Al margen de ideologías o posturas políticas, no pocos historiadores insisten en destacar los peores aspectos de nuestro pasado. La negatividad, el tremendismo y otras perspectivas parecidas terminan por eclipsar episodios heroicos, ejemplares, loables y completamente luminosos como es este que hoy nos ocupa.
Un episodio en el que las imágenes tuvieron un valor fundamental y que a la larga terminaron generando unas de las más hermosas estampas de la historia de España. Hablamos, como no podía ser de otra manera, de las misiones pedagógicas.
Desde hacía siglos se sabía que el progreso de cualquier país pasaba por el fomento de la cultura, ahora bien, una cosa es saberlo y otra aplicarlo pues el sistema educativo español seguía siendo a finales del siglo XIX bastante deficiente.

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Hacer llegar la cultura a todos los estamentos sociales fue el gran reto de las misiones pedagógicas

Con una población mayoritariamente rural y con unos índices de analfabetismo alarmantes, grupos anarquistas, socialistas o simplemente colectivos con cierto entusiasmo intelectual generaron un ambiente cultural imparable en las primeras décadas del siglo XX.
Organismos como las universidades populares o la Institución Libre de Enseñanza comenzaban a dar sus frutos con figuras tan notables como Manuel Bartolomé Cossío discípulo predilecto de Francisco Giner de los Ríos y gran iniciador de las futuras misiones pedagógicas.

Manuel Bartolomé Cossío una eminencia en la enseñanza española y padre intelectual de las Misiones Pedagógicas. Fotografía de José Padró
Manuel Bartolomé Cossío una eminencia en la enseñanza española y padre intelectual de las Misiones Pedagógicas. Fotografía de José Padró

Sin embargo este entusiasmo se dio de bruces con los sucesivos gobiernos del reinado de Alfonso XIII. Diferentes intereses y la nula predisposición política de invertir en educación impidieron ver la luz el proyecto de las misiones pedagógicas cuyo interés esencial era llevar la cultura a los lugares más marginados de España.

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Clases de dibujo al aire libre durante una de las misiones pedagógicas de 1932. Archivo de la Residencia de Estudiantes. Madrid

Hizo falta un gran cambio de gobierno y ese llegó en 1931 con la proclamación de la segunda república, un momento histórico que dio pie a este tipo de proyectos segundados por grandes figuras del momento como Antonio Machado, Luis Cernuda, María Zambrano o Pedro Salinas.
Para cuando pudo iniciarse el proyecto Cossío ya tenía 74 años pero su idea había calado hondo en jóvenes misioneros y misioneras a cuya cabeza estaba el dramaturgo Alejandro Casona quien hizo realidad el discurso entusiasta que Cossío entonó en 1931:

“Somos una escuela ambulante que quiere ir de pueblo en pueblo. Pero una escuela donde no hay libros de matrícula, donde no hay que aprender con lágrimas, donde no se pondrá a nadie de rodillas como en otro tiempo. Porque el gobierno de la República que nos envía, nos ha dicho que vengamos, ante todo, a las aldeas, a las más pobres, a las más escondidas y abandonadas, y que vengamos a enseñaros algo, algo que no sabéis por estar siempre tan solos y tan lejos de donde otros lo aprenden, y porque nadie hasta ahora ha venido a enseñároslo; pero que vengamos también, y lo primero, a divertiros”

De este modo, unos 7.000 pueblos y aldeas disfrutaron de 5.522 bibliotecas, de las 286 actuaciones del Teatro y Coro, así como de los mágicos sonidos del gramófono, representaciones de títeres del Retablo de Fantoches y las Exposiciones Circulantes de Pintura con reproducciones del Museo del Pueblo, sin olvidar las proyecciones de cine entre las que triunfó Charlot.
Las fotografías de aquellos momentos se han convertido en verdaderos monumentos de nuestra historia, captando los rostros de toda una población expectante ante el maravilloso mundo de la cultura.

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Muchos de los niños veían por primera vez el cine y gracias a el descubrían los vehículos, las ciudades, el mar… en definitiva el mundo que había más allá de su pequeño entorno rural

La desconexión entre un mundo y otro era tan grande que a la población rural le costó creer que las réplicas del Prado, pintadas por Ramón Gaya y su equipo, las pudiesen haber manos humanas, pero del mismo modo a los misioneros les resultó inverosímil creer que verdaderamente algunos maestros pudieran haber estado dando clase en tan miserables circunstancias.

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Las reproducciones del museo del Prado, la Academia de San Fernando y el Museo Cerralbo abducían por completo a sus espectadores muchos de los cuales ni siquiera sabían de la existencia de estas obras universales

En algunos pueblos la escuela en nada se diferenciaba de una cuadra y en poblaciones como Sanabria (Zamora) el profesor dormía en la misma estancia donde daba clase.
Las misiones pedagógicas llevaron cultura, diversión, asombro, pero también llevaron salud portando sal yodada y medicamentos de primera necesidad, así como maíz híbrido y otras semillas con la que mejorar la situación agraria de zonas fuertemente deprimidas.
El recibimiento y la huella que empezaron a dejar estas misiones pedagógicas generó no solo simpatías, también despertó recelos entre quienes pensaron que la cultura siempre ha de estar al servicio de un interés político.
En el fondo también se despertó un miedo que no se había tenido hasta entonces y es la facilidad que estaba adquiriendo el campesinado para salir de la ignorancia, la antesala del pensamiento crítico se estaba instalando en los pueblos de España.

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Ante los sucesivos recortes que desde el gobierno se hizo a las misiones Américo Castro denunció en su artículo, Dinamiteros culturales que: “Por lo visto, llevar a campos y aldeas cultura, arte e ideas españolas es un pecado mortal”

Al final grupos conservadores y en última instancia la Guerra Civil terminaron desbaratando las misiones pedagógicas, pero algo pervivió de todo aquello.

El entusiasmo que reflejaban esas fotografías caló entre aquellos niños y jóvenes, el reconocimiento que los misioneros no esperaban encontrar se convirtió en admiración y con ello sembraron España de vocaciones e ilusiones tan imperecederas como aquellas fotografías.

2 Comentarios

  1. Detrás de gran parte de las imágenes que se tienen de la obra de las Misiones estaba la figura de José Val del Omar. Una personalidad impresionante y sugerente para cualquiera persona interesada en el mundo de la imagen. Se puede saber de él: https://www.valdelomar.com/inicio.php. Saludos.
    Sebastián Martín Ruano

    • Muchísimas gracias Sebastián cualquier información con la que completar esta maravillosa historia siempre se agradece, más aún cuando se trata del loable trabajo de José Val del Omar, un excelente cineasta.

      Un saludo y muchas gracias.

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