Desde el romanticismo, incluso antes, España ha sido un país de tópicos, algunos con un poso de realidad y otros de lo más fantasioso. Uno de estos clichés ha sido el de país aislado e incomunicado con el resto del mundo. Y aunque no es del todo cierto, sí que es verdad que muchos aspectos de la sociedad y la política española anduvieron ajenos al desarrollo europeo.

La falta de industrialización y educación favorecieron ese aislamiento y pese a que los siglos XIX y XX fueron años de cambios y avances, en España se necesitaron noventa años para reducir las 1.946.990 personas iletradas de 1841 a las 209.341 que aún había en 1930.

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Balouta en las montañas de León, imagen obtenida probablemente durante la realización de la carta arqueológica de la zona en pleno siglo XX

Más aún se notaba esta diferencia en el mundo rural, donde las medidas políticas siempre fueron insuficientes, la reforma agraria y las comunicaciones que nunca terminaron de llevarse a cabo y cuestiones finalmente fallidas como las desamortizaciones monásticas hicieron que poco a poco el mundo rural español se viese verdaderamente aislado.

Un mundo que no por aislado era carente de cultura, al contrario, la hubo —incluso se puede decir que la sigue habiendo— y muy rica. De hecho ese aislamiento, dentro del drama social que supone, ha favorecido la preservación de infinidad de conocimientos ancestrales de un valor cultural incalculable.
Unos saberes que se hunden tan profundo en el pasado que nos hacen pensar en el momento en el que empezó este aislamiento, pues todo apunta a que fue muy atrás en el tiempo.

Ya en el siglo XVII el jesuita Juan Eusebio Nieremberg habla de la región de las Batuecas —al sur de Salamanca— en estos términos:

«Pues vemos que en medio de España se nos han encubierto por inmemoriales años unos valles que llamamos ahora las Batuecas, sin saber nosotros de ellos, ni los que estaban allí de nosotros, criándose en aquel espacio breve como bestias, sin religión, sin noticia de más mundo«

Indudablemente una de las principales causas del aislamiento fue la falta de infraestructuras que facilitasen la comunicación y transportes, de hecho la Ley de Ferrocarriles durante el gobierno decimonónico de Bravo Murillo podía haber facilitado las cosas, pero lamentablemente acabó siendo un escándalo de corrupción.

Así siguieron las cosas haciendo que el mundo rural español y en especial aquellas regiones más escarpadas viviesen ajenas a los avances del mundo.
Este problema social —recordemos que el aislamiento también impedía la llegada de medicamentos, alimentos y todo tipo de enseres de primera necesidad— terminó fascinando a fotógrafos y antropólogos que vieron en este drama una fascinante fuente de inspiración.

Las Hurdes, Las Mestas, Venancio Gombau
Calle principal del pueblo de Las Mestas en las Hurdes, fotografía tomada por Venancio Gombau

Quizás uno de los casos más emblemáticos sea el de la región cacereña de las Hurdes cuya popularidad creció a raíz del documental de Luis Buñuel Las Hurdes, tierra sin pan. Una grabación que no fue especialmente objetiva y que incluso indignó a algunos de los asistentes al estreno, como por ejemplo el doctor Gregorio Marañón, que conocía de primera mano la realidad de estos pueblos dado que diez años antes había viajado con el rey Alfonso XIII a esta región que por otro lado ya había sido visitada por no pocos forasteros.

El antropólogo Maurice Legendre, el geógrafo Jean Baptiste Bide, y el periodista Rafael Blanco Belmonte habían viajado a las Hurdes desde finales del siglo XIX y verdaderamente habían impulsado la solidaridad con estas tierras que es en lo que se amparaba Buñuel para realizar su documental, generando sin embargo una especie de leyenda negra que más que ayudar provocó todo lo contrario.

Con Rafael Belmonte viajó en 1911 el fotógrafo Venancio Gombau (1861-1929) quien inmortalizó la pobreza de la región para su posterior publicación en la revista Ilustración Española.

Dicha publicación sumada a lo anterior, fue lo que posiblemente favoreció que en 1922 el rey Alfonso XIII viajase a la región tomando conciencia del lamentable estado en el que se encontraban muchas regiones de su reino, pues al fin y al cabo las Hurdes no fueron una excepción.

Hurdes, Alfonso XIII, Campúa, José Demaría Vázquez,
Alfonso XIII con el fotógrafo oficial de la expedición a las Hurdes, el joven José Demaría Vázquez “Campúa”

A poco que uno revise los archivos fotográficos de otros autores del siglo XIX y XX caerá en la cuenta de que el aislamiento rural se producía también en otros lugares de España.

El ejemplo más evidente lo encontramos en el oscense Ricardo Compairé Escartín (1883-1965) quien no dudó en lanzarse al Pirineo aragonés en busca de pastores, contrabandistas y cazadores cuyas ropas y atuendos nos resultan increíbles para el cercano siglo XX.

Huesca, España aislada, Ricardo Compairé, Alto Aragón
Pastores del Alto Aragón fotografiados por Ricardo Compairé

No es por tanto de extrañar que este tipo de reportajes despertase el interés de incluso fotógrafos norteamericanos tales como William Eugene Smith (1918-1978).

Este fotógrafo nacido en Wichita realizó todo un ensayo fotográfico en la localidad cacereña de Deleitosa titulado Spanish Village y que en abril de 1951 publicó la revista Life con sonado éxito. En el se mostraba una selección de las fotografías donde supuestamente retrataba la cotidianidad de Deleitosa, pero la realidad es que enfatizó tanto la pobreza que al igual que Buñuel terminó desagradando a los vecinos por el excesivo dramatismo.

El Duelo, Deleitosa, William Eugene Smith
El duelo en Deleitosa captado por Eugene Smith

Una de las fotografías menos distantes de la realidad que se vivía en deleitosa fue El Duelo una imagen que gracias al reportaje de Life dicen que llegó a manos de un californiano el cual cayó rendido ante la belleza de la joven nieta del difunto, a la que llegó incluso escribir y mandar regalos sin que la joven extremeña le hiciese demasiado caso.

Evidentemente las comodidades y el lujo que le hubiese proporcionado aquel romance distaban mucho de la pobreza de aquel pueblecillo, pero no olvidemos algo importante, y es que en muchos de estos lugares se vivía feliz, cosa que las riquezas aun no nos han sabido garantizar.

Extremadura, España Aislada, Deleitosa
El aspecto de Deleitosa (Cáceres) no era muy distinto de la vida rural del resto de España en 1950, el mismo año en el que en Estados Unidos salió a la venta el primer ordenador comercial UNIVAC I

3 Comentarios

  1. Y en muchos otros, no. Creo que no debemos idealizar lo que no vivimos y, si me apuras, tampoco lo que vivimos. Para mí, es igual de criticable que el dramatismo que dices que usó Eugene Smith. Buen ejercicio de recuperación de imagenes este artículo. Gracias.

  2. Valiente hipocresía de alguien que no sabe lo que es pasar hambre, ni que se te mura un hijo o un familiar por no tener medicamentos. Sin hablar de vivir sometidos al cacique o a la iglesia. Eso si buena recopilación de fotos, pues son historias y culturas que merecen ser conocidas y recordadas.

    • Hola, Nicolás.
      Desde luego, los que hemos vivido lejos de situaciones históricas tan terribles no sabemos de primera mano lo que es pasar por ellas. Menos mal que tenemos la Historia y la fotografía para ayudarnos a comprender lo mejor posible a las personas que sí que las vivieron. Es una responsabilidad de todos que estas historias y culturas no se queden en el silencio del olvido.
      Gracias por tu comentario, Nicolás.

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