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Largo es el arte; la vida en cambio corta como un cuchillo, escribió Ángel González. Unos versos que describen a la perfección el trabajo de la fotógrafa italiana Laura Rodari.

Ars longa vita brevis. El arte perdura en el tiempo mientras que la vida es un sueño fugaz, venía a decir el adagio clásico. Tanto el poeta como la autora incorporan en su poética, también, el dolor y el desamparo que a veces causa vivir. Una estética de la herida.

Laura Rodari propone una práctica agresiva y salvaje que se aleja de los cánones tradicionales y de los estándares del positivado fotográfico.

Persona © Laura Rodari

En su acercamiento a la materialidad de la imagen, al objeto último sobre el papel emulsionado, sus fotografías parecen cortadas a cuchillo, maltratadas y dañadas durante el proceso de creación o directamente recuperadas de la papelera del laboratorio.

Una experimentación extrema que no desdeña la humildad del error, el uso de material sensible caducado o el reciclado del collage. Fotografías pequeñas, tímidas y mínimas, rotas y fragmentadas que se muestran sobre cartones o carpetas viejas.

Persona © Laura Rodari

En su página web podemos leer esta presentación:

“De formación autodidacta, su fotografía gravita hacia lo experimental. Trabaja principalmente con procesos analógicos y positiva ella misma sus negativos”.

Su obra abarca otros medios como el video, la fotografía digital y el material instantáneo Polaroid. Desde el año 2015 forma parte del colectivo de arte fotográfico AM Projects. En esta introducción deja claro, igualmente, su intencionalidad:

“Explorar el lado oscuro de la realidad, el daño, las marcas permanentes, las manchas, tangibles o no, y darles forma en el cuarto oscuro es el núcleo y el crisol de sus fotografías”

Su proceder creativo y técnico es compartido por casi todos los miembros de AM Projects. Un colectivo fundado por Olivier Pin-Fat junto a Tiane Doan Na Champassak en el año 2011. La nómina de fotógrafos que componen la agrupación ha ido variando a lo largo de su andanza. Su primera colaboración fue en el Unseen de Ámsterdam del año 2012 donde presentaron una exposición colectiva bajo el título Nocturnes y que posteriormente se publicó en formato libro por la editorial alemana Dienacht.

Junto a sus fundadores en ella participaron Gert Jochems, Ester Vonplon, Aaron McElroy y Daisuke Yokota. Éste último, un fotógrafo al que ya dedicamos un artículo de esta sección.

En Nocturnes los autores mostraron trabajos de archivo y que habían trabajado de forma individual. Una unión de voces muy distintas y singulares que comparten una clara voluntad experimental. En la actualidad el grupo es más numeroso y también mucho más abierto. Sus miembros son totalmente libres de decidir si participan en un proyecto o no.

Persona © Laura Rodari

Laura Rodari colaboró en uno de los proyectos más interesantes de AM Project (Ante Meridian Project), el fotolibro 3AM publicado por la editorial AKINA.

Junto a los fotógrafos Tiane Doan na Champassak, Olivier Pin-Fat, Thomas Vandenberghe, Daisuke Yokota, Hiroshi Takizawa y el editor Alex Bocchetto, Rodari llegó a Bangkok para trabajar en la creación de una obra colectiva.

Un experimento creativo que quería impugnar el concepto de autoría y diluir sus miembros en un todo orgánico.

AM Projects © 3AM

Durante todo el mes de enero de 2016 los fotógrafos dispararon hacia la noche de Bangkok de forma compulsiva y caótica. Cada uno en su búsqueda particular de los paisajes nocturnos de la ciudad asiática.

El scanner de mano de Hiroshi Takizawa que mapea el tejido de la ciudad: las paredes desconchadas, las sábanas, las cortinas, la piel; los edificios en color y en gris de Tiane Doan na Champassak; los autorretratos de Daisuke Yokota y sus fotografías de infrarrojos, los retratos de trabajadoras sexuales de Laura Rodari etc…

Una diversidad estética que lleva al límite la materialidad de la fotografía: copias analógicas en color y blanco y negro, Polaroids, positivos y negativos.

Una visión caleidoscópica que mezcla abstracción y figuración para dibujar una ciudad post-apocalíptica: hormigón infinito, callejones sin salida, puentes quebrados, habitaciones oscuras en hoteles desvencijados, burdeles con luces de neón, brillo, sudor, metal y figuras humanas desvaídas a punto de la desaparición.

El proceso de edición, largo y complejo, fue llevado a cabo por el editor Alex Bocchetto y la diseñadora Valentina Abenavoli.

El resultado ofrece capas yuxtapuestas que se despliegan de forma simultánea. Fragmentos de una noche y sus diferentes texturas –tejido rojo, grietas, cortinas, mármol y paredes– distintos espacios –mercados nocturnos, puentes, habitaciones de hotel, pasillos– y un ambiente opresivo que muestra cuerpos humanos como sombras o trazos en la oscuridad.

Las fotografías de Laura Rodari ayudan a construir las aristas más figurativas y narrativas del proyecto. Un punto de apoyo para esta suerte de cadáver exquisito levantado por el punto de vista de seis fotógrafos muy particulares.

Algunas de las imágenes que la fotógrafa italiana utilizó para el proyecto común forman parte de su serie individual Persona.

Persona © Laura Rodari

En este trabajo encontramos los rasgos más característicos de su obra. Por un lado, la presencia de la figuración y representación del cuerpo humano y, por otro, la mezcla de fotografía en color, fotografía en blanco y negro y fotografía instantánea Polaroid. Es decir, el uso de distintos materiales y distintas técnicas para una misma serie.

No es baladí remarcar esta yuxtaposición de color y blanco y negro, tan habitual en nuestros días pero que hasta hace muy poco no era permitida por las convenciones estilísticas de la fotografía tradicional.

Como introducción a su muestra Persona nos presenta una cita del libro Las relaciones entre el ego y el inconsciente de C. Jung (1928).

“Persona es un complicado sistema de relaciones entre la conciencia individual y la sociedad, suficientemente apropiado como una especie de máscara, diseñada por un lado para causar una impresión definitiva en los demás y, por el otro, para ocultar la verdadera naturaleza del individuo”.

Una pista interpretativa que vincula su trabajo a una de las cuestiones más importantes del arte reciente, ¿es posible la representación del sujeto contemporáneo?

El retrato actual es un género que crea controversia ya que no deja de ser una crítica a la concepción tradicional del retrato. Este último se basa en la presentación de un único rostro para la representación de un único sujeto inmutable.

El retrato post-moderno no tiene suficiente con una imagen única y fija del sujeto y duda entre aquello permanente que quiere atrapar y lo cambiante e inaprensible del individuo.

El rostro como referente y sede simbólica del yo ha dejado de tener sentido ya que la idea de sujeto se ha desintegrado y ha puesto en evidencia el espejismo y el mito de un yo uniforme y estable.

Hay una necesidad de reinventar el retrato a causa del desplazamiento de la unicidad y la fragmentación del individuo contemporáneo.

El retrato serial que vincula al individuo con el tiempo y el cambio es una práctica repetida. Recordemos las series Cronos de Pere Formiguera donde un retrato se contempla múltiples veces ligado al paso del tiempo.

Un único rostro parece no ser suficiente para dar cuenta del ser humano.

Otras estrategias se vinculan a un retrato sin rostro y evidencian las contradicciones de unas convenciones que encadenan rostro e identidad. Una disgregación del ser que se muestra con retratos de espaldas, retrato por objetos, caras borrosas etc… Anti-retratos y des-retratos.

Permitidme un autocita:

“Cuando decimos máscara nos referimos de nuevo a la ficción del yo. No está de más recordar el origen etimológico de persona. El término procedente del latín se refiere a la máscara teatral utilizada por el personaje y está vinculada al verbo personare, ya que ésta también servía para proyectar la voz del actor. El concepto de persona expresa la singularidad de cada individuo de la especie humana pero cuando retratamos a una persona retratamos realmente a una de sus máscaras. Queremos fijar para siempre a un hombre y retratamos una sombra fugaz, a un yo inaprensible”.

Laura Rodari relaciona los conceptos de persona y máscara para articular una nueva narración del yo.

Este debate es muy interesante porque pervive en nosotros exactamente la misma necesidad originaria del retrato. Un género que surge del miedo a la muerte y al azar de la existencia.

En palabras del historiador Jean Christophe Bailly en su bello estudio sobre los retratos de El Fayum La llamada muda, pervive en nosotros la necesidad:

“de representar a un ser humano en su verdad efímera y de fijar sus trazos para el futuro”

1 © Laura Rodari

Para finalizar este artículo quisiera centrarme de nuevo en el proceso de positivado de la autora.

Si nos fijamos en su blanco y negro éste está lleno de marcas y manchas causadas por un baño de revelado inadecuado. A su vez, se pueden observar las líneas de diferentes tiempos de exposición habituales en las pruebas de copiado. También se incluyen márgenes solapados que desdibujan sus límites.

No es de extrañar entonces su querencia por la inestabilidad de materiales como las instantáneas de la marca Impossible Project. Procesos de ensayo y error que acaban formando parte integrante del resultado final.

La fotografía de Laura Rodari se torna autorreferencial volcando una mirada reflexiva sobre el propio medio fotográfico y su esencia material. En sus propias palabras, todo ello para alcanzar:

“una delgada línea entre la luz y la oscuridad que divide en dos el mismo marco, cambiando su perspectiva. Una visión doble en su paso por el proceso del cuarto oscuro”.

Un mundo poético lleno de errores, fragilidad e incerteza.

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