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Hoy nos ocupamos de uno de los tantos genios olvidados en nuestro país. Sin embargo en este caso su figura está siendo recuperada y quizás estas líneas ayuden a difundir un poco más su monumental legado artístico.

Uno de los últimos homenajes con el que se realzó la figura de nuestro protagonista ocurrió en 2014, cuando en el festival de Photoespaña una de las sedes participantes jugó extraordinariamente bien sus cartas.
Se trataba del Museo del Romanticismo, cuya temática lógicamente limitaba mucho la exposición, sin embargo decidieron mostrar la obra de Joan Vilatobà i Fígols (1878 – 1954), uno de los mejores fotógrafos de principios del siglo XX.

Vilatobá, desnudo, fotografía erótica
Sorprende que muchas de las obras de Vilatobà tengan ya más de un siglo

Su llegada al mundo se produjo un 15 de noviembre de 1878, en un momento convulso y en un lugar no menos activo a muchísimos niveles. La localidad de Sabadell donde vino a nacer era un importante núcleo industrial y en consecuencia un foco de actividad intelectual y social.

Tanto es así, que diversas publicaciones sitúan el hogar de Vilatobà en una familia vinculada tanto a la masonería como al espiritismo. Algo que no parece desencaminado teniendo en cuenta que décadas después, el gobierno de Franco tuvo como única consideración hacia el fotógrafo encausarle por el entonces delito de masonería.
Pero aún falta mucho para aquellos años, y no tantos para un episodio trascendental en la vida de Vilatobà y la de la España de 1898.

Las guerras en Marruecos, Cuba y Filipinas generaron llamamientos a filas de tantos jóvenes como se pudiesen conseguir o mejor dicho, tantos jóvenes como los que no pudiesen pagar la cuota necesaria para librarse del frente. Este trato de favor terminó desencadenando protestas convulsas, como sucedería con la Semana Trágica, pero desde luego nuestro protagonista –con apenas 20 años– no estaba dispuesto a quedarse en su tierra a comprobar cómo se solucionarían las cosas, y así, acompañado de su hermano José y del pintor Miquel Renom (y futuro fotógrafo) se exiliaron a Europa en busca de un futuro mejor.

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El joven Joan Vilatobà posiblemente durante su estancia en Alemania a principios del siglo XX. Ara.cat

En realidad Joan también provenía del mundo de la pintura, como tantos otros fotógrafos, pero pronto cayó rendido ante los encantos de la fotografía entendiendo que ambos mundos se podían conjugar; en ese periplo europeo Vilatobà fue a parar a manos, posiblemente, de la persona mejor indicada en ese momento: el alemán Fritz Schmidt, profesor de la Karlsruhe Technische Hochschule (actual Universidad de Karlsruhe).

Este encuentro providencial ayudó a Vilatobà a conocer todos los secretos técnicos de la fotografía, pues además de desempeñar las veces de profesor, Fritz Schmidt hacía pocos años que había publicado un libro clave, Photographisches Fehlerbuch (“Errores fotográficos”).

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El parecido con la pintura hace de las obras de Vilatobà uno de los mejores ejemplos del pictoricismo en España. El niño que posa es Rafael Molins Alaix (hijo de un discípulo de Vilatobá) y que llegaría a ser tambien un excelente fotógrafo. Colección de Rafael Molins Alaix

En este determinante libro y bajo su propia experiencia, el profesor Schmidt analizaba qué se podía hacer y qué no en el mundo fotográfico desde el punto de vista técnico. Una especie de catálogo de avances tecnológicos fotográficos. Algo que, sumado al bagaje artístico que ya traía aquel extraño alumno suyo venido de Cataluña, convirtió irremediablemente a Vilatobà en un fotógrafo pictoricista.

Pocos años después en 1903, cuando nuestro protagonista regresó de Alemania, lo hizo con un estilo lo suficientemente desarrollado como para publicar en Ilustración Catalana y montarse su propio estudio.

Un año más tarde y con motivo de una exhibición organizada por el Gremio de Fabricantes de Sabadell se ganó la admiración de Alfonso XIII quien quiso adquirir algunas de las fotografías, aunque no sin antes pagar el precio que estaba establecido al público, sin ningún tipo de rebaja por parte de Vilatobà, algo que sí hacían de manera común otros fotógrafos.

Por otro lado, había una explicación en regalar unas fotos a la familia real a la espera de algún suculento reportaje, tal como pasó años atrás con Laurent, Franzen y otros fotógrafos decimonónicos. Por el contrario, Vilatobà no solo no perdió la venta de aquellas fotografías si no que el propio Alfonso XIII le encargó realizar nuevas fotografías.

Estudio de Vilatobá
Las revolucionarias técnicas (por aquel entonces) utilizadas en el estudio de Vilatobà le ponían muy por encima de la mayoría de fotógrafos comerciales de aquella época.

No era para menos, el encanto de las fotografías pictoricistas de Vilatobà contaban con elaborados escenarios y una luz milimetrada al detalle para dar la sensación del ambiente melancólico y misterioso que se desprende de algunas pinturas.

Las temáticas nos remiten a episodios donde la narración es esencial, donde los modelos actúan con elaborados gestos y donde hasta el más mínimo detalle tiene un porqué. Fotografías como En qué punto del cielo te encontraré rememoran sus vinculaciones con el espiritismo, al igual que otras reflejan una absoluta maestría en el mundo del erotismo.

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En quin punt del cel et trobaré? (En qué punto del cielo te encontraré) refleja como otras tantas fotografías su firme creencia en un más allá fruto de los conocimientos espiritistas que desde joven había adquirido Vilatobà. Galería A34

Pese a esta delicada labor donde se unen los conocimientos, la sensibilidad y la técnica (en el estudio de Vilatobà se usaba por ejemplo la goma bicromatada y el bromóleo) hubo algunos que se atrevieron a afirmar que la fotografía no era un arte. Era de esperar que a Vilatobà ese tipo de comentarios no le hiciesen ninguna gracia, respondiendo con aplastantes argumentos en un artículo titulado A los detractores de la fotografía.

En ese momento el éxito de Vilatobà era imparable, y así ganó el II Concurso de Fotografía de Ilustración Catalana, obtuvo el Diploma de Oro de la Exposición Nacional de Fotografía de 1905 y en 1919 expuso en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

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Los paisajes de Vilatobà dejan a un lado la identificación del lugar en pos del deleite artístico que genera la escena en sí. Los resultados hablan por sí solos. Museu Nacional D´Art de Catalunya

Sin embargo las contradicciones también empezaron a surgir, el triunfo conseguido en Madrid, no fue el mismo en Barcelona, y las corrientes modernistas empezaron a sepultar su peculiar estilo pictoricista. Tanto es así que en 1931 dejó a un lado la fotografía y retomó la pintura y la docencia.

Siguió vivo entre sus amistades, como Andrés Segovia con el que compartía afición con el flamenco, o Benlliure, Rusiñol o Sorolla, pero desde luego no recuperó su merecida fama, pasando en 1954 a formar parte de ese mundo tan presente en su obra, el mundo de los espíritus.

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Miguel Zorita
Licenciado en Bellas Artes y pintor de oficio, aunque actualmente vive amancebado con la historia, la literatura, y la radio. Autor de: Las Reliquias; Brea de Tajo (una historia contada entre todos) y Madrid, Cervantes y el Quijote. Es colaborador habitual en programas radiofónicos como Ser Historia, Luces en la Oscuridad y Otros Mundos.

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