el equipo alemánEl equipo de remo estadounidense, formado por muchachos provenientes de los ambientes más obreros de Seattle, ganó la medalla de oro en las olimpiadas de Berlín de 1936 ante las mismísimas narices del Führer.

Los ocho de Seattle habían crecido en entornos industriales. Sus padres trabajaban en la empresas madereras y en los astilleros y otros trataban de sacar su familia adelante como jornaleros. A veces, los chicos ayudaban a sus padres tratando de sacar un dinero extra cuando no estaban estudiando. Puede que ninguno de ellos hubiese soñado por un momento con lo que sucedió aquél agosto de 1936, en el que el mundo entero fijó su mirada en el acontecimiento deportivo más importante del mundo.

Remando como un solo hombre
El equipo de regata estadounidense

Estamos en los primeros años de la resaca post crack del 29. Los bancos que han quebrado se han llevado consigo multitud de empresas y con ellas una enorme cantidad de familias han sido empujadas a la ruina. Las diferencias económicas entre clases sociales se agudizan y los sectores más desfavorecidos acaban por hacinarse en los extrarradios de las grandes ciudades creando focos de pobreza y delincuencia cada vez mayores.

Las carreras de regatas en el espacio universitario de principios de siglo XX eran casi tan importantes como las ligas de béisbol o rugby en Estados Unidos. Los periódicos cubrían con el mismo afán los partidos de fútbol americano más relevantes del curso así como las fragatas más importantes del año. Poco a poco, la cultura remera se fue integrando en las élites hasta que estas mismas las acabaron por hacer suyas, ascendiendo a los participantes a un estrato social acorde con las familias ricas con hijos en edad de estudio.

Al Ulbrickson
El entrenador de ascendencia nórdica Al Ulbrickson; el danés adusto

Las fragatas implicaban a sus equipos de una manera particularmente exigente. No solo era necesaria una forma física y una resistencia envidiable, sino que era necesaria una capacidad mental y una fuerza de voluntad fuera de lo común. Quizá por ello las carreras de barcos se convertían en una extensión intelectual de lo que muchos estudiantes vivían en sus aulas, siendo exigidos de maneras semejantes ante los libros y sus exámenes.

En este marco surge esta historia de un puñado de muchachos de la universidad de Washington que encuentran en el deporte del remo una manera de reafirmarse como individuos y como parte de un equipo. Es una vía para destacar en un mundo, el que provienen, especialmente cruento y complicado. El trayecto hasta el viaje a las olimpiadas de Berlín implica un camino en el que se intercalan las jornadas agotador entrenamiento bajo la lluvia con los instantes de reconciliación con un entorno que les pone a prueba. Todo para llevarles hasta la estación final de su camino, la capital de Alemania, a participar en el evento deportivo por antonomasia en un momento en el que el partido Nazi se ha alzado en el poder y está decidido a poner en marcha toda la maquinaria propagandística posible.

Hitler entrando en el estadio de Berlín, captura de vídeo
Captura del vídeo de la entrada de Hitler en los recintos olímpicos. National Archive BBC

El estadio que construyo Hitler para tal evento fue ideado para impresionar al mundo. Aunque el Führer no era amigo de celebrar los Juegos Olímpicos en Berlín – ¿cientos de atletas de todas razas y países juntos?– el maquiavélico Goebbels sabía que aquél acontecimiento deportivo sería el foco más importante sobre Alemania y sobre sus mandatarios. Un acontecimiento de aquellas características daría a conocer en todo el planeta el poderío nacionalsocialista.

Para ello, los carteles anti judíos y reaccionarios habían sido apartados de las calles. Los recuerdos de los protagonistas son agradables en una ciudad accesible, con campos verdes y bellas muchachas. El belicoso periódico Stuner se había retirado de los quioscos y se habían tratado de retirar las consecuencias más visibles de la matanza de Köjenik, región cercana al estadio olímpico y que fue escenario de indecibles torturas unos días antes. Muchos de los establecimientos de los alrededores estaban regentados por personas que acabarían con sus huesos en Auschwitz.

Joseph Goebbels y Leni Riefenstahl
Joseph Goebbels y Leni Riefenstahl

Hitler, Goebbels y Göring no parecían cómodos en su palco de butacas. Los prolegómenos ya hacían pensar que el equipo de fragata alemán se las tendría que ver con equipos tales como el italiano, recios y disciplinados. Era el 14 agosto y casi ochenta mil seguidores alemanes vociferaban creando una olla de presión total. La última carrera resulta de un cúmulo de circunstancias que no nos atrevemos a desvelar por entero en favor de los nuevos lectores y que desemboca en un enorme y épico final con la fragata Husky Clipper estadounidense entrando en la línea de meta tan solo seis décimas antes que el bote italiano y justo un segundo por debajo del alemán. El público aún gritaba “Deutsch-land!” cuando los altavoces daban como ganadores al equipo estadounidense y la radio de su país hacía llegar a los familiares la victoria de sus chicos. Sin decir una palabra, Hitler se levantó de su asiento y se fue.

Jesse Owens, el cajón Nº1 del podio, en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936
Jesse Owens obtuvo cuatro medallas de oro durante las mismas olimpiadas

El libro que narra la hazaña de los chicos de Seattle ha sido publicado por Nórdica Libros conjuntamente con Capitán Swing.  El relato se arma alrededor de la figura de John Rantz, del cual el autor Daniel James Brown recogería el relato de primera mano, integrante de aquél grupo de muchachos que «dejaron sentado» a Hitler. El material gráfico que incluye el libro se compenetra con una historia que se estructura en torno a los testimonios de los que fueron testigos y de sus familiares, y sobre todo la del propio Rantz, paradigma de joven universitario de familia humilde con aspiraciones difusas pero grandes aptitudes para todo. Exactamente igual que su propio país en su misma época.

El equipo alemán de fragata, en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936
El equipo alemán de regata


Las fotografías vertebran la historia, le dan contexto visual que, en opinión del que escribe, resulta especialmente necesaria en este libro con respecto a nuestra época. La patena de realidad y la disposición de la verdad se muele junto con la cercanía histórica, tanto social como política. Hoy en día cada vez resulta más necesario acercar a los actuales lectores –y sus circunstancias– la historia reciente como un todo, complementando el entorno visual  con el contexto histórico de determinadas épocas que lo permiten. Así, hay lectores que necesitan ver para contemplar todo como un todo sensorial. Una historia como esta, épica, histórica e ilustrada, acaba por emparentar a la historia del hombre común a  Homero y su Ilíada. En nuestra época y con fotografías.

Las fotografías 1, 2 y 6 han sido cordialmente cedidas por la editorial Nórdica Libros

       

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