los noventa su trabajo la ha llevado a vivir en diferentes países europeos como un exilio silencioso. El premio Nobel la pone en primera fila a ella y a su necesaria obra, poniendo en entredicho la diferencia –a veces imperceptible diferencia– en nuestro mundo, en la actual Europa, de la ficción literaria, la no ficción, el periodismo como el arte de contar lo que sucede  alrededor, como lo hicieron otros premios Nobel como Herta Muller con la dictadura de Ceaucescu o Nadine Gordimer con el apartheid. La literatura se transforma en la voz de la civilización y sus consecuencias sobre sus individuos.

Al final del libro, un anuncio como epílogo. El de una oficina de Kiev que ofrece un tour guiado por las ruinas de la ciudad. Como último ápice de valía útil para quienes no pudieron más que condenarla a lo que ahora es, una ciudad fantasma.

       

Los comentarios en esta página pueden ser moderados; en tal caso no aparecerán inmediatamente al ser enviados. Las descalificaciones personales, los comentarios inapropiados, de extensión desmesurada o con demasiados errores ortográficos podrán ser eliminados. Asimismo, en caso de errores considerados tipográficos, el editor se reserva el derecho de corregirlos antes de su publicación con el fin de mejorar la comprensión de los mismos. Recordamos a los lectores que el propósito final de este medio es informar. Para recibir soporte sobre dispositivos o problemas particulares les invitamos a contactar con el correspondiente servicio de atención al cliente.