Sarajevo, hace veinte años

Acordarnos de Sarajevo, veinte años después del conflicto, supone volver a indagar en razones, excusas e imágenes que hicieron sonrojar al mundo.

Veinte años después del conflicto que convulsionó al mundo y que aún deja estrías en la conciencia de Europa, un libro firmado por Alfonso Armada aparece para volver a remover aguas que nunca se calmaron del todo. Lo hace de manera intimista, enérgica y frágil al mismo tiempo, en un libro que obliga a volver la mirada atrás y reflexionar una vez más sobre el hombre y su inherente soledad.

La guerra de Bosnia sonrojó a la vida política mundial de la época cuando la inoperancia de Naciones Unidas y la ausencia de ayuda externa dejaron en tela de juicio la moral y las capacidades de mando de los gobiernos de la Unión Europea. Sarajevo se convirtió en un infierno. La que era un ejemplo de mestizaje de culturas en la antigua Yugoslavia, sufrió un asedio sin igual en la Historia moderna por parte de las tropas serbobosnias de Radovan Karadzic.


Mujer llorando ante las ruinas de la ciudad, Marzo 1996.
© Gervasio Sánchez 

Las circunstancias de la guerra de Bosnia dieron una dimensión nueva y más moderna a la forma en la que el periodismo la cubrió. Hay un salto cualitativo en cuanto a la diversidad de las formas en las que se trató en los medios la guerra, como no se había dado hasta entonces.

El libro Sarajevo de Alfonso Armada que ha editado la editorial MalPaso, repasa en forma de diarios y columnas periodísticas el tiempo que el autor pasó en diversas ciudades como Zagreb, Slavonski Brod, Zenica así como en la ciudad sitiada de Sarajevo, cuando escribía entonces para el periódico El País. El fotógrafo Gervasio Sánchez le acompañaría durante ese periplo y son suyas las fotografías que acompañan al texto.

El trabajo de Armada por las diferentes ciudades de la antigua Yugoslavia es impecable, muy cercano y con ausencia de lo aséptico de muchas crónicas que podemos leer en lugares de conflicto semejantes. Y también es honesto consigo mismo. Por ello se complementan de forma ideal las columnas y el diario que las acompaña, creando un conjunto que explica el contexto que vivió el periodista durante los interminables días, las centenares de caras que conoció y el miedo ambiental que no le abandonó hasta el final.

Mujer llorando ante la tumba de un ser querido, Marzo 1993
Mujer llorando ante la tumba de un ser querido, Marzo 1993
© Gervasio Sánchez 

Armada se nutre de la escritura para encontrar un punto de apoyo entre las bombas. Las incontables noches oscuras en todas las ciudades por las que pasa le dejan al final del día un espacio antes del sueño en el marco de los sonidos de bombarderos al fondo, y con la pretendida quietud de toda la vecindad; la oscuridad y el silencio son amigos de los inocentes en una guerra. Armada escribe a la luz de una vela; “encender una luz que no sea una vela es darles un blanco”.

El texto no deja de enfocar que quienes más sufren en las guerras las guerras son los de quienes han de recibir una educación en el entorno del conflicto. Los niños de Sarajevo, como le dijo una psiquiatra de Kosevo a Armada, son presa fácil. “En el campo de concentración en que se ha convertido Sarajevo los niños sufren graves desórdenes del comportamiento, jugando a héroes y adoptando modelos agresivos. Están solos la mayor parte del tiempo y adoptan antes de tiempo el papel de adultos”.

Armada escribe a la luz de una vela; “encender una luz que no sea una vela es darles un blanco

Los niños a los que entrevista Armada solo quieren “ir a un lugar donde haya comida y agua, como Alemania”. Él se mete en las entrañas de la guerra mientras que todos los que tienen raíces allí y que pululan por su alrededor, tienen el corazón atrapado en aquellas tierras pero quieren conscientemente huir de ellas.


Alfonso con Edo en la Biblioteca de Sarajevo, julio de 1993
© Gervasio Sánchez.

Su escritura toca, no en vano Armada es poeta; su texto llega. “¿Para qué escribo? En cualquier caso, como flujo incontenible, no dejo de hacerlo; cada noche, cada día»… En algunas entradas de su diario, Armada se pregunta por su lugar allí “¿qué sentido tiene estarse jugando la vida aquí si después tu periódico no dispone de espacio para ti, o considera que la vida cotidiana de una ciudad sitiada puede esperar?»


Diarios manuscritos de Armada sobre la guerra de Bosnia.
© Corina Arranz

El recorrido por el libro es acompañar al periodista a lo largo de un viacrucis revelador, un camino interior que le lleva a relativizar todo, las cuestiones duras presentes y las futuras. “Busco fuerzas en mi interior, por eso no dejo de trabajar: antídoto contra el fracaso de la realidad (…) Por eso hay días en que las palabras se quedan sin aliento, desplomadas junto a la razón, inválidas para reflejar lo que aquí sucede inapelablemente cada día”.

«¿qué sentido tiene estarse jugando la vida aquí si después tu periódico no dispone de espacio para ti, o considera que la vida cotidiana e una ciudad sitiada puede esperar?«

Alfonso en el cementerio judío de Sarajevo en julio de 2013, © Gervasio Sánchez.

Juan Goytisolo coincidiría en Sarajevo junto con Susan Sontag en los días que Armada estuvo en Sarajevo, y al volver, el escritor catalán diría de Armada era uno de los pocos corresponsales que “hicieron un gran esfuerzo por encontrar la verdad”.

       

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