El tumultuoso siglo de Enzensberger

/Enzensberger en la APOEl propósito de Enzensberger siempre ha sido interpretar el mundo que habita, para él mismo, para su entorno pero también para su generación. Es así mismo una de las cabezas pensantes más atinada e infalibles de la intelectualidad europea y que con mayor celeridad e intención ha viajado por muchos de los conflictos mundiales con más actitud revolucionaria.

A sus ochenta y cinco años, Hans Magnus Enzensberger es un referente de ensayista de raza, personal y descarado, un poeta con una enorme producción a sus espaldas en géneros como el teatro y novela. El libro editado por Mal Paso tiene el título Tumulto y no puede más que resumir todo lo que supone la lectura de este diario personal que, como una montaña rusa, menea al lector sacudiéndole de un lado a otro del planeta, buscando la Historia con mayúsculas en su aspecto más tumultuoso.

/Enzensberger durante un congreso en 1966 en Frankfurt
Enzensberger durante un congreso en 1966 en Frankfurt. Fablar Magazine

El libro nos lleva por la antigua Leningrado y recorre en tren la Unión Soviética. Se hospeda en Moscú a costa –o bajo la sombra– de la Unión de Escritores, organización que el escritor dice “no puede uno hacerse idea hasta ahora del poder que tiene”. Su constate intermitencia le remite una y otra vez a Munich, donde toma un papel activo en la APO –Partido de Oposición Parlamentaria– durante los años sesenta a pesar de referirse a sí mismo como incapaz de asegurar su fiabilidad a ningún proyecto, algo que dice mucho sobre cómo se ve él mismo ante su responsabilidad. Quizá vale la pena detenerse en este punto para dar un paso atrás y puntualizar a dónde nos lleva esta retrospectiva.

/Koudelka, paisaje urbano, puño con reloj de pulsera
Koudelka, su mano, su hora, el día de la invasión de Praga en  1968 © Josef Koudelka / Magnum Photos

La obra entera de Enzensberger pone de manifiesto el papel de la intelectualidad en los conflictos generadores de cambios, poniendo bajo el foco –no sin intención pues nada en Enzensberger carece de ella– el papel de esa especie humana concreta llamada intelectuales y su influencia en el devenir de cualquier acontecimiento político e histórico. Edward Said señalaba a finales de los ochenta el papel concreto que el intelectual debe de tomar en la sociedad. La similitud más gráfica que nos legó el genial analista palestino era la emparentación del intelectual como un francotirador, capaz de discriminar y escoger al enemigo con el punto de mira que le otorga su posición cultural.

/Un soldado ruso agita una bandera sobre el Reichstag
Un soldado ruso agita una bandera sobre el Reichstag. Berlin GR Museum

Enzensberger opina y mete la nariz, pero casi podíamos catalogarle de mostrador, de facilitador de lentes sobre puntos calientes. Lugares, ambientes y sensaciones que están ahí. No solo acude a las regiones que van a decir algo en la Historia presente, si no que da relevancia a esas substancias intangibles de la Historia fabricadas con la memoria de todos los hombres.

Esa memoria, a veces quieta e invisible, le lleva a libros como Europa en Ruinas, editado por Capitan Swing, donde pasea a través de los textos de otros –periodistas y escritores europeos– por el legado templado pero audible de la Europa actual, arquitectónica, social y cultural, que hoy por hoy está sibilinamente aunque infaliblemente ligada a la que dio paso la Segunda Guerra Mundial.

/Durruti
Durruti y su historia ha fascinado a Enzensberger durante toda su vida. Fundación çsaber.es Biblioteca Leonesa

Gran amante de España –su fascinación por Durruti le hizo parir una novelización soberbia– y viajero habitual por el continente sudamericano, Enzensberger es de los pocos intelectuales de la antigua Alemania que pueden hablar con autoridad sobre América latina. A finales de los cincuenta acude a Cuba solo porque huele que algo está a punto de suceder. Sus deseos de inmiscuirse, rompiendo la línea entre observar y ser partícipe, le provoca frustración en la isla ante la interminable espera que acaba por hacerle escribir algunos ensayos entre los que destaca Interrogatorio en la Habana, una inteligente pieza sobre los anticastristas capturados en la Bahía de Cochinos y cómo Fidel trató de sonsacarles información por sus propios métodos.
De allí extrae un estado de ánimo que liga con la Habana y que pone en pie la realidad de ser un solo hombre contra la Historia. Una desangelada descripción de la ciudad pone la fotografía literaria de ese ánimo que acompaña al escritor durante muchos instantes de su vida; “La Habana es decadente en el peor sentido de la palabra, se resquebraja, está podrida, carcomida”. Así es Enzensberger, una mezcla inhóspita y alemana entre Hitchens, Houellebecq y Koudelka. A veces desubicado sin saber dónde está la siguiente parada, despistado ante los acontecimientos que se le echan encima, pero absolutamente enchufado a su tiempo.

/Enzensberger en la APO
Un encuentro con la APO en Munich en 1967. Ulstein Foto

Con este último coincide en la Praga post invasión. Pero no es el único personaje que pueblan sus memorias, por aquí aparecen muchos intelectuales de su época, pero también Marlene Dietrich, Errol Flynn o Hemingway. Y Neruda, con el que estaba en un barco el año que era favorito para el premio Nobel y que acabó por llevarse Miguel Ángel Asturias, lo que provocó al poeta chileno un disgusto que le costó un ataque y un desmayo. Y vivirá también el Otoño Alemán de 1977 con el protagonismo de la organización terrorista RAF, que desencadenó uno de los episodios más sangrientos de la historia reciente entre Alemania y su asimilación racial.

/Asesinatos de la RAF
El escenario de violencia propiciado por la RAF dejó un reguero de sangre a su paso. Sueddeustsche

Sin casi proponérselo, esta suerte de libro de recuerdos intercala estos sucesos con su vida personal y se vertebra poco a poco alrededor la tormentosa historia de amor con su esposa Masha, sus idas y venidas, sus lejanías y la pretensión de ambos por alejarse cuando no pueden dejar de estar juntos. No olvidemos que Enzensberger es poeta y así se considera cuando se hace hablar a sí mismo sobre sí mismo, algo que en el libro hace durante casi todas sus páginas.

Defensor ferviente de la analogía contra el mundo tecnológico “la vida y la muerte son analógicas”, Enzensberger se enfrenta a un joven Enzensberger, a su antiguo yo, más beligerante y enérgico, en una conversación que repasa la historia reciente de nuestro siglo XX. Y lo hace de una forma que merece la pena tener en cuenta, descreída, sin concesiones, alejado de la épica que a veces otorga la Historia. Más cerca de la verdad del suelo embarrado y el olor a excrementos que, como toda revolución, amenaza con saltar por los aires.

       

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