El objetivo de este libro es lo que implica el título en sí mismo. Roba este libro. Y todo lo que puedas. Sobrevive sin introducirte en el sistema, aprovéchate de él. No te adaptes, haz que el resto del mundo se adapte a ti.

La vida de Abbie Hoffman está tan llena de eventos y accidentes que bien podrían publicarse varios ensayos sobre sus acciones. No es este que nos ocupa uno de ellos, pero bien puede proyectarse en él todo lo que Hoffman todo el ideario del que formó parte y ayudo a poner en pie.

Hoffman saliendo de la bolsa de Nueva York. New York Times.

Hoffman surgió de la generación Woodstock, pero lleva resonando tras ella desde hace tiempo. Fue el adalid de la línea política de los hippies, los llamados «Yippies», una alienación de los primeros, politizados y con unas creencias más firmes y específicas, que trataban de ejecutar protestas en un sentido organizativo y con un mensaje claro. La protesta, como organización, requería mentes que estipulaban qué hacer, qué decir y con qué argumentos. Pero sobre todo, de qué maneras.

Este libro surgió de esta última forma. Es un compendio de acciones, instrucciones y formas de actuar. Una suerte de catálogo revolucionario en el que enseña a cualquier Yippie, o revolucionario, cómo serlo de forma activa y práctica. Piensen en cualquier situación que quieran, porque todo cabe aquí.

Pero sería equívoco quedarnos solo en la superficie y no tratar de comprender qué es lo que su figura realmente es y en lo que representa. Va más allá, y sí que tiene una relación disciplinar con lo que Hoffman fue para el movimiento revolucionario. Muchas de los ejemplos que acompañan el texto, los lugares concretos  son un todo que describe como ejemplos (locales, oficinas, ayuntamientos…) así como las prácticas descritas, con fotografías que atestiguan las instrucciones a seguir y que pone en conocimiento del lector, son parte de su biografía, de su trasiego personal, de su manera de expresar su mundo.

No vamos a ir por ahí, porque no es una biografía y la vida de una personalidad como la de Abbie Hoffman está a un solo clic de ser conocida. Pero sí vamos a destacar dos momentos de su vida que acabarán por describir quién es Hoffman de la forma más gráfica posible. En 1967 entró en la Bolsa de Nueva York. Cuando quisieron impedir su entrada persuadió al guarda diciéndole que él era judío y que si no le dejaba entrar estaría incurriendo en antisemitismo. Una vez dentro, subieron a un punto alto del edificio y lanzaron billetes falsos al vacío haciendo que los traders se lanzaran hacia ellos, causando el caos. Gadi Taub, el mítico historiador de los años sesenta norteamericanos, dijo de aquél incidente que la imagen de aquellos hombres trajeados rebuscando billetes en el suelo ridiculizaba el capitalismo.

Otra más de Hoffman. Woodstock, 1969. The Who estaban tocando cuando Hoffman se subió al escenario y tomó el micrófono para tratar de dar una charla sobre John Sinclair, condenado a 10 años por tenencia de drogas. Pete Townshend le golpeó para hacerle salir del escenario. Hoffman, muchos años después, afirmaría que simplemente se chocó con él cuando trataba de afinar la guitarra, y alega que no hay documentos gráficos que certifiquen que Townshend le golpeara porque aquél suceso no ocurrió. Sin embargo, en las memorias recientes editadas en nuestro país por Malpaso de Pete Townshend, este afirma lo contrario. En el siguiente se escucha lo que ocurrió, aunque nunca fue grabado en vídeo, sí que quedó registrado el audio del incidente:

Sea como fuere, queda patente que la personalidad de Abbie Hoffman, sobre todo en la horquilla de años entre los sesenta y los ochenta, fue particularmente excesiva y exacerbada. Su libro Roba este libro le pondría en un lugar destacado como escritor y periodista social. Y ahora podemos leerlo en español y aplicárnoslo, si lo deseamos, gracias a Capitan Swing.

Hay listados de comunas en las que vivir gratis, hay un manual sobre cómo vivir en un campo, cómo viajar grandes y pequeñas distancias sin gastar un duro… Hay una innegable influencia de Ben Reitman y su libro Boxcar Bertha en todo, casi tomando de este el testigo de vocero de la minoría que ambos representaban. La guerrilla y sus métodos de queja teatralizada pretendían provocar el cambio del mundo actual al del intercambio y la gratuidad y el trueque.

Publicidad con la portada original del libro en 1970.
Publicidad con la portada original del libro en 1970.

Las playas y las piscinas «afines» a la revolución, los periódicos underground… Y en el terreno del discurso, el libro enseña una metodología práctica para crear panfletos y fanzines, desde su creación hasta su distribución y cómo sacarse uno un sueldo vendiéndolos. Cómo librarse del ejército —tatuarse en la mano «fuck army» sirve como última opción—, cómo robar sin que te pillen, cómo armar bronca, qué armas y qué forma de golpear es la mejor, y un largo etcétera que resume un enorme compendio de la vida al margen del sistema. La estrategia general para montarla es; «si no se quiere alienar a los que aún no han sido iluminados por la violencia revolucionaria, los mejores edificios para arrasar son los símbolos más asquerosos de la violencia que puedan encontrarse. Los bancos, las grandes empresas, especialmente las que brindan mayor apoyo a las fuerzas armadas de los EE.UU, los edificios del gobierno federal, los juzgados, las comisarías de policía (…) son todos buenos objetivos.»

El libro pertenece a su época, pero el que sea reeditado actualmente no escapa a la realidad de que ahora, cómo no, no cambiaría su esencia. Desde luego, consejos que en los años sesenta podrían hacerse valer —robar en cabinas telefónicas o en máquinas de café, o utilizar walkie talkies—han pasado de moda por el propio peso del tiempo. Por ello la estética interior, sus fotografías descriptivas y los dibujos son en sí mismas un valor añadido al momento político en el que Hoffman decidió escribir el libro. Dicen que cuando presentó el libro a un gran editor, le dijo que con su publicación pretendía «poner a prueba los límites de la libertad de expresión«. Treinta editoriales rechazaron el manuscrito hasta que Barry Rosset´s Grove Press aceptó publicarlo. Se vendió muchísimo, sobre todo en las grandes urbes. Muchas librerías de extraradio incrementaban el precio del libro para compensar los que eran robados por jóvenes que seguían el consejo primigenio de su título. Quizá con ello, Hoffman quiso dar una lección a todo el mundo editorial y por ende al capitalismo que reduce a la «fórmula» a la mayoría de los best sellers.

Abbie Hoffman
Abbie Hoffman durante una protesta en New York en los sesenta. Hulton Archive

Hay que rascar poco para dar con la idea de nación nueva y la de ciudadanos de un mundo revolucionario que predica Hoffman. Todo el libro está impregnado de política. Hasta las recetas económicas que nos enseña que tienen títulos como «Ensalada callejera» o «Arroz y salsa Cong». Sus compañeros, su «panda», son los integrantes del Frente de liberación Nacional, con la marihuana como cohexionante, la bandera que enarbolan como un signo al que adherirse. El concepto de nueva nación sirve como origen de renacimiento, del deseo de destruir lo establecido pero siempre con pretensión de construir algo nuevo. El trabajo de Hoffman, en este caso, no es dar una alternativa, sino aprovechar al coyuntura, extraer lo que se pueda de lo que ya hay, y destruirlo después. Para hacerlo crecer de nuevo están otros. La idea romántica de la constante lucha podría acabarse si ésta termina, si no hay capitalismo al que enfrentarse.

Pero siempre parece haber un enemigo. Por eso este libro tiene vigencia, por eso clama como un llamamiento a las armas, a mantenerse al margen de lo establecido. Y se ha ido convirtiendo, visto hoy, poco a poco, en un documento histórico de una resistencia cuya necesidad —y forma—amenazan con ser siempre objeto de polémica.

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