Hoy cumple doscientos años y sin ella, ni este artículo, ni esta revista digital, ni muchísimas cosas que hoy conocemos hubiesen sido posibles; tan enorme es la deuda que tenemos con nuestra protagonista de hoy que no podemos por menos que homenajear a la ilustre Ada Lovelace.

Para muchos estudiosos de la genialidad este sería un caso estupendo ya que si buscásemos el ingenio de Ada Lovelace en los genes de sus padres nos daríamos cuenta  de que la combinación fue explosiva. Por un lado nos encontramos a su madre, Ana Isabel Milbanke (1792-1860) una mujer brillante en lo intelectual aunque muy influenciada por la religiosidad británica del momento, opuesta diametralmente a lo que era su esposo, el romántico, amoral y aventurero George Gordon Byron (1788-1824) o lo que es lo mismo, el mítico Lord Byron.
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Lord Byron, uno de los hombres más idealizados del siglo XIX
En el fondo Ana Isabel también tenía algo de romántica pues al fin y al cabo había que ser muy idealista para lograr los objetivos que ella pretendía con Lord Byron, pues a sabiendas de lo tarambana que era el poeta, pensó que si se casaba con él lograría encauzarlo y hacer de él un marido ejemplar.

Retrato siglo XVIII, Ana Isabel Milbanke
Ana Isabel Milbanke o Anabella

De este modo Anabella  y Lord Byron se terminaron casándose en Seaham Hall el 2 de enero de 1815. Byron admiraba la inteligencia y la inclinación por las matemáticas  de su joven esposa  a la que cariñosamente la llamaba la princesa de los paralelogramos pero pronto fallaron las previsiones que la esposa hizo para reconducir  a Lord Byron siguiendo éste por el camino de los escándalos y las aventuras hasta que terminó muriendo en Grecia nueve años después de la boda.
Ella se divorció de él llevándose la custodia de la hija de ambos, la pequeña Ada Augusta, aunque también guardó cierto sentimiento hacia Byron pues dentro de los disgustos que éste le ocasionó buscó siempre una justificación basándose en la locura. La hidrocefalia o cualquier otra razón que justificase lo involuntario de sus devaneos sirvió de excusa la pobre Ana Isabel Milbanke que terminó creyéndoselo de tal modo que temió que su hija heredase aquella dolencia.

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Miniatura en la que se representa a la pequeña Ada a la edad de 4 años

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Sin embargo lo que Ada había sacado  era la inteligencia de su madre, una desbordante pericia con las matemáticas que se vio fortalecida por la obsesión de su madre, quien pensando que a la primera de cambio su hija podía volverse poeta o viajera decidió instruirla en las ciencias lógicas y todo aquello que se alejase del romanticismo.
Ada que había nacido en 1815 nunca llegó a conocer a su padre, se rumoreaba incluso que se le ocultó el retrato para que ni siquiera pudiese hacerse una idea de cómo era. Al final por esos golpes irónicos del destino el aislamiento al que se sometió a la niña terminó  materializando en la escena más dolorosa para una madre, ver a su pequeña enferma postrada en la cama por el plazo de un año. Fue entonces cuando Ada se volcó de lleno por el mundo de las matemáticas, trabó amistad por entonces con el ingeniero Charles Babbage quien alentó el gusto de la joven por la tecnología y las ciencias.

En aquella difícil situación de la parálisis Ada que escribió todo un tratado sobre aeronáutica titulado “Flyology” ganándose así el sobrenombre de princesa de las hadas por parte de su admirado Charles Babbage.
Babbage se encontraba trabajando entonces en la máquina analítica, un aparato que precedió en mucho a nuestros actuales ordenadores, pero aún había un aspecto inconcluso en aquel pionero invento. La programación.

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Posible fotografía de Ada Lovelace, aunque no hay certeza

Por entonces Ada ya tenía 19 años, edad más que suficiente entonces para casarse como así lo hizo con el noble William King-Noel quien convirtió a Ada en condesa de Lovelace colaborando además a la hora de obtener libros de bibliotecas en las que las mujeres tenían vetado el acceso.

Ada por su parte siguió colaborando con Babbage a quien llegó a superar gracias a sus análisis matemáticos y el descubrimiento del primer algoritmo procesado por la máquina que desarrolló Babbage, avances que se terminaron materializando en las tarjetas perforadas que convirtieron a Ada Lovelace en la primera programadora informática de la historia.

Desafortunadamente el trabajo de Ada no llegó a ser reconocido públicamente en aquel entonces firmando siempre sus trabajos solamente con las siglas A.A.L. (Ada Augusta Lovelace), curiosamente décadas más tarde su nombre ADA fue utilizado para bautizar a un lenguaje informático. En cualquier caso, hoy sabemos que llegó mucho más allá que los científicos de su época, creando un concepto tan sugerente como la Ciencia Poética.

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Ada Lovelace, hasta el momento la única fotografía que conocemos de ella Resulta singular cómo en la fotografía solo se exista certeza de una fotografía de Ada Lovelace. Sabemos que la realizó Antoine Claudet, uno de los primeros discípulos británicos de Louis Daguerre cuyo éxito en el Reino Unido fue arrollador, llegando a hacer más de mil daguerrotipos en un año.

Dentro de esta idea de ciencia tenían cabida la metafísica, la frenología o el mesmerismo que hoy resultan totalmente heterodoxas pero que en aquel entonces apuntaban de lleno hacia el mayor objetivo de Ada Lovelace, explorar «los mundos invisibles que nos rodean».

Su trabajo metódico nos ayuda a fechar las fotografías por las técnicas que usó y en el caso de Ada sabemos por ejemplo que el tapiz que empleaba fondo es el mismo utilizado en fotografías de principios de 1840. Las idílicas ilustraciones que representan a la programadora sonriente y feliz contrastan con el gesto melancólico y delicado con el que la captó Claudet.

 

       

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