John Thomson, el fotógrafo descubridor de China

No podemos iniciar este artículo sin hacer algo fundamental en un día como hoy. Ese algo tan importante es felicitar a todos los lectores por este año 4.713 que empieza hoy día 19 de febrero en la cultura china.

Por este motivo en esta ocasión nos ocupamos de John Thomson uno de los primeros fotógrafos en llegar al gigante asiático. No obstante antes de profundizar en las expediciones de este escocés a China retrotraigámonos al año 1921 cuando nuestro protagonista era un anciano venerable.

El 7 de octubre de ese año en Edimburgo (ciudad que le vio nacer) un fulminante ataque al corazón acababa con su último hilo de vida. A sus 84 años había seguido escribiendo para la  Royal Geographical Society donde se le consideraba un miembro honorifico y merecedor de todos los respetos a raíz de los cursos que impartía a los jóvenes exploradores que aún viajaban a los lugares remotos del planeta.
Y no era para menos, pues aquel octogenario era uno de los últimos hombres que pisaron por primera vez la “terra incógnita” de los mapas, sencillamente un verdadero aventurero.


	 Thomson con la población asiática.

Thomson con la población asiática.

John Thomson había nacido en una familia de comerciantes humildes donde no había demasiados recursos económicos para la extensa prole (John  era el octavo de nueve hijos), pero como contrapartida tampoco había demasiado miedo a lo desconocido.

El ingenio y arrojo de William, hermano mayor de John le hizo viajar a Singapur donde estableció una tienda de material óptico, cronómetros y todo tipo de aparatajes para la navegación, y hasta allí viajó poco después nuestro joven protagonista con apenas 25 años.

Él había estudiado filosofía natural, matemáticas y química en  la Watt Institution and School of Arts lo cual sumado a los conocimientos ópticos de la tienda de su hermano le hizo casi de manera inevitable decantarse por la fotografía, una disciplina aún en mantillas pero lo suficientemente eficaz como para trasladar a Europa los impresionantes paisajes del Lejano Oriente.


Las fotografías de John Thomson como ésta tomada en Siam son de un incalculable valor antropológico.

Los enclaves que Thomson visitó en los siguientes años darían para varios artículos como este, pero sin duda el país que verdaderamente le enamoró fue China.
Cuando Thomson llegó por primera vez al puerto de Hong Kong ya había logrado el prestigio y reconocimiento que otorgaban los títulos europeos, y por eso este segundo viaje tenía un objetivo claro: reflejar de arriba a bajo toda la sociedad China en una aventura  única que le convertirá en explorador.


Puerto de Hong Kong captado por Thomson

Las poderosas dinastías orientales aún seguían en pleno vigor, tanto como para caer fascinados por aquella extraña caja que traía el escocés. Pero Thomson no se limitó solo al retrato y la fotografía familiar, su objetivo estaba mucho más lejos, tanto como para centrarse en los niños, los oficios, la vida callejera… en definitiva todo un precedente de los fotorreportajes.


Mujer china con el atuendo tradicional aún en vigor en el siglo XIX.

Aunque John Thomson se estableció en Hong Kong, y más concretamente en el edificio Commercial Bank, su fascinación por la cultura china le hizo viajar más de 4.800 kilómetros a la búsqueda y captura de la toma exacta.
El rostro de los reflexivos ancianos, la pose de las hermosas muchachas, incluso la estampa de los más desarrapados, cautivó la curiosidad de John Thomson, recorriendo destinos que nunca antes había visitado ningún hombre blanco.


“Mandarin and Son”. Fotografía realizada en Canton, en el año 1869

Las dificultades y las penurias que se pasaban en tales viajes eran sencillamente indecibles. La falta de materiales químicos hizo que Thomson desarrollase el ingenio a fin de buscar soluciones para el revelado; del mismo modo cualquier otro inconveniente, insignificante en Europa se convertía allí en toda una epopeya. Más aún cuando los fotógrafos de aquel entonces viajaban con su estudio fotográfico a cuestas.

Acumular muchos materiales para largos recorridos tampoco era la solución, pues la acumulación excesiva de productos químicos ponía a menudo en riesgo la expedición haciendo que los riegos de una explosión por culpa del cargamento fotográfico fuesen cada vez mayores.

Cantón, Pekín, Shanghai, fueron captadas por primera vez  gracias a la cámara de John Thomson pero también inmortalizó las emblemáticas Fujian, Xiamen, Shantou y buena parte de las tierras regadas por los ríos Min y Yangtze que visitó cuando viajó a Hupeh y Sichuan.


Esta pagoda sobre el río Min es sin duda una de las fotografías más famosas de John Thomson, realizada en torno a 1871

El valor de aquellas imágenes iba más allá de lo fotográfico, pues aportaban infinidad de datos a nivel histórico, etnológico, antropológico… que enriquecen el ya de por sí contenido artístico.

Por eso mismo, a su regreso a Europa, el célebre fotógrafo ideó una manera de conservar todos esos contenidos: un libro que llevó por título «Illustrations of China and Its People». Esta obra publicada entre 1873 y 1874 es sin duda uno de los grandes tesoros de la historia de la fotografía y el resultado de un esfuerzo personal que seguramente hizo al bueno de Thomson recordar el proverbio chino que le distinguía de resto de fotógrafos que pudiéndose aventurar como él no lo hicieron: las grandes almas tienen voluntades; las débiles tan solo deseos.

       

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