Nadar, el fotógrafo aeronauta

La historia de la fotografía cuenta con un aliciente muy especial y es que como si de un imán se tratase, atrae hacia sí a multitud de personajes de lo más singular. Artistas disparatados, médicos curiosos, inventores excéntricos… todos ellos sucumbieron ante la magia de las primeras fotografías. Y sin embargo dentro de ese amasijo de genialidad hay una figura que es inevitable destacar. El polifacético Gaspard-Félix Tournachon, más conocido como Nadar.

Médico descarriado, columnista teatral, ilustrador y caricaturista, se convirtió en uno de los fotógrafos más famosos del París del siglo XIX. Gracias a su talento por su estudio pasaron las celebridades más famosas del momento: desde escritores como Alejandro Dumas, hasta pintores como Manet,  sin olvidar a músicos como Franz Listz o exploradores como Ernest Shackleton. Pero no nos ocuparemos en esta ocasión ni de estos amigos suyos (presumía de tener más de 5.000) ni de aquel magnífico estudio situado en el Boulevard des Capucines. Nos centraremos en un aspecto, si cabe aún más singular, su faceta como aeronauta.

La arrebatadora personalidad de Nadar y sus infinitas inquietudes le convirtieron en el prototipo de hombre renacentista, es por tanto de imaginar, que movido por ese entusiasmo, acabase cautivado por los encantos de la fotografía. Un arte de la que pronto se hizo maestro y de tal calibre, que hoy día uno de los premios de fotografía más prestigiosos lleva su nombre.

Las novedades tecnológicas fascinaban a Nadar y de tal manera que su estudio fotográfico se convirtió en sede en la que tratar los nuevos avances de la ciencia, allí entre cámaras y placas se fundó “La Sociedad  para el fomento de la locomoción aérea por medio de máquinas más pesadas que el aire”. Un club donde que se debatían logros que alcanzaban globos aerostáticos y otras tantas cuestiones aeronáuticas que Nadar moderaba como presidente ayudado eso sí, por un joven secretario aún no muy conocido en las tertulias parisinas.

Julio Verne hacia 1856, su rostro pasaría a la historia gracias a una fotografía que Nadar le haría años más tarde

Se trataba de un escritor treintañero nacido en Nantes, cuyas aspiraciones en el mundo del teatro habían caído en saco roto. Se desesperaba en aquellos años por encontrar un editor que quisiese publicar sus libros de aventuras. Aquel deslucido autor no era otro sino el joven Julio Verne. Posiblemente gracias a la mediación de Nadar, Verne conoció al editor  Pierre-Jules Hetzel quien advirtió rápidamente el talento del muchacho, proponiéndole como lanzamiento estrella una novela que aún estaba en borrador sobre un exótico viaje a África.

Mientras tanto, y desde hacía un par de años, Nadar había decidido unir la fotografía con la aeronáutica, y en 1858 se lanzó a fotografiar desde un globo los tejados del municipio de Petit Becetre, cuyo resultado hoy no podemos disfrutar ya que todo apunta a que desaparecieron, aunque sin embargo si podemos decir (hasta que se demuestre lo contrario) que aquellas instantáneas fueron las primeras fotografías aéreas de la historia.

Pero no acaba aquí la historia, Nadar quiso ir un poco más allá y decidió construir el espectacular globo aerostático bautizado como Le Geant (El gigante) cuya cesta era en realidad una especie de góndola de mimbre, en la que había espacio para cuatro camas, baño, camarote de equipaje, un estudio fotográfico, un balcón e incluso un taller de litografía, en el que se pretendía imprimir una crónica del viaja para lanzarla por las ciudades que fuesen sobrevolando.

La cabina de Le Geant causó verdadera sensación en la prensa de la época

Aquel invento que cuesta creer, fue afortunadamente captado por las cámaras, así como algunos de sus viajes internacionales, donde como en el caso de Bélgica la multitud le recibió con tal pasión que se tuvieron que colocar las típicas vallas para contener multitudes y que curiosamente hoy día siguen siendo conocidas allí como “barrieres nadar”.

Y es que el aterrizaje de semejante aparato bien podía causar una desgracia tanto para los espectadores como para los que pilotaban dicho globo, tal y como pasó en 1863 cuando el trastazo que sufrió el Gigante en Hannover supuso roturas incluso de huesos.

Tiempo después vendría el empleo de la fotografía aérea, como ventaja militar con la que los franceses pudieron localizar las posiciones de las tropas prusianas que cercaban Paris. De este modo y por si faltasen adjetivos con los que denominar a Nadar, logró el título de comandante.

Lógicamente la espectacularidad de algunas de aquellas proezas no pasó desapercibida para el joven Julio Verne quien en 1863 decidió titular a su primera novela como “Cinco semanas en globo”. Un éxito arrollador al que dos años más tarde seguiría la no menos interesante “De la Tierra a la Luna” una obra en la que el protagonista del viaje es un francés llamado Michel Ardan, cuyas letras descolocadas forman la palabra “Nadar”. Detalle al que se le suma el parecido fonético de Ardan y el término “ardeant” lo cual bien pudiera referirse al espíritu “ardiente” de Nadar y que a la vez sirvió de guiño para que el ilustrador Henri Montaut dotase al personaje de Michel Ardan de una despeinada melena pelirroja, sospechosamente parecida a la de Nadar.

Como igual de sospechoso era el parecido entre el globo de “Cinco semanas en Globo” y Le Geant. Indicios que hacen pensar en que Nadar, no solo fue un fotógrafo genial y un excelente aeronauta, si no que además fue en cierto modo el protagonista del viaje de la Tierra a la Luna.

Comparación entre la ilustración realizada por Henry M. y el autorretrato de Nadar recordando sus viajes en globo

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