La bondad según Max Ernst

Max Ernst, artista total y padre del surrealismo, realizó en 1933 una serie de collages a los que llamó “Una semana de bondad”, que invocaba los demonios del hombre de principios de siglo XX.

Los siete cuadernos que conforman “Una semaine de bonté” fueron inicialmente editados como folletines durante el verano de 1933. Cada uno, con portadas de distintos colores, representaba lo que sucedía durante cada día de una semana que tomaba su título por una iniciativa del gobierno francés para incentivar la acción social de la ciudadanía, “La semana de la bondad”.


Max Ernst, La risa del gallo 5 © ADAGP, Paris © Photo Peter Ertl.

Marx Ernst, absoluto experimentador y eclosionador del movimiento dadaísta, preparó una serie de collages con una técnica impecable, dotando al conjunto de un empaque visual que contenía multitud de estímulos y símbolos que recogían la realidad (irreal) de su época. Tomando toda clase de recortes, transforma la fotografía y el dibujo en la disciplina hermana bastarda del fotomontaje. Recortes de revistas, novelas de finales del siglo anterior y anuncios de periódicos que manipula y dramatiza.

Un año después, en un texto llamado “¿Qué es el surrealismo?» (Zurich, Kunshaus, 1934), Ernst redefiniría el concepto de artista antihéroe; “Se acabó la vieja concepción del “talento”, la glorificación y la leyenda, tan cara a los que codician la admiración”. Esta manera de llamarse a sí mismo se impregna de la idea del artista que emana del collage, al igual que en el tiempo en el que la fotografía pasaba a ampliar sus temas trataba de redefinir de nuevo el concepto del artista en artes de los siglos XIX y XX.


Max Ernst, El agua © ADAGP, Paris © Photo Peter Ertl.

Ernst trató de publicar los cuadernos “como novelas para criadas”, por entregas, a pesar de que la colección tiene elementos visuales repetidos que le dan coherencia como un todo y la dotan de unidad.

El espesor de contenidos es enormemente desconcertante, tanto en su complejidad como en su simbología; los siete cuadernos iniciales se ven vinculados (entre otras cosas, por sus títulos) por siete elementos que aparecen en toda la serie: “La boue”, “L´eau”, “Le feu”, “Le sang”, “Le noir”, “La vue” e “Inconnu” (“El barro”, “El agua”, “El fuego”, “La sangre”, “El negro”, “La vista” y “Desconocido”). Además, los siete cuadernos (como siete pecados y siete días de la semana) tenían colores diferentes en su edición original.

Los materiales originales utilizados para los collages eran tomados de periódicos, revistas, novelas o folletines de la época (o anteriores), y se utilizaban como elementos representativos de lo cotidiano, del mundo exterior y palpable.


Max Ernst Edipo 21© ADAGP, Paris © Photo Peter Ertl.

El componente absurdo, el que presenta el mundo interior, se introduce con materiales tomados de las mismas fuentes que –enmascarando a los hombres y mujeres que aparecen en las láminas– señala sin contemplaciones el foco por el que desgranar el mensaje.

Los temas pasan por el infierno y el desfase burgués, la tragedia y la miseria sociales, la brutalidad pasional y los instintos irracionales. Toda lámina de esta serie de collages muestra una historia turbadora o trasnochada, fruto de la ruptura entre los espíritus limpios anteriores a la primera guerra mundial y los deshumanizados que volvieron tras el conflicto.

El carácter cinematográfico de los collages se pone de manifiesto en la secuencia no lineal que mantiene el orden que sigue cada una de las piezas. No hay intención narrativa manifiesta pero todos los mensajes forman un potente artefacto que se arma por separado. Los cortos del cine surrealistas de la época, algunos de apenas unos segundos, contenían características similares. Los elementos y cómo se introducen establecen paralelismos fragmentarios (elementos activos y pasivos situados en el marco) con la fotografía moderna. No es sorprendente que cineastas como David Lynch hayan dejado entrever en más de una ocasión su admiración por Max Ernst.


Extracto de «Una semana de bondad», Max Ernst © Musée d’Orsay

Las figuras que aparecen en las láminas son seres humanos, a veces con cabezas de animales, flotando, gritando, con elementos de fuerte contenido simbólico alrededor, referencias bíblicas, mujeres que levitan, seres antropomorfos  un largo etcétera. Ernst dota de vida a elementos que carecen de vitalidad, resuelve las incapacidades primerizas de la realidad de la imagen manipulándola con crueldad (violando su esencia).  Sobre esto, Ernst decía; “Los elementos del collage sufren una transformación. Los pájaros se convierten en seres humanos, y los seres humanos en pájaros. Las catástrofes se vuelven ridículas. Todo resulta sorprendente, desgarrador y posible”.


Alphonse d’Ennery, Ilustración del Martirio (Original para La corte del dragón 7) 1885 Archivos Werner Spies

La corte del dragón © Isidore Ducasse Fine Arts© ADAGP, Paris © Photo Peter Ertl.

Sobre la serie, Enrst dejó clara su postura crítica y alteradora para con el mensaje (no en vano, el gallo es el animal representativo de Francia y en muchas láminas se le muestra en actitudes y formas turbias), dando muestras de ser un acicate artístico con el surrealismo como medio y herramienta.  Dijo en una ocasión; ”En todos esos trabajos latía una sensación imperiosa de movimiento a través del tiempo y del espacio. En ellos se sienten vibrar las propiedades absurdas e irracionales que se suelen atribuir a los sueños, aunque los artistas saben que éstos son el aliento inicial de la realidad”.


Collage extracto de Una semana de bondad. La corte del dragón © Isidore Ducasse Fine Arts© ADAGP, Paris © Photo Peter Ertl.

Podemos mencionar, para finalizar, las palabras de André Bretón sobre Max Ernst: “Dispuesto a acabar de una vez por todas con el misticismo, Max Ernst proyecta ante nuestros ojos la película más arrebatadora del mundo, y no pierde el don de la sonrisa al tiempo que ilumina con una claridad sin igual lo más profundo de nuestra vida interior; por eso no dudamos en ver en él al hombre que encarna esas infinitas posibilidades”.

       

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