Entre Indios y Vaqueros

Allá por el siglo XIX cuando la fotografía daba sus primeros pasos, un vasto territorio se expandía bajo sus titubeantes pies, el Lejano Oeste.

Los incipientes Estados Unidos acababan de superar su Guerra de Secesión, acabando así con la última excusa que impedía a sus habitantes alcanzar hasta el más lejano rincón de la geografía norteamericana.

Aún quedaban muchos retos por cumplir y quizás el más complejo de todos fuese conectar el océano Pacífico con el Atlántico gracias a la primera línea ferroviaria transoceánica. Una aventura en la que la Union Pacific puso todos sus medios, incluidos fotógrafos como Andrew J. Russell, a efectos de que documentasen aquella hazaña.

<img class="size-full wp-image-127637" src="https://www.albedomedia.com/wp-content/uploads/2014/02/Entre_indios_y_vaqueros_01_A.jpg" alt="Tren sobre el Cañon del Diablo. Benjamin Wittick» width=»550″ height=»542″ /> Tren sobre el Cañon del Diablo. Benjamin Wittick

El éxito de aquellas primeras fotografías hizo que nueve años más tarde, en 1878, un joven fotógrafo de treinta y tres años, excombatiente de la Guerra de Secesión, recibiese el encargo de documentar las proezas que los ingenieros de la Unión Pacific estaban haciendo para sobrepasar los intrincados cañones sur de los Estados Unidos.

El fotógrafo se llamaba George Benjamin Wittick y tras abandonar Moline (Illinois), fue a parar al actual estado de Nuevo México donde parece que estableció su estudio en la ciudad de Alburquerque.

Existen varios lugares en los que pudo haber trabajado Wittick (Santa Fe, Gallup, Fort Wingate) aunque lo más probable es que sobre todo los primeros años fuesen especialmente ambulantes siguiendo el avance ferroviario.

Curiosamente por aquellos años un joven era perseguido en Nuevo México por la muerte del Sheriff Brady, un asesinato poco claro ya que el propio Brady había estado implicado en la muerte del terrateniente para el que trabajaba aquel muchacho. Engañado por el gobernador de Nuevo México, el joven forajido se había refugiado en el desierto haciendo que poco a poco la leyenda borrase su verdadero nombre de  William H. Bonney por el de Billy el niño.

Billy el niño
Billy el niño
. Ben Wittick

En algún momento que se nos escapa, hacia 1880, Billy el niño y el fotógrafo Ben Wittick se encontraron en aquel desértico territorio, tomándose así la primera y al parecer única fotografía del famoso pistolero.

Habitualmente Wittick usaba negativos sobre vidrio –muchos de ellos son tomas esteroscópicas– aunque es posible que esta instantánea de Billy el niño sea una ferrrotipo, versión barata de daguerrotipo, de menor calidad y brillo, con base de chapa, generalmente hierro («tintype»), en sustitución de la plata o baño de plata. Positivo único, directo de cámara, sin capacidad de copia múltiple como el daguerrotipo, y muy extendido por  Estados Unidos.

Sea como fuere esta imagen, no deja de ser una imagen, espejada,  invertida lateralmente, lo cual al no ser tenido en cuenta por algunos historiadores ha hecho crecer el bulo de que Billy era zurdo. Quien quizás lo sepa todo del jovenzuelo forajido sea el actual propietario de la placa fotográfica, ya que en el año 2011 la compró por la escalofriante cifra de 162 millones de euros.

No obstante la vida de Billy poco más duró después de aquella fotografía, pues el 14 de Julio de 1881 fue tiroteado por su antiguo colega de tropelías Pat Garrett. El fotógrafo Ben Wittick sin embargo vivió mucho más, tanto como para conocer a otro ilustre del Lejano Oeste, el líder apache Gerónimo.

El líder apache Gerónimo
El líder apache Gerónimo

Un inmortal irredento que quedó plasmado en las fotografías de Wittick como otros tantos indios americanos a los que inmortalizó en infinidad de fotografías de una riqueza etnológica y cultural incalculable. Eduard S. Curtis y otros fotógrafos seguirían décadas después aquella estrecha relación entre fotógrafos e indios, captando ritos, tribus, y jefes de profunda mirada.

Una imagen que podría resumir la historia de Wittick pertenece curiosamente a su sucesor intelectual Edward Curtis el cual captó en Arizona la tradicional danza de las serpientes.

Una costumbre indígena que Wittick conocía bien, pues gracias la confianza que había adquirido con los indios Hopi el fotógrafo no solo participó en sus rituales sino que uno de los líderes le vaticinó que su muerte se debería a una serpiente cascabel como aquellas con las que ellos danzaban.

En el año 1903 cuando aquella profecía estaba prácticamente olvidada, Wittick quiso demostrar que estaba tan integrado con los hopi que no le costaría atrapar y danzar con una de aquellas peligrosas serpientes.

Sin embargo sí que le costó, le costó la vida.

       

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