El pasado mes de agosto saltaba a los medios la noticia de una nueva adquisición por parte de la Biblioteca Nacional de España. Se trata de quince libros —algunos de ellos primeras ediciones—, otras tantas cartas y 1.300 greguerías. El creador de aquel tesoro literario era sin duda el célebre Ramón Gómez de la Serna.

Hoy nos ocupamos del famoso escritor y su vinculación directa con el mundo de las imágenes, metáforas entre lo visual y lo poético se mezclan en su obra cumbre; Las Greguerías. Pero no adelantemos acontecimientos y pasemos ahondar en cómo se forja un genio.

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El irrepetible Ramón Gómez de la Serna en su despacho, de donde proviene buena parte los documentos adquiridos por la biblioteca nacional

Nacido en una familia acomodada en el Madrid de finales del siglo XIX, el pequeño Ramón vivió siempre vinculado al mundo de las letras y al agitado ambiente social de la época. No en vano, su padre, el político Javier Gómez de la Serna y Laguna (1880-1922), destinado al ministerio de ultramar, cambió radicalmente de trabajo con el episodio que marcaría a toda una generación literaria, la pérdida de Cuba y Filipinas.

Una corriente, la de la literatura, que también tuvo su eco en la familia, pues Ramón era hijo de Josefa Puig Coronado (sobrina de Carolina Coronado) haciendo entendible por tanto que en la generación de nuestro protagonista surgiesen al menos tres miembros de la familia dedicados a las letras: Ramón, su hermano Julio (1895-1983) que fue un excelente traductor y un tío de ambos Andrés García de Barga (1887- 1975) más conocido como Corpus Barga.

Pese a ello, el cabeza de familia siempre deseó un puesto en la administración para su hijo. Sin embargo, en el año 1903 decidió premiar a su hijo con un viaje a París que determinaría para siempre la vocación del muchacho. Enamorado de la ciudad regresaría en al menos dos ocasiones empapándose de todas las corrientes culturales que surgieron en la capital del Sena, muchas de las cuales, pongamos por caso el dadaísmo, abogaban ya no solo por un estilo creativo si no por una forma de vida.

Algo que Ramón llevo a cabo de manera magistral, y el ejemplo más claro es su imagen, una siempre elegante pose que se evidenció incluso cuando hizo de rey mago en una cabalgata en la que se negó a renunciar a su emblemática pipa de fumar.

Fotógrafos como Alfonso registraron con su cámara aquella genuina estampa e incluso se llevaron a cabo montajes muy elaborados de distintas poses del escritor. Con esas fotografías potencia su imagen más si cabe con elaboradas conferencias en las que, por ejemplo, se come una vela —que en realidad estaba hecha en una confitería—. E incluso se adelantó tres décadas a lo que en el mundo del arte actual se llama “happening”, suscitando tal provocación e interactuación con el público que durante el Concurso de Cante Jondo de Granada fue amenazado por uno de los espectadores, quien a punta de pistola afirmó “¿Qué?… ¿le mato ya?”.

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La conferencia en 1923 en el Gran Circo Americano de Madrid subido a un trapecio, no fue la única que hizo de este tipo en el circo, en 1928 ofreció otra en el Cirque d´Hiver de París a lomos de un elefante. ¿No son esto ‘happenings’… treinta años antes de su invento oficial?

Pese a todas estas disparatadas escenas, la imagen de Ramón escondía un hombre sensato, capaz incluso de pronosticar cuestiones tan avanzadas como los riesgos que supondría en un futuro la creación de la bomba atómica y la energía nuclear, tal como profetiza en su libro El dueño del átomo publicado en 1928.

La creación la tertulia en el café Pombo fue otro de sus logros y en el que indudablemente la importancia de la imagen también tuvo su peso. Recordemos una de aquellas reuniones literarias fue plasmada por Gutiérrez Solana en 1920, siendo un hito en la historia del arte española.

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Una de las imágenes icónicas de los años veinte, el Café Pombo presidido por Gómez de la Serna a través de los pinceles de José Gutiérrez Solana.

Fue allí precisamente, en este humilde café de la calle Carretas cuando, llegados los años treinta, la rimbombante imagen de Gómez de la Serna dejó nuevamente a entrever la prudente personalidad del escritor. El posicionamiento cada vez más enfrentado de los miembros de la tertulia hizo que la clausurase y llegado el momento evitar cualquier posicionamiento político.

De todos modos, siendo miembro fundador de la Alianza de Intelectuales Antifascistas estaba claro que Gómez de la Serna no se iba identificar con el bando vencedor, por ello determinó vivir en el exilio en tierras de su mujer, la argentina Luisa Sofovich.

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El estampario junto con la biblioteca fueron dos elementos claves en patrimonio de Gómez de la Serna.

Una vez asentado en Buenos Aires reconstruye uno de los elementos claves de su figura literaria, el famoso estampario. Una desbordante colección de imágenes de todo tipo que abarrotaban su despacho sirviendo no solo como decoración sino en buena medida como fuente de inspiración.

Estampas que le nutrirán de ideas para sus famosas greguerías, las cuales dada su gran carga visual inspiraron al no menos genial Chema Madoz, quien en 2009 publicó la traducción a imagen de las —por entonces—inéditas greguerías de Ramón Gómez de la Serna. Es inevitable por tanto especular si esta nueva adquisición de las 1.300 metáforas del escritor no serán, en un futuro muy cercano, una nueva hornada de las estupendas fotografías de Madoz.

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Las fotografías de Madoz son una de las más dignas herederas de las greguerías de Ramón Gómez de la Serna. Editorial La Fábrica.

 

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