Las fotografías no sólo son imágenes descriptivas o reflejo de un gusto estético concreto, son mucho más. En el ámbito histórico son fuentes informativas de primer nivel manipuladas o no ofrecen infinidad de datos que complementan la crónica del pasado, y en episodios de una relevancia trascendental se convierten en imprescindibles para ahondar en busca de la verdad.

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El reportero gráfico Alfonso Sánchez yendo a declarar en un juicio.

Los magnicidios son unos de esos momentos claves. Los atentados contra altos mandatarios se ven siempre rodeados de sospechas, conjuras y elucubraciones en las que las fotografías (de haberlas) tienen mucho que contar. Por ello en esta ocasión centraremos la atención en aquellas fotografías decisivas en esos momentos clave.

Magnicidios en España ha habido unos cuantos, desde 1492 cuando Juan de Cañamares intentó matar a Fernando el Católico hasta los más recientes intentos en el siglo XX a los diferentes presidentes del gobierno.

No de todos se conservan fotografías ya que bien esta técnica aún no se había desarrollado o simplemente lo inesperado de la situación, como fue el caso del atentado de Prim en la calle del Turco (hoy Marqués de Cubas), impidió que se tomasen. Aunque en el caso de este tiroteo Madrid ya estaba plagado de fotógrafos, no los había en aquellas frías horas de la noche en esa calle escasamente iluminada.

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Periódicos de la época presentaron en portada las mejores imágenes que tuvieron

Lógicamente donde sí había fotógrafos era en los actos oficiales del estado. Los principales diarios de la época posicionaban a sus reporteros gráficos en lugares estratégicos. Como años más tarde confesaría Alfonso Sánchez Portela (uno de ellos), los fotógrafos en Madrid se habían convertido en verdaderos escaladores de farolas con tal de conseguir la mejor instantánea.

El 31 de mayo de 1906, fue uno de esos días señeros. El rey Alfonso XIII contraía matrimonio con Victoria Eugenia de Battenberg y periódicos como ABC distribuyeron a los mejores fotógrafos del momento en los mejores escenarios de la ceremonia, Francisco Goñi en la recepción de la novia, Irigoyen en la Iglesia de los Jerónimos para cubrir la ceremonia y Christian Franzen en la calle de Alcalá captando la comitiva de camino al Palacio Real. Lo que ningún fotógrafo esperaba era que en plena calle Mayor, un ramo de rosas blancas lanzado desde un balcón estallase junto a la comitiva real.

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La fotografía captada por un jovencísimo Eugenio Mesonero Romanos pasaría a la historia
El autor del atentado se identificó poco tiempo después y como suele pasar en estos casos… no salió con vida. En las cercanías de San Fernando de Henares un guardia lo localizó para acto seguido acabar suicidado

El atentado fue demoledor, infinidad de muertos y heridos conmocionaron a la ciudad y, gracias a la prensa, no tardó en llegar la noticia al resto de Europa.

En pleno alboroto informativo un muchacho de apenas 17 años se presentó en la redacción del ABC reclamando lo que el mismo periódico había propuesto fechas antes cuando desde sus páginas ofrecía una generosa recompensa para aquellos fotógrafos aficionados que obtuviesen una instantánea potente. Aquel muchacho, resultó ser Eugenio, un nieto del famoso historiador Mesonero Romanos y la imagen que presentaba era de tal calidad que se le premió con 300 pesetas.

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Las fotografías del cadáver de Mateo Morral son en buena medida una fuente de información magnífica para forenses y criminalistas

Investigadores del crimen como Francisco Pérez Abellán no sólo localizaron fotografías del cadáver de Mateo Morral, que es como se llamaba el terrorista, sino que además analizó pormenorizadamente el cuerpo inerte, llegando a la conclusión de que la versión hasta ahora oficial de que Morral se había suicidado apuntaba más bien a un asesinato.

Otra de las imágenes controvertidas es la que se tomó al también magnicida Manuel Pardinas Serrano. En este caso perpetró el crimen contra el presidente del gobierno José Canalejas, un gobernante querido y cuya muerte desconcertó tanto como elucubraciones surgieron después.

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Pardinas sujeto a la pared para identificarlo. Imágenes como estas y documentos en los que se expone que el cráneo presentaba tres orificios ha suscitado dudas sobre su supuesto suicidio.

Las fotografías del cadáver amén de despertar no pocas sospechas sobre la verdad oficial, también tuvieron gran valor en su momento al ser comparativas perfectas con los archivos policiales en los que se logró identificar a Pardinas.

A este respecto Marco Besas y José Antonio Pastor en su libro ‘De Madrid al infierno‘ recogen una anécdota excelente que resume el desbarajuste policial existente. Le comunicaron al rey Alfonso XIII que el asesino de su estimado presidente del gobierno estaba fichado, a lo que el monarca dijo “pues sí que han vigilado ustedes bien”.

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Rafael Sancho apunto de disparar a Alfonso XIII el 13 de abril de 1913, finalmente solo resultó herido uno de los caballos al recibir un disparo. Autor desconocido

Menos conocido, aunque con fotografías igualmente impactantes, resulta el atentado fallido que Rafael Sancho cometió en 1913 contra Alfonso XIII en las inmediaciones del Banco de España, a escasos metros de donde dispararon a Prim.

Como podemos ver, las imágenes de los magnicidios están ligadas irremediablemente con la historia de nuestra fotografía y del periodismo documental. Son, sin duda, una enorme fuente de conocimiento para comprender nuestras actitudes pasadas y para escrutar uno de los aspectos más delicados e impactantes de la Historia de España.

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