Tal día como hoy se cumplen 27 años de uno de los episodios más populares de la historia de nuestra España cañí, el robo del furgón blindado a manos de Dionisio Rodríguez Martín, más conocido como El Dioni.

Un episodio que en cualquier país civilizado hubiese pasado sin más repercusión que la del acto delictivo que supuso, sin embargo en España la trascendencia del robo generó canciones como Con un par de Joaquín Sabina, libros como Palabra de ladrón así como un sinfín de participaciones televisivas.

El Dioni, imagen de los ladrones
El Dioni a la salida de prisión con su no menos polémico abogado José Emilio Rodríguez Menéndez.

Por paradójico que resulte, este no es un caso aislado, es más la popularidad alcanzada por el Dioni era perfectamente previsible si uno repasa la historia delictiva de España. Desde tiempos inmemoriales ha existido el robo en España, pero no menos antiguo es la alabanza y homenaje que se les rinde a muchos de ellos.

Sin entrar en juicios morales sobre la admiración que los ladrones producen en España hay varios puntos que se repiten mecánicamente en el proceso de idealización de la delincuencia, uno de ellos quizás el más frecuente, es el de pasar de robar dinero a robar corazones.

Lo vemos en el caso del estafador Luis Candelas en cuyo honor los compositores León y Quiroga escribieron el pasodoble Debajo de la capa de Luis Candelas en el que una mujer afirma “Madrid te está buscando para prenderte y yo te busco sólo para quererte”.

Imagen de los ladrones en España
El Pernales y el Niño del Arahal a los que también se les compuso canciones y romances.

Más conocida es la canción de Paco, Paco, Paco de Encarnita Polo, donde se alude a la partida de bandoleros conocida como Los siete niños de Écija, insistiendo de nuevo en su capacidad de robar como nadie los corazones.

La baza del atractivo sentimental de los ladrones es una constante en la historia del latrocinio español, lo vemos incluso en el caso del Dioni quien en su inclasificable canción titulada Todo sobre mi furgón, afirmó “fui un ladrón y ahora lo quiero ser de corazones”.

En este modus operandi del ensalzamiento de los ladrones hay otro punto clave que en el caso pragmático del Dioni se vuelve a repetir, y esto es situar al ladrón en una situación inicial de injusticia en la que el robo se convierte en una especie de desagravio en el que se imparte justicia a falta de unas leyes justas.

El ladrón que roba a los ricos para dárselo a los pobres, o que es encarcelado por conspiraciones que usan el robo como excusa, forman parte de la idealización (por no decir heroización) del ladrón.

En este sentido uno de los casos más sonados es el de Enrique Olivares García cuyo robo es realmente singular, pues su objetivo no era el enriquecimiento propio sino la ruina del gobierno de España. Quizás por su nombre sea difícil recordarlo pero hablamos del falso cura que irrumpió en casa del extesorero del PP, Luis Bárcenas en busca de unos documentos que se supone pondrían en jaque al gobierno de Rajoy.

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Luis Bárcenas a la puerta de su casa por donde entraría el falso cura en busca de los documentos que se supone derrocarían el gobierno de España.

Otra vertiente del hurto mucho más mundana y apegada a la codicia personal, la encontramos en la política, algo que no es en absoluto nuevo pues el robo valiéndose de un puesto en el gobiernos ha sido una lamentable constante desde antes de que España fuera España.

En 1490, los regidores de Madrid fueron amonestados por los Reyes Católicos por no asistir a las sesiones de gobierno pero sí cobrar el sueldo que como políticos se les había otorgado, una generación después Guillermo de Croy fue acusado de nuevo como corrupto por haberse aprovechado de su cercanía a Carlos V para lograr cargos en el gobierno.

Así podríamos seguir con Pedro Franqueza, el Duque de Lerma e infinidad de personajes codiciosos de lo ajeno en los sucesivos gobiernos de España, cuya idealización ha sido algo más compleja que la del ladrón de extracción humilde, ya que este tipo de ladrón no se encuentra en una situación de inferioridad ante la justicia, pues en muchas ocasiones gracias al tráfico de influencias ellos mismos son también la justicia.

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El latrocinio instalado en el gobierno fue satirizado pero también justificado bajo delirantes idealizaciones a lo largo de toda la historia de España

Por lo tanto, la imagen benévola de este segundo tipo de mangantes se basa en uno de los argumentos más burdos de la historia de España y posiblemente de la humanidad. El famoso “tu harías lo mismo”.

Esta presunción de culpabilidad en la sociedad sirve de justificación a esta modalidad de ladrones explicando que sus actos delictivos se han llevado a cabo de una manera involuntaria en el que una fuerza sobrehumana les obligó a hacerlo sin que nada pudiera evitarlo.

Imagen de los ladrones en España
Teniendo en cuenta que María Cristina de Borbón y Dos Sicilias fue expulsada de España por la infinidad de tramas corruptas durante su regencia, el lema de su estatua “España reconocida” invita como poco a la reflexión. Retrato de Mayer y Pierson.

Este disparatado argumento –pensemos la barbaridad que supondría si en vez de un ladrón lo dijese otro tipo de delincuentes tales como un violador– ha calado en un sector de la sociedad que se identifica y apoya a ladrones en redes sociales o incluso acudiendo a las puertas mismas de los juzgados y prisiones como muestra de un apoyo incondicional.

Una actitud que induce a pensar en que quizá haya un grupo de nuestra población deseoso de ser robado, agradecido de perder lo que por ley es suyo, y feliz porque sus ladrones alcancen la gloria. Un fenómeno en el que puede que una de las cuestiones fundamentales sea la imagen que se tiene de los ladrones.

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