Filipinas, la España exótica

Allá por el siglo XIX  la infinidad de islas que forman Filipinas estaban bajo dominio español. En contra de lo que sucedía con otras colonias europeas Manila llevaba siendo española varios siglos y se entendía a nivel jurídico como otra provincia más. Este peculiar status hizo que al margen de lo que pasaba con otros enclaves asiáticos dominados por europeos en Filipinas se viviese un ambiente de mayor hibridación.

Un claro ejemplo es el desarrollo artístico en el los artistas locales y los de la metrópoli competían en igualdad de condiciones, reconociéndose su superioridad en ocasiones como la  Exposición Nacional de Bellas Artes de 1884 donde Juan Luna Novicio y  Félix Resurreción fueron premiados con la medalla de oro y plata respectivamente.

Quizás este ambiente fue lo que permitió un rápido desarrollo de la fotografía ya que pese a la lejanía de Europa, llegó tan solo un año después de que se inventase.

El genial diplomático Sinibaldo Mas Sanz (políglota, pintor, escritor experto en oriente además de fotógrafo y realizó una adaptación del idioma castellano a la métrica clásica; El sistema músical de la lengua castellana. llevó la primera cámara de daguerrotipia a Manila, ahora bien ¿Cómo pudo hacerlo si salió de Europa antes de que Daguerre inventase las primitivas fotografías?

Sinibaldo Mas Sanz (Retrato obtenido de www.historiasdelahistoria.com)
Sinibaldo Mas Sanz (Retrato obtenido de www.historiasdelahistoria.com)

Todo apunta a que en su periplo por India pudo hacerse con una de las cámaras que la empresa  Thacker & Company vendía desde enero de 1840. Esto hace que dentro del continente asiático Filipinas fuese un verdadero adelanto ya que por ejemplo en Japón no se tomaron las primeras instantáneas hasta 1848, o 1860 en China,  por no hablar del Himalaya donde tardó tres años más en llegar.

El archivo fotográfico de las Filipinas en el siglo XIX es por tanto inmenso pudiéndose contemplar ya no solo la visión de los colonizadores sino también la de los nativos, pues el estatus no era tan diferenciado como en otros países pudiéndose apreciar la visión que los propios filipinos tenían de sí mismos.

Cuando los fotógrafos son europeos quizás se aprecia más un interés antropológico como el de Francisco Van Camp que siendo holandés se deja fascinar por el mundo indígena de las islas de Mindanao o los aborígenes australoides llamados “negritos”.

En Filipinas, al contrario que en muchas otras colonias existió además todo un género de fotografía costumbrista es decir la misma fotografía aristocrática que podíamos apreciar en ciudades como Madrid o Barcelona ya que Manila no dejaba de ser una capital de extraordinaria importancia logística en la cual la que la fotografía también se veía como una forma de vida.

Este adelanto en la mentalidad hizo que en la capital filipina brotasen infinidad de estudios fotográficos con vistosos carteles publicitarios cuyos propietarios tenían diversa nacionalidad. Así en la calle de la Escolta (Manila) surgieron establecimientos como el de “Fotografía Artística”, “Estudio fotográfico Venus”, “Fotografía la Gustosa” o “La Paz” e incluso instituciones oficiales de fotografía  como el Centro  Artístico Fotográfico dirigido por E. M. Barreto.

Galería del Centro Artístico Fotográfico
Galería del Centro Artístico Fotográfico

En Filipinas los fotógrafos además de todos los quehaceres típicos de los retratistas del siglo XIX contaban con grandes ventajas gracias a la naturaleza exuberante y la riqueza etnográfica. La naturaleza permitió reportajes como los de Albert Honiss en los que las fotografías de cascadas y volcanes son un antecedente del gusto por lo exótico y salvaje cuyo apogeo llegaría en el siglo XX. En otros casos la naturaleza era fruto de catástrofes cuya huella también quedó plasmada en las instantáneas captadas por Martinez Hébert con motivo del terremoto de 1880 o el huracán de 1882. 

Cascada de Majajal 1872. Albert Honiss
Cascada de Majajal 1872. Albert Honiss

Salón presidencial tras el terremoto de 1880. Martínez Hébert
Salón presidencial tras el terremoto de 1880. Martínez Hébert

Dentro de toda la variedad artística que refleja la fotografía del siglo XIX en el archipiélago nos encontramos con una modalidad difícilmente encontrable en otras colonias europeas, y es la fotografía local, aquella hecha por los propios filipinos donde por ejemplo el protagonismo no lo tiene la capital sino las costumbres de las provincias.

En este sentido destaca  Félix Laureano autor el libro “Recuerdos de Filipinas” publicado en Barcelona en 1895, tan solo tres años antes de que se materializase la pérdida de aquel lejano territorio de las manos españolas.

Félix Laureano fotografió costumbres locales como esta pelea de gallos
Félix Laureano fotografió costumbres locales como esta pelea de gallos

Hoy las viejas instantáneas nos revelan un pasado común en el que ambas naciones vivieron un idilio que al final no pudo ser, quedando al menos el recuerdo de que no todo fueron guerras ni tiempos de explotación, sino ilusiones compartidas por aquel curioso invento que fascinó a propios y ajenos, la fotografía.

Condesa de Caspe visitando el archipiélago de Joló, cerca de Mindanao. 1892
Condesa de Caspe visitando el archipiélago de Joló, cerca de Mindanao. 1892

       

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