Fotografía mortuoria

Veinte años después de la invención de la fotografía, los estudios fotográficos estaban regentados por los más diversos personajes, desde abogados hasta masajistas pasando por sacamuelas, todos ellos habían aprendido unas nociones básicas de fotografía con las que esperaban hacer grandes negocios.

Pero la verdad fue bien distinta y en pocos años solo quedaban abiertos los estudios de antiguos artistas, que habiendo aplicado sus conocimientos del grabado, la escenografía o el diseño habían hecho verdaderamente rentable el oficio de fotógrafo.

Uno de  los casos más señalados lo encontramos en un estudio inaugurado en 1885 en el municipio murciano de Totana y más concretamente en la calle San Cristobal nº 18. Allí un excelente dibujante y mejor escultor, congenió las artes con los negocios sabiendo sacar rendimiento a la fotografía, la cual aplicó al mundo que él dominaba. El mundo funerario.

Autorretrato de Fernando Navarro. Imagen del archivo del Centro Histórico Fotográfico de la Región de Murcia ©

Fernando Navarro Ruiz tristemente olvidado hasta el siglo XXI, fue puesto en alza gracias a un magnífico libro escrito por Juan Manuel Díaz Burgos: “La imagen rescatada. 1863-1940, fotografía en la Región de Murcia”. Gracias a este libro sabemos que el trabajo de este artista fue más allá de la talla en madera o el diseño de ataúdes, ya que con un buen ojo comercial supo aunar la fotografía con el negocio familiar de los cortejos fúnebres.

Además de ataúdes Fernando pensó que podría ser buena idea ofrecer también fotografías post mortem ya que por muy macabro que hoy nos pueda parecer, en su día este tipo de imágenes cumplían una extraordinaria función práctica y esa no era otra que servir como prueba a la hora de dividir los gastos del sepelio entre aquellos herederos que no pudieron acudir al entierro, aunque lógicamente también primaba la cuestión emocional de tener un recuerdo del difunto, algo que en el siglo XXI nos llama la atención pero dos siglos atrás la relación con la muerte era otra, resultando así esta clase de fotografías de lo más lógico y normal.

Además desde el punto de vista técnico las fotografías post-mortem facilitaban mucho el trabajo al fotógrafo, ya que estos tétricos modelos rara vez se movían, algo que en las fotografías de larga exposición siempre es de agradecer.

No obstante en muchas ocasiones, con mayor o menor acierto se colocaba a los muertos en posturas de vivos, dando un aspecto más dantesco todavía de tan peculiar escena. Fernando Navarro demostró siempre un gran gusto en ese sentido ya que la mayoría de las fotografías post-mortem que realizó intentando simular que estaban vivos, fueron las de niños que aparentaban estar dormidos.

Imagen del archivo del Centro Histórico Fotográfico de la Región de Murcia ©
Imagen del archivo del Centro Histórico Fotográfico de la Región de Murcia ©

Conviene recordar que el tema infantil estaba estrechamente ligado al grave problema mundial de la elevada mortandad infantil, de hecho en latino-américa (donde también tuvieron su auge las fotografías post-mortem) los niños eran una verdadera especialidad, recurriéndose a los atrezos más recargados que uno pueda imaginar, con alas que simulaban las de un querubín, altares floridos…

Todo con tal de restarle dramatismo a una escena ya de por sí triste. No obstante cuando con los adultos se pretendía simular que aún vivían el resultado era cuanto menos inquietante ya que siempre había algún detalle que hacía sospechar que el abuelo que protagonizaba la escena ocultaba algo extraño…

Quizás en este sentido la fotografía más desestabilizadora de Fernando Navarro sea la de una anciana que tumbada en la cama gira su cabeza para clavar su mirada directamente en el  espectador dando una sensación de verdadera confusión entre la vida y la muerte.

Imagen del archivo del Centro Histórico Fotográfico de la Región de Murcia ©
Imagen del archivo del Centro Histórico Fotográfico de la Región de Murcia ©

No obstante el respetuoso trato que el fotógrafo dio a todas sus fotografías las hace equiparables a las grandes escenas plasmadas por los pintores coetáneos suyos como Muñoz Degrain o Pradilla igualmente célebres por sus escenas fúnebres.

Independientemente de las fotografías a muertos, la obra de Fernando Navarro Ruíz resulta hoy día un verdadero tesoro antropológico, pues su cámara captó los aspectos más diversos de la sociedad de su tiempo, desde fotos de la farándula ambulante hasta piadosos retratos de monjas y monjes sacados de otro tiempo.

Si la fotografía de Navarro tuvo sus inicios en la fotografía funeraria, difícilmente conoció límites una vez que dominó la técnica. Retratos grupales o individuales fueron realizados con tal pericia que hasta el rostro más desafortunado fue ensalzado (en la medida de lo posible) en la cámara de Navarro, eso si tras ganar el primer premio de feos.

Imagen del archivo del Centro Histórico Fotográfico de la Región de Murcia ©
Imagen del archivo del Centro Histórico Fotográfico de la Región de Murcia ©
       

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