DslrMagazine, Luis Ángel París, Manicomio, Raymon Depardon, psiquiátricosLa visita en 1977 de Raymon Depardon a algunas instituciones psiquiátricas de diversas ciudades de Italia dejaron un resultado fotográfico impresionante y dolorosamente real.

Han sido incómodas las sensaciones que han dejado la publicación de las fotografías que Raymon Depardon realizó durante su periplo por las ciudades de Trieste, Venecia, Nápoles, Arezzo y Turín en 1977. Su fotografías, editadas recientemente por la editorial Steidl con el título de Manicomio, le recuerdan a una sociedad moderna lo que hasta hace apenas treinta años hacía con sus enfermos mentales.

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© Raymond Depardon/Magnum Photos

Ya dedicaría el director un documental a la institución psiquiátrica San Clemente (San Clemente 1982) de la cual extraería gran parte del trabajo fotográfico que ha salido a la luz recientemente. El manicomio cerró sus puertas en 1978 junto con otros tantos sanatorios mentales al entrar en vigor la ley 180. Esta ley contemplaba la transformación de estos recintos tratando de anular el aislamiento y la sordidez de la que hacían gala hasta entonces.

La estigmatización de los enfermos de esta índole fue especialmente dañina en regiones y ciudades cuyas administraciones no prepararon los cierres paulatinos de las instituciones; fueron hacinando poco a poco a los enfermos en los centros que aún se mantenían abiertos, hasta encontrar una salida socialmente aceptable para todos. En este momento es cuando interviene la cámara de Depardon.

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© Raymond Depardon/Magnum Photos

Cultivado en la mítica agencia Gamma, el ahora laureado director de documentales y ganador del Pulitzer en aquél año, quedó impresionado por el estado de estas instituciones. Depardon llevaba un tiempo explorando el reportaje documental y aprendiendo a fijar en sus trabajos un punto de vista cuyo tratamiento objetivo le acercaba más a la muestra descarnada que a una interpretación concreta de lo fotografiado.

El resultado es un acabado limpio, excelso, una serie descarnada que retrata la enfermedad mental con la ausencia de delicadeza que el contexto histórico concedía. La dedicación de Depardon en este trabajo le supuso una implicación intensa y traumática.

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© Raymond Depardon/Magnum Photos

Algunas fotografías, como la del paciente confinado en una jaula demasiado pequeña, representarían figuras recurrentes en sus obras posteriores. De ella dice que se encontró de cara con aquél enfermo y ante el pavor de verle allí encerrado, la enfermera le alertó de que era un paciente peligroso incluso para sí mismo.

El mensaje que trasmite el trabajo de Manicomio es precisamente ese, la indecencia en la incapacidad de gestionar un colectivo peligroso para sí mismo, en un país que no era el único que lo hacía, en una época especialmente miserable y necesitada.

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© Raymond Depardon/Magnum Photos

El dolor de las caras de los protagonistas de las fotografías es la imposibilidad de vivir, la anulación del carácter que permite al enfermo enfrentarse a cualquier cosa que no sea su propio aislamiento. La ausencia de vida o el grosero exceso de la misma, sin término medio, sin un punto cabal en el que aferrarse, es lo que Depardon arroja a la cara e incomoda a quien lo conoce.

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© Raymond Depardon/Magnum Photos

Las fotos hablan por sí solas. Casi puede escucharse el goteo de cañerías o los sonidos guturales de algún paciente, puede notarse el frío adoquín bajo los pies o notarse el olor a ropa sudada de los enfermos.

La suciedad de los claroscuros pertenece al lado más vil e incapaz del ser humano, el que no fue coherente cuando debía cuidar de sus más débiles, ni fue capaz de enfrentarse a la idea de que el aislamiento conduce al aislamiento, que la muerte social es la muerte total y que la ausencia de cualquier opción es la única de las opciones.

 Raymond Depardon/Magnum Photos
© Raymond Depardon/Magnum Photos

Merece la pena valorar histórica y socialmente este tipo de documentos y relativizar las carencias y las virtudes de aquellas sociedades que, en determinadas épocas de su historia, no supieron qué hacer consigo mismas. No hay que irse demasiado lejos ni retroceder demasiados años para verlo.

       

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