Una parte de nuestro patrimonio, en gran medida inmaterial, son los monstruos. Seres fantásticos y a veces no tanto, que protagonizan, leyendas, mitos y tradiciones que han pervivido fundamentalmente por la tradición oral y que hoy día se encuentran en serio peligro de extinción.
Pero si algo da más lástima que la desaparición de estos monstruos es el desconocimiento a sus representaciones gráficas. Estampas de otro tiempo que encarnan a seres anclados en la España ancestral con una efigie que ya no asusta ¿o tal vez sí? Porque a decir verdad, cuando uno conoce el trasfondo de estos personajes es inevitable volver a ver sus rostros de otro modo.

Diablos de Luzón, Monstruos Guadalajara, tradiciones españolas
Guirros, botargas, diablos, zanpantzar e infinidad de subespecies de monstruos pueblan las tradiciones españolas. En la imagen los diablos de Luzón (Guadalajara) fotografiados Juana María López Rojo. Fuente www.castelloninformacion.com

Hace años, inspirado por el proyecto The Monster Egine de Dave Devries, pensé en hacer alguna recreación semejante a la obra de este artista, que para quién no lo conozca es famoso por dotar de tridimensionalidad y cierto “realismo” a los monstruos dibujados por niños. Sobra decir que el resultado de las obras es tan genial como inquietante.
La ocasión se presentó cuando oí aun familiar cercano asustar a su hijo con un monstruo del que yo casi no recordaba pero que era el mismo con el que se me amedrentaba a mí de pequeño. La currana.
Este espantajo, que hasta donde yo sé, es un monstruo autóctono del municipio madrileño de Brea de Tajo, había sido avistado por este pobre niño asustado, quien con completa seguridad  me relató cómo era ese monstruo que yo ya había olvidado.
La ternura del momento desapareció cuando la descripción empezó a cobrar forma dando como resultado un ser horriblemente inclasificable.

Currana, monstruo de Brea de Tajo (Madrid), tradición oral
Retrato robot de la currana realizado por el autor en base a lo narrado por el pequeño testigo I.D.M. en 2013

Este hecho me hizo pensar en cuantas imágenes que hoy conservamos de seres monstruosos no hayan tenido un origen parecido. Goya sin ir más lejos tiene infinidad de seres grotescos retratados en sus grabados que bien pudieran proceder de su desbordante imaginación, pero que cuando uno conoce leyendas como la del caballo blanco, y que me perdonen los vallecanos, cobra otro sentido.
Hacia 1815-1819 Goya realizó un aguafuerte titulado El Caballo Raptor, en el que un equino desbocado arrampla con una joven muchacha que según demuestra el dibujo preparatorio no parece muy disgustada.
Paralelamente los vecinos más mayores de la villa de Vallecas seguramente recuerden con cierto fastidio una leyenda que inventaron los vecinos cercanos (se dice que los del Puente de Vallecas)  a propósito del origen mítico de los villanos de Vallecas. Y es que según cuenta el mito, una muchacha dueña de un hermoso corcel blanco terminó siendo sometida por el envite del animal en los Altos del Arenal dando así un origen completamente fantasioso a los vallecanos a los que se llamó desde entonces “hijos del caballo blanco”.

Goya, monstruos, caballo blanco, vallecas
¿Se inspiraría Goya en la leyenda del caballo blanco para dibujar su famoso Caballo Raptor?

Esta leyenda sumado con la montaña que aparece en el fondo del grabado, tan semejante al Cerro Almodóvar que se contempla desde Vallecas, bien hace pensar que Goya, como en otras ocasiones, estaba aquí también documentado.
Con el Duque de Alba, nuestro monstruo patrio por excelencia, pasó algo singular pues pasó de derrotar monstruos (como se le representaba en el siglo XVI) a convertirse en uno de ellos a raíz de los panfletos políticos.
En una escultura renacentista le vemos matando a lanzadas a un monstruo tricéfalo cuyas cabezas resultarán conocidas a cualquier  historiador pues son las del Pablo IV (papa rebeldón a Felipe II), Guillermo de Orange (líder de los insurrectos flamencos) y Catalina de Medici (reina de francesa de armas tomar)

Duque de Alba, monstruo, Catalina de Medici, Guillermo de Orange, Paulo IV
Como si fuese un San Jorge, Fernando Álvarez de Toledo derrota a los enemigos de Felipe II representados en un monstruo fabuloso lleno de caras conocidas

No mucho después, tras la ejecución política de los Condes de Horn y Egmont, comenzó lo que algunos historiadores han llamado la guerra de papel, en la que los enemigos de Felipe II crearon todo un imaginario que dio pie a la Leyenda Negra donde toda exageración tiene cabida, con el aliciente que dan siempre las imágenes como refuerzo dramático, generando así lugar a una representación Duque de Alba completamente monstruosa en la que se merienda inocentes con bajo el consejo de otro monstruo de tres cabezas, que en esta ocasión porta los rostros de los cardenales de Guise, Lorena y Granvela.

Duque de Alba, monstruo, hidra, cardenal Granvela
El Duque de Alba convertido en un zampaniños por los panfletistas holandeses

Quizá se podría decir, viendo este ejemplo, que los monstruos pueden ser una forma de mirar, un prisma a través del cual filtramos la realidad, un cristal ahumado con nuestros miedos, odios y ganas de fastidiar. Una faceta del ser humano  tan atávica como actual.

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