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Desde la aparición del daguerrotipo, en 1839, la fotografía se ha fijado sobre tal cantidad de soportes y ha utilizado tantas sustancias químicas que no hay espacio suficiente en este artículo para enumerarlas todas. Hasta la aparición de los soportes plásticos para los negativos –nitrato de celulosa, poliéster…– y más tarde de los sensores digitales, la fotografía ha utilizado, entre otros elementos y materiales, bromuro de plata, oxalato férrico, placas de vidrio, sales de cromo, bicromato de potasio, mercurio, oro, albúmina, ácido nítrico, papel sensibilizado, sales de platino, ácido sulfúrico, éter, cloro, goma arábiga, etc. Así pues, podríamos decir que, hasta la fecha, la fotografía ha sido argéntea, férrica, vítrea, potásica, gomosa, sulfúrica, nítrica, cristalina, metálica, plástica, oxálica, albuminosa, bicromatada…

Cianotipo de Anna_Atkins
Cianotipo de Anna_Atkins © Wikipedia

Ya lo sé: es absurdo. Todas esas sustancias y componentes remiten a una parte muy concreta del proceso: aquel encargado de captar y fijar la imagen. Y dedicarse a realizar fotografías es algo mucho más amplio. En realidad, la tecnología hace ya tiempo que logró fijar imágenes sobre cualquier soporte físico; por eso la utilización de apellidos como “analógica” o “digital” no hacen sino empobrecer la verdadera naturaleza de la realización de fotografías. Una esencia que va mucho más allá de los ingredientes de una fórmula concreta o la composición de un papel determinado. La fotografía no es ni analógica ni digital; en todo caso es una predisposición, un estado de ánimo, una manera de relacionarnos con el mundo, un mecanismo de autoafirmación, una forma de dar sentido.

La fotografía puede ser, si acaso, estática o dinámica. La primera categoría busca la seguridad, rechazando la duda y el análisis, mientras la segunda sabe que preguntar es la base del crecimiento creativo. La fotografía estática se agota en su búsqueda de certezas, mientras la dinámica hace del interrogante la base de su evolución. La primera, por tanto, rechaza las fatigas de la incertidumbre y el ejercicio de la autocrítica; mientras la segunda se adentra en las intrincadas selvas de lo desconocido y fomenta una predisposición activa hacia la generación de interrogantes. Podríamos decir que la fotografía estática concluye con el inmovilismo creativo, mientras la dinámica culmina, a veces, en la mística.

© Fernando Puche, El fotógrafo Miguel Puche en pleno proceso creativo
El fotógrafo Miguel Puche en pleno proceso creativo © Fernando Puche

La fotografía podría, en cierta manera, ser impulsiva o meditada. La primera remite a un acto impetuoso, algo efusivo, brusco. La segunda se refiere a un proceso estudiado, lento, reflexivo. La fotografía impulsiva se basa en el aquí te pillo, aquí te mato, en la rapidez y los reflejos. La fotografía meditada no busca tanto el momento decisivo como esa encrucijada entre lo visto y lo vivido; entre el presente y la memoria. La primera encuentra el placer en los instantes inesperados; mientras la segunda lo descubre en esa suspensión temporal que crea la previsión del “cómo” con el análisis del “porqué”. La fotografía impulsiva se basa en un proceso mecánico y repetitivo que santifica la cantidad; la fotografía meditada, por el contrario, huye de las pautas fijas y persigue una imagen que muestre, más que un instante único, una proyección de lo interior en lo exterior.

La fotografía se podría calificar, claro que sí, como conceptual o retiniana. La primera gira alrededor de la idea que genera la imagen; mientras la segunda da más valor al aspecto formal de la obra. La fotografía conceptual pretende que la historia, el dilema o la experiencia que busca reflejar el autor constituyan la parte fundamental de la obra, dejando a la estética en un segundo (o tercer) plano. La retiniana, en su caso, asume que lo que aparece en la imagen es importante, incluso más que el discurso que precede a la captura. La primera no intenta crear un artefacto destinado a la observación, sino más bien una obra de marcado carácter racional destinada al intelecto; mientras la segunda deja al concepto en un segundo plano y ofrece una experiencia visual que intenta llevar al espectador a un lugar más allá de la lógica y las ideas. La idea por encima del objeto o la vista como medio prioritario para penetrar en la psique del espectador.

La fotografía puede ser también sensible o puramente descriptiva. La primera busca un estado de ánimo porque surge de ciertos sentimientos; mientras la segunda se afana en que lo que aparezca en la obra sea fiel a lo que vieron los ojos del autor. La fotografía sensible –por llamarla de alguna manera– surge de una emoción y busca que el observador sienta algo, si no igual, al menos parecido. La fotografía descriptiva acepta que el mundo es suficientemente interesante como para mostrarlo tal y como solemos verlo. La primera cree que no hay nada tan profundo como transmitir un sentimiento a través de una imagen; mientras la segunda busca en la fidelidad al original su razón de ser. El sustrato emotivo como fuente de inspiración y vehículo de transmisión, frente a la objetividad de un retrato lo más exacto posible de una realidad convertida en modelo revelador.

En realidad, la fotografía puede ser muchas más cosas porque esto ha sido una pequeña simplificación para demostrar que lo importante en la fotografía no es cómo se fija y los materiales que la hacen tangible, sino el autor que está detrás de un proceso mucho más extenso, complejo, particular y psicológico que la física detrás del sensor de una cámara. La fotografía puede ser lo que queramos porque brota precisamente de nosotros y el autor es la materia prima de la que surgen sus imágenes.

© Fernando Puche
© Fernando Puche

De todas formas, los más perspicaces dirán que no todo es cuestión de blancos o negros, que la fotografía, como la vida, está repleta de grises, de matices intermedios. Que no hay obras solo conceptuales o solo impulsivas; que detrás de cada imagen hay algo de sentido, de belleza y de razón. Que es imposible que alguien haga fotos de una única manera, sea estática, impulsiva, sensible, meditada o descriptiva. Que no puede ser que haya o fotógrafos estáticos o fotógrafos dinámicos. Imposible dividirnos en impulsivos o meditabundos. Que es un disparate pretender trazar una línea entre los autores emotivos y los impasibles. Que sería una barbaridad pretender que los fotógrafos que no enfatizan los sentimientos en sus creaciones son personas insensibles. Una absoluta tontería.

© Fernando Puche
© Fernando Puche

Y tienen toda la razón del mundo. Todos hemos sido, según la época de nuestra vida, impulsivos, dinámicos, reflexivos, estáticos, sensibles y hasta descriptivos. Y nuestras fotos, por tanto, tienen esa mezcla, ese devenir, esa variabilidad. Seguro que no hay imágenes puras igual que no hay seres humanos puros, porque estamos contaminados de lo que nos rodea, somos contradictorios por naturaleza y fluctuamos según el día, la época del año, la edad o lo que hayamos comido ese día.

Seguro que la fotografía podrá ser estática, reflexiva, sensible o conceptual. Incluso algo de todo ello a la vez, pero nunca analógica o digital porque la creación de imágenes debería trascender los materiales y las sustancias químicas.

24 Comentarios

  1. No me ha interesado nunca la división analógica o digital o si es pintura.
    Si el arte es la principal forma de traer el subconsciente al consciente, de comprendernos, este artículo ayuda a ello tanto como una buena imagen.
    Gracias.

    P.D. ¿dónde se pueden consultar tus cursos?

    • Hola Javier. Celebro que nunca te interesase la división entre analógica o digital. Eso que ganas. El artículo apela precisamente (o lo intenta) a superar esa división –seguramente ficticia y mercantilista – pero que marca a menudo muchos de los debates entre fotógrafos. Respecto a mis cursos, los suelo anunciar en mi propia web.
      Un saludo y gracias por el comentario.

  2. Entiendo el punto de vista de Fernando y por supuesto que lo respeto, pero no estoy de acuerdo.
    Parto de que el articulo me parece tramposo, lanza un cebo diciendo que la fotografia no es ni digital ni analogica, pero el articulo discurre a traves de las opciones de expresion que muestra un medio, no del medio en si, como encabeza el articulo.
    La fotografia nunca fué analogica, y por supuesto que no lo va a ser ahora. Se le empezó a llamar analogica en el mismo momento que irrumpio la fotografia digital y quizá ese fué el problema, ponerle apellido a una fotografia que no lo ha necesitado nunca. Entrar en debates de si lo merece o no, es harina de otro costal, pero en mi modesto parecer, si tuviera que ponerle un apellido a la fotografia no digital , seria quimica, nunca analogica.
    Importante o muy importante es sin embargo diferenciarlos y por supuesto que es importante saber como ha sido fijada esa image, dejar muy claro que tipo de técnica es, la preservación de la imagen depende en gran medida de la información de la que se dispone y si esta se obvia, se condena a su desaparición, aunque en España eso, apenas importa.
    Sin embargo el articulo hace un repaso que me resulta muy interesante sobre las opciones que el medio (la fotografia) nos permite, y que todos los que estamos envenenados hemos sentido alguna vez.
    De cualquier forma, felicidades por el articulo, hablar de fotografia, (sea la que sea) siempre es un placer.

    • Estimado Jesús. Antes de nada, muchas gracias por tu comentario y el tiempo dedicado a escribirlo. Creo que ambos estamos de acuerdo en que ponerle apellidos a la fotografía siempre es un problema pero a mi juicio inevitable. De todas formas, si hubiese sustituido lo de analógica por química, me temo que el resultado sería el mismo pues solo sería un cambio de apellidos. Es cierto que comienzo con un cebo, pero precisamente para intentar hacer ver que los apellidos basados en las herramientas empobrecen el medio y los debates sobre fotografía. Sin embargo, sería un error intentar cerrar los ojos a los designios del mercado y las industrias. Solo hace falta ver la cantidad de cursos, talleres, escuelas y revistas que utilizan el apellido “digital” para darse cuenta de que muchas personas, me temo, están viendo y viviendo la fotografía a través de estos filtros superficiales. Al fin y al cabo, cuando tú mismo hablas de la importancia de diferenciarlos ya les estás dando de alguna manera carta de naturaleza propia. De todas formas, el debate siempre enriquece y lo importante al final es vivir la fotografía como lo que es: un experiencia apasionante al margen de lo que se tenga en las manos.

      Siempre es un placer recibir críticas de personas tan formadas e informadas como tú. No sé si ambos estaremos “envenenados” de la misma manera, pero estoy seguro que los dos compartimos la pasión y esa necesidad de sentirla.
      Un saludo

      • Gracias Fernando por responder, siempre se agradece sentirse escuchado.
        Aunque temo que sigamos separados por una percepción distinta de lo que consideramos “herramienta” y “medio”. Para mí, la fotografia no es una herramienta, es un medio. Como herramienta sin embargo entiendo el uso de aquella tecnica o recurso que mas se adecue a lo que tengo previsto hacer.
        No quiero parecer mosca cojonera, pero sigo pensando que diferenciar y establecer las disitintas “herramientas”, ayudarán a entender y valorar mas el “medio”, jamas un debate empobrece nada, es cierto sin embargo, que lo que se ha hecho hasta ahora, no ha sido debatir, sino embestir contra una u otra herramienta.
        De cualquier forma, este es un debate de café o cerveza de por medio, un dia con mas tiempo, quizas cuando recojamos a los peques del cole, podamos conversar sobre el tema.
        Un abrazo.

        • Hola Jesús. Gracias por insistir porque efectivamente todo debate, hecho con sentido común y respeto, enriquece a quienes lo practican y al propio medio fotográfico. De acuerdo en que hay que diferencia la herramienta del medio, pero me temo que desgraciadamente las herramientas han sido confundidas por demasiada gente con el medio, de manera que han tomado la parte por el todo y han reducido la fotografía a un curso intensivo de cómo hacer fotos. Sé que mi visión es parcial e interesada, pero llevo demasiados años viendo como los apellidos (digital, analógico, químico, argénteo…) se comen al nombre mientras muchas personas aprendían u enseñaban que con dominar las herramientas era suficiente. Y yo, que de técnica soy un poco analfabeto (por eso mi visión parcial e interesada), pues me he empeñado en gritarle al mundo que la fotografía es mucho más que las herramientas que utilizamos. A veces lo hago bien, y otras no tanto, pero mi idea con este artículo era utilizar la herramienta para llevar a la gente al medio y abrir los ojos a una realidad mucho más vasta de que cualquiera podamos imaginar. Tendrás que perdonarme las licencias literarias, pero estoy convencido de que en el fondo tenemos una visión más cercana de lo que pueda parecer. Cierto; es un debate que pide a gritos una cerveza o un café. Queda pendiente. Un abrazo

    • Muy de acuerdo, por más de 100 años la fotografía era eso, fotografía, una imagen obtenida a través de la luz reflejada de los objetos y que luego era fijada en un soporte con materiales fotosensibles (química) que la hacían perdurable en el tiempo, surge el boom digital que sin duda ha sido estupendo pero también la “lobotomía” masiva y la torpe necesidad de renombrar algo que ya tenía nombre y llamarlo “analógico” lo que me resulta curioso porque seguimos haciendo casi lo mismo: obtener imágenes a través de la luz reflejada de los objetos y que luego es fijada en un soporte con materiales fotosensibles que hoy llamamos sensores electrónicos que a su vez están compuestos por píxeles y que transforman la luz primero en impulsos eléctricos, por lo tanto analógicos, pero que luego en el DAC son recién convertidos en bits. Todo me parece equivalente a decir que con “whasapp” nació la escritura… saludos fraternales!

  3. Acabo de leer el interesante escrito sobre la denominación que se le da a la fotografía en función de los procesos técnicos para obtenerla y comparto la idea de suprimir los calificativos de analógica y digital. Ya ha habido quien la ha querido diferenciar con la descripción “clásica y digital” pero pienso que se vuelve a caer en una dualidad inecesaria.

  4. La fotografía conceptual no está destinada a ser vista, supongo que la música conceptual tan poco lo será para ser oída. Fernando; no se coma el coco: en las artes hay muchas cosas, entre ellas no está el talento.

    • Hola Kevin. Gracias por tu comentario, pero si no me comiese el coco no sé qué haría. Es parte de mi manera de relacionarme con el mundo y también mi forma de ser fotógrafo. Es verdad que en las artes hay muchas cosas; no sé si el talento no es una de ellas, pero yo sigo persiguiendo ser mejor fotógrafo. Quizá aún no sé realmente lo que eso significa, pero tiene que haber alguna manera de lograrlo. Saludos.

  5. Un placer leerte de nuevo Fernando, respecto a tu escrito me parece interesante tu reflexión, mirando más allá de la confrontación analógico-químico-digital, aunque parece que nos quedamos siempre en ella. Lo importante es que todas tus definiciones de fotografía están detrás de la cámara, en la cabeza del autor, no están ni entre los químicos ni entre los píxeles, y ese debe ser el mensaje. Otra cosa es que también debamos valorar el proceso de materialización de esa obra, sin denostar ningún método pero sí distinguiendo unos de otros a la hora de valorar una copia colgada en la pared, y ahí el cliente tiene la palabra.

    Un saludo.

    • Hola Luis. Gracias por tu comentario. Cierto; hay que mirar más allá de las confrontaciones entre herramientas, precisamente para no quedarnos estancados en ella. Siempre he defendido la importancia de lo que hay en la cabeza del autor como motor decisivo de la creación fotográfica. No sé si estaré en lo correcto, pero yo lo siento así. Y, por supuesto, valorando siempre el proceso de materialización de la imagen. No cabe duda: todo suma. Un Saludo.

      • Sobre este punto, me parece apasionante la participación de las visiones de marca, las grandes marcas, que teniendo en mente a ese exquisito club de clientes, convertidos en fans por el marketing, nos muestra el talento de los creadores de productos fotográficos para innovar las herramientas, principalmente los insumos base como las películas y papeles o soportes como centro de una cocina “alquímica” inicialmente, donde los ingredientes son la búsqueda, los procesos de cocción el ritual y al final los comensales son quienes degustan el resultado: un banquete que integra y logra una creación que comunica con impacto. Desde esta óptica todos los creadores de imágenes fotográficas estamos ávidos de novedades en productos que nos simplifiquen la tarea, la mejoren y nos permita explorar nuevas dimensiones.
        Desde la creación digital vs. película y proceso químico correspondiente, el hecho de tener el laboratorio en nuestro computador si ha permitido tomar el control del resultado por encima de los acabados comerciales, pero seguimos dependiendo de alguna buena idea de alguien que piense en nuestra específica necesidad; las cámaras se siguen haciendo para diestros, en los sucesivos desarrollos de una línea de productos por gama definida en capacidad del sensor, funcionalidades de los botones para acceder con el pulgar o construcción sólida de los controles y puertas del mecanismo.
        Pero la dimensión extra de un usuario es la experiencia de uso y sus posibilidades de control. A manera de ejemplo cito el complique de la compensación de exposición que en modelos de cámaras mecánicas como la Pentax K 1000 o la Olympus OM 1, donde con los dedos de la mano izquierda abrías o cerrabas un diafragma, subiendo o bajando una agujita la desplazabas hacia la sobre o la subexposición y simultáneamente la palma de esa misma mano te permitía , como actualmente se hace, cambiar la focal o enfocar manualmente. La relación cerebro-máquina se ha desplazado a lo táctil y la composición aleja el ojo del marco natural que es el visor . La competencia por ese nuevo mercado comparte tendencias de usuarios al punto que nos parece imposible no utilizar el sistema de autoenfoque y las ventajas de las ráfagas para garantizar la foto con el foco perfecto.
        El ejemplo perfecto de esto está en el lanzamiento de la Nikon Df, que en esta revista se planteó entre la nostalgia y la innovación; luego con el regreso de la Ektacrhome 200 como una respuesta de mercadeo a un segmento de usuarios dado, se agradece desde la nostalgia ese retorno, sin considerar el daño ambiental que produce el necesario derrame de quimicos contaminantes al entorno. La fotografía como lenguaje se diferencia del registro de un drone o un satélite y lo que haga las veces de cámara será como la varita del mago Merlín, no su espada. Saludos.

        • Desde hace décadas, los productos químicos para fotografía deben cumplir y cumplen unas normas bioambientales, y de hecho, aunque parezca una fantasía, ya existen reveladores “ECO”. Por otro lado, hay una cara oculta de la industria electrónica y eléctrica: así, al parecer, los transformadores eléctricos utilizan para su refrigeración algunos de los aceites más tóxicos del mundo, al tiempo que los aerosoles empleados para la limpieza y preparación de los circuitos electrónicos son los mayores responsables del agujero de la capa de ozono. De las guerras y miserias provocadas por le explotación del tántalo y el oro –empleado en toda clase de artefacto electrónico actual– nunca se hablará bastante…
          A ello habrá que añadir el “camelo” de los coches eléctricos a híbridos –al menos en el estado actual de desarrollo– pues estos últimos apenas si suelen llegar a hacer 40 Km antes de tener que emplear el motor de explosión. Los eléctricos no es que “no contaminen”, sino que “deslocalizan la contaminación”. Ello, por un lado porque la electricidad hay que producirla –e incluso la eólica y por supuesto la fotovoltaica– contaminan. Por pudor no voy a hablar de la nuclear…
          Hablemos, eso sí, de las baterías, de su producción y desecho
          En mis tiempos en la Facultad de BBAA de la Complutense de Madrid, siempre se hablaba de los productos químicos de la asignatura de fotografía, cuando nosotros reciclábamos –a través de empresas certificadas– revelador, baño de paro y fijador. Mientras tanto, nunca se hablaba de pinturas, disolventes para las mismas y del polvo de piedra y barro de la parte de escultura…
          Lo comento aquí, Juan José, porque aunque su referencia al tema de los productos químicos ocupa solo una pequeña parte de su interesante comentario, no está mal, a mi buen entender recordar que no debemos caer en la nueva “mitología” de que lo digital y electrónico es algo limpio y no contaminante y lo fotoquímico forzosamente contaminante.

          • Valentín, interesante que se pongan en la balanza todos los elementos y nadie duda que la carrera por la actualización de equipos genera toneladas de basura electronica. Desde hace algún tiempo vengo siguiendo su publicación y me parece la más completa en lengua española con variados aspectos desde los revelados con café hasta la apreciación estética, la cultura de la imagen y variantes que por acá se asoman. Los químicos tienen sus características y reglas de recuperación y desecho que si se hubieran cumplido a cabalidad no habría aformalo lo que dije en este breve comentario -ello desde mi óptica colombiana y las condiciones del medio con las notables excepciones del caso-
            Sin pretender desviar la intención del artículo de Fernando quien justifica estos desvarios temáticos o giros del cuento cuando se lamenta “Siempre dice que si tuviese que vivir de sus fotos estaría debajo de un puente” Vivir de las fotos y para las fotos es un mundo apasionante y un espacio para la cultura contemporánea además de gratificante necesario. Es el momento de exprimir el significado de cada una de las palabras que definen una actividad que representa un segmento de mercado. Por lo menos así lo percibo cada vez que veo un trabajo fotográfico expuesto en un museo, libro o donde sea. El trabajo de autor hará que al fin la fotografía tenga una voz amigable, integradora de culturas para un mundo mejor comprendido en términos visuales, como rezaba Magnum desde su inicio.

  6. Las conclusiones a las que se llega en el articulo me parecen obvias… pero quien se resiste a día de hoy a llegar a esa conclusión? a saber: los carcas que no han tenido la capacidad de usar el digital, los que creen que revelando sus carretes sus fotografías son mejores, los que quieren diferenciarse del resto. Mis preferidos son aquellos que dicen que con carrete “piensan” más la foto; no puedo evitar sonreírme cuando me lo dicen, porque sin querer te están confesando que son personas irreflexivas y que la herramienta los condiciona totalmente.

    • Es evidente que la herramienta te condiciona. El cuánto dependerá de la dinámica y finalidad de cada uno, así como de su exigencia. Eso no quita que esté de acuerdo con el artículo, y en parte contigo, pues el análisis propuesto va más allá de una división simplista como es químico-digital. Y mucho más interesante, por descontado.
      Sin embargo, no por ello debemos obviar las herramientas, y cuál es la más adecuada para lograr nuestro objetivo. Sin ir más lejos, ayer Nicholas Nixon, en la presentación de la exposición que repasa su obra en La Caixa, nos comentaba que estuvo un año tratando de amoldar su técnica a las nuevas cámaras digitales, pero que tras esforzarse mucho sólo consiguió satisfacer sus pretensiones “en un ochenta por ciento”. Así que decidió volver a las placas de 8×10, y al positivado por contacto. Creo que hay que ser consciente de lo que se pretende conseguir, de los diálogos y tensiones que uno quiere ofrecer, y luego buscar la herramienta adecuada para ello.

      • Efectivamente, primero vendría el qué (qué deseamos mostrar, contar, fijar) y luego el cómo. Por eso debería venir primero el pensamiento (o la emoción) y luego, si eso, la herramienta. Yo, al menos, lo creo así. Un saludo y gracias por el comentario.

        Fernando Puche

  7. Creo que el análisis conduce a concluir que el soporte fotográfico, sea cual sea, es indiferente al interés del fotógrafo por la fotografía. Cuando se crea una imagen las finalidades tienen más que ver con el autor que con el medio empleado. Asumiendo que es así, estoy de acuerdo en que seguramente es así, hay algunos aspectos muy innovadores en la fotografía digital; la inmediatez y cierto grado de sencillez.
    La fotografía digital ha permitido que nos acercáramos a la fotografía muchos que no teníamos formación química y paciencia para acometer el proceso de revelado; además, podemos hacer fotografías y calibrar casi en el momento dichas fotografías y/o ajustarlas a nuestra mirada. Por ejemplo, soy un purista en cuanto al encuadre, pero trabajando con ficheros raw he descubierto que puedo rehacer la propia mirada y ver el mundo de nuevo.
    Para los iniciados no estaré diciendo nada nuevo. Como aficionado comparto todo lo dicho en el artículo y me permito añadir a la nomenclatura el hecho de que la fotografía puede permitir modificar nuestra propia percepción. Podemos ver el mundo que nos rodea como si fuera desconocido y tuviéramos que volverlo a aprender.
    Muchas gracias por las reflexiones. Un contertulio ha dicho que estas son conversaciones de café, de acuerdo, pero también es necesario hablar a vuelapluma. La escritura automática de los dadaístas permite que afloren ideas que de otra forma nos daría respeto exponer.

    • Hola Joaquín. Gracias a ti por el comentario. Celebro que las cámaras digitales permitiesen a muchos acercarse al medio fotográfico, pero a veces también ha servido para que se centrasen demasiados debates en torno a la técnica, algo que creo que ha sido desproporcionado. Quizá lo que deberíamos preguntarnos es por qué los escritores no hablan apenas de los lápices, bolígrafos u ordenadores con los que escriben sus obras y nosotros fotógrafos nos pasamos la vida hablando de máquinas y accesorios. ¿Será que nos cuesta hablar de nosotros mismos?

      Un saludo

      Fernando Puche

  8. El tema suscitó, tiempo atrás, un agrio debate en un foro de fotografía que frecuentaba, en el que el inevitable gurú poseído de sí mismo se atrevió a negar con total rotundidad y desde su habitual púlpito el carácter de “fotografía” de la digital, afirmando el menda que, como mucho, podría llamarse “pixelografía”. Pero, en fin… la humildad no es una virtud de los gurús y de su fatuidad. Habitualmente quienes frecuentamos los foros virtuales, en los que el lenguaje gestual se pierde, nos tropezamos, con demasiada asiduidad, con esos mismos oráculos en posesión de la verdad absoluta y personalísima, a pesar de que siempre, siempre, siempre recae tal “honor” en sujetos de los que no se conoce labor fotográfica alguna o, como mucho, se limitan a publicar recortes al 100% para mostrar las virtudes de sus “pata negras”, de las que gustan presumir como si el “hardware” les pudiera asegurar el carácter artístico de sus obras. De haberlas, claro, porque lo normal es que tan sólo se limiten a pasear sus tochas de marca a modo de signo de distinción, sin más.

    • Hola Enrique. La solución es sencilla (y no soy ningún gurú): deja los foros, huye de las verdades absolutas, no hagas caso de las sentencias absolutas, sal a hacer fotos y disfruta de lo que más te guste. Dejarás en tu cabeza más hueco para desarrollar tus propias ideas.

      Un saludo y gracias por el comentario.

      Fernando Puche

  9. Comparto completamente el sentir del artículo. Química o digital, bien editada o “JPEG y listo”… me da igual, el único requisito -para mí, insisto- es que esté impresa.

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