Durante años una de las experiencias más enriquecedoras que uno ha ido sumando tiene que ver con el mero caminar. Aquello que practicaba el bueno de Aristóteles para que la creatividad y el pensamiento fluyese paseando (peripáticos), tiene un peso en el fotógrafo –al menos para quien escribe estas crónicas– muy importante. Que a su vez le remonta al gran Antonio Machado cuando expresaba sentidamente: «Converso con el hombre que va conmigo». Que tan hermoso nos lo hizo recordar Joan Guerrero en el documental de David Airob, «La caja de Cerillas». ¿Qué si no es el oficio del fotógrafo, sumido en su particular caminar en conversación consigo mismo, su cámara y los lugares? En ese «a pie de calle», el fotógrafo experimenta otro tipo de realidad ampliada, donde el grado de inmersión dará con un mayor o menor conocimiento de las sociedades, culturas o lugares plasmados. Realizarlo en Wukro, sumergiéndonos en sus calles, barrios y alrededores que parecen otro territorio, fue todo un placer y extraordinaria radiografía.

A pie de calle

valdivia, wukro, etiopía, ángel volaran
Frente a una cristalera por una de las calles de Wukro, se muestra un reflejo de quienes componen esa sociedad frente al caminar de una cámara. ©José Luis Valdivia

Wukro ofrece innumerables estampas sociales a cualquier hora del día y en cualquier rincón. Secuencias que narran pequeñas historias personales para un mosaico más amplio general. Un simple niño y un buey, en una calurosa tarde de su época seca, nos regalan una escena que sintetiza un sinfín de emociones. El animal, a la puerta de una chabola junto a otro buey, un caballo y algunas despistadas ovejas, atado por una rudimentaria cuerda y un enorme cacharro como plato de comida, llamó nuestra atención tras ver como un mocoso que apenas levantaba un palmo del suelo, le daba unas severas palmadas en el lomo para que se colocase en su sitio y comiese. No veía a un niño sino a un capataz en miniatura que cumplía con su cometido seriamente. Agitó las manos y en unos minutos tuvo a todos los animales más derechos que una vela. Sin temor a recibir una cornada o una coz. Cualquier padre o madre de nuestro entorno habrían corrido horrorizados.

Fascinado por toparnos con semejantes ejemplares en medio de la calle en el peregrinar fotográfico, al ir a componer la escena vemos a nuestro pequeño «capataz» emerger, sin rubor alguno, por el encuadre para mirarnos fijamente. No entiende qué puede atraer al extraño hombre blanco con sus aún más extraños aparatos al cuello, como para fijarse en sus humildes animales, a los que mira con desdén casi como queriendo decir: «¿Qué narices ve en vosotros?», para acto seguido, con sus manos en el rostro imitando la cornamenta y el sonido del buey, brindar un momento único al que el propio animal se unió devolviéndole la mirada al  chaval. Mugió durante un par de ocasiones mientras nos decía algo así como: «¿Te gusta el mu?»; y cansado de ello rápidamente, volvió a sus quehaceres sin más dilación. En la puerta de la chabola había más niños que durante un instante rieron al unísono con la gracia que el chaval nos obsequió.

niño en wukro, buey, etiopía, ángel volaran, valdivia
Una secuencia que bien vale un viaje entero por vivirla. ©José Luis Valdivia

A veces nos olvidamos, porque nos condicionan las situaciones que nos venden de los países, que sus gentes, en la gran mayoría de los casos, se comportan o tienen similitudes sociales con las nuestras. Tal caso nos sucedía cuando en las calles de Wukro se desarrollaban los juegos más simples que muchos de nosotros disfrutamos en la infancia: escondite, pillarse, saltar a la comba, la rayuela, etc. Juegos en contacto con otros niños, en detrimento del individualismo digital actual, que estimulaban unos cuerpos en unos hábitos más sanos. No haremos mucha sangre de esto, pero existe un grado de «gilipollismo» educativo contemporáneo en forma y fondo por nuestras latitudes muy serio. Recientes estudios han arrojado datos preocupantes sobre cómo los niños actuales tienen atrofiados músculos del cuello, por ejemplo, debido a las posturas adquiridas trasteando con tablets, teléfonos móviles, etc.

No muy lejos de la zona del mercado de Wukro, un grupo de niños andaban, carrera arriba y abajo, buscando a los que debían pillar por las calles aledañas. Sus caras llenas de ilusión y adrenalina por el juego, mezcladas con el cansancio propio de hacer deporte mientras se disfrutaba, no tenía precio. Nuestro protagonista vio rápidamente que desde las alturas y de espaldas a ciertos lugares, sus compañeros pasaban de largo. ¿Quién no recuerda al fiera de su grupo que nunca pillaban?

niño en wukro, ventana, juegos en la calle, etiopía, ángel olaran, josé luís valdivia
Un niño anda encaramado en una ventana escondiéndose de sus compañeros de juego. ©José Luis Valdivia

«La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con la que jugaba cuando era niño» – Friedrich Nietzsche

En la misión de Saint Mary, durante las tardes de juego donde se salta a la comba, se juega al basket, al voleibol, se columpian o simplemente se hacen trenzas en el pelo las chicas, los más pequeños improvisan muchas veces circuitos de carreras en la arena; ese misterioso elemento que ha seducido a miles de generaciones a jugar con él de múltiples formas. Ante la ausencia de juguetes en general, está claro que conseguir coches de carreras en particular sería más difícil, por lo que nuestros niños, empujados por la creatividad, conducen émulos de bólidos con sus propias chanclas de caminar, haciendo buena aquella reflexión de Chaplin en Candilejas de «el mejor juguete que tenemos es la imaginación«.

misión Saint Mary, Wukro, tarde de juegos, ángel olaran, etiopía, josé luís valdivia
Los niños de la misión improvisan carreras de coches en la arena con sus zapatillas. ©José Luis Valdivia

¿Y qué me dicen de la mágica lluvia? Ahora, de edad adulta, nos encogemos y corremos muchas veces para no mojarnos, olvidando el regalo de diversión que nos supuso a muchos en nuestras infancias –si encima uno fue criado en una tierra árida como Fuerteventura, ni les cuento la euforia–. Ver a los niños de la Misión de Saint Mary jugar al fútbol bajo ella, deseando embarrarse, llamarse para mojarse todos juntos, chapotear o sentirla en el rostro, demuestra la inocencia primigenia aún del hombre en ciertos lugares para apreciar las cosas más bellas de la vida, que además son gratis. Y de lo muy vinculado que está este pueblo con la lluvia como tesoro para su supervivencia en sus campos.

misión saint mary, lluvia, wukro, etiopía, ángel olaran, josé luis valdivia
Una niña de la misión recibe la lluvia como si de un regalo se tratase. ©José Luis Valdivia
triple bautismo, misión saint mary, wukro, lluvia, ángel olaran, josé luis valdivia
No todos los días se puede decir que asistes a un triple bautismo infantil. ©José Luis Valdivia
cochecito, wukro, etiopía, niños, ángel olaran, josé luis valdivia
Con una garrafa de aceite unos chavales improvisan un cochecito de choque. ©José Luis Valdivia

Otras situaciones que también despiertan la hilaridad en nuestras caras no distan mucho en el tiempo con las de nuestro país, por ejemplo, cuando un coche de esos de nuestros padres y abuelos parecía un tren de mercancías con la familia al completo –colchón y chucho incluido en la vaca–, para irse de veraneo. O escenas épicas en los aviones insulares –que estos ojos que se han de comer la tierra han presenciado– subirse el paisano con la gallina agarrada por las patas; la cabra de turno en bodega o sentarse,el susodicho, al final del aparato en el pasillo porque no quedaban asientos vacíos. Como lo leen, señores míos. Y no hablo de Etiopía, sino de España, décadas atrás…

Un rebaño entero de ovejas subidos a la vaca de una furgoneta, como pueden apreciar en la fotografía, en la explanada de autobuses de Wukro, es algo que nunca había podido gozar en directo. Una a una, bien atadas por las pezuñas, el dueño del rebaño –que iba a un pueblo a tomar viento– se las iba pasando al ayudante del conductor para que éste las dispusiese de forma que no se fuesen también a tomar viento al primer bache –que les aseguro hay por un tubo en cualquier carretera–.

rebaño en la vaca, wukro, etiopía, ángel olaran, josé luís valdivia
Hubo un tiempo en el que el ganado se llevaba pastoreando, ahora en la vaca de la furgoneta. ©José Luis Valdivia

En varios trayectos largos que hicimos, en alguna ocasión, llevamos sobre nuestras cabezas un buen rebaño de bichos que, como es lógico, no paraban de protestar con el trajín. Otro día les narro cómo yendo a Mekelle, que está a unos 45 kilómetros de Wukro, tuve el detalle de ceder mi asiento para que un señor mayor viajase con su oveja a la que se negó subir al techo de la furgoneta…

adigrat, wukro, etiopía, accidente de camión, josé luis valdivia
Un camión sufre un accidente a la entrada de Wukro por Adigrat, donde vemos otro rebaño sobre el techo. José Luis Valdivia

En nuestras modernas ciudades que se jactan de abertura de mentes y nuevos tiempos sociales, cada vez que ven pasar –según quienes– a dos hombres cogidos de la mano, la tentación de girarse, comentar o dedicar una mirada puritana aún les tuerce el gesto a unos cuantos. Así que si estos se dan un garbeo por Wukro, es posible que algunas cuencas de ojos salten disparadas, porque si algo hacen muchos chicos y hombres por aquellos lares, es una demostración de la amistad cogiéndose de las manos, el cuello o brazos mientras caminan, dialogan o toman un café.

adigrat, wukro, jóvenes de la mano, etiopía, ángel olaran, josé luis valdivia
Por la carretera que viene de Adigrat, unos jóvenes van cogidos de la mano conversando tras bañarse en el río de la ciudad. ©José Luis Valdivia
wukro, cogerse los brazos, etiopía
Unos hombres dialogan cogidos por los brazos, algo de lo más habitual entre relaciones estrechas de amistad. ©José Luis Valdivia

En la construcción también hallamos en nuestro periplo «a pie de calle» situaciones curiosas, humorísticas, que hacen detener la cámara. Etiopía, país en plena construcción, si algo tiene en cada esquina, es una obra. Lo primero que desmonta cualquier lógica vista en los andamios patrios, es ver a los etíopes montarse su tinglado con madera de eucalipto como si tal cosa. Madera que, según nos relató Ángel Olaran, dicen que «será el futuro de Etiopía», ante un árbol que siempre ha tenido mala fama. Unos elaborados entramados y su agilidad para moverse por ellos y trabajar, que pone a prueba los conocimientos de algunos buenos amigos de la construcción.

andamios de madera, eucalipto, wukro, edificio, etiopía, ángel olaran, josé luís valdivia
Un importante edificio en Wukro que se estaba construyendo con la técnica comentada. ©José Luis Valdivia
andamios de madera, eucalipto, wukro
Detalle de un andamio con madera de eucalipto y un joven trabajador al caer el día. El tema de seguridad laboral es precario. ©José Luis Valdivia

Hay tópicos, chistes que se hacen en un determinado contexto de la sociedad de un país, que nos obligan a pensar que en otro no tendrá idéntica repercusión. Siguiendo lo comentado anteriormente acerca de lo mucho en común que tienen los pueblos, la siguiente fotografía bien podría remitirse a esos «memes» tan de moda, en los cuales un trabajador se desloma mientras la platea le observa, jalea o vaya usted a saber lo ocioso de su tiempo. Dentro de la prisión de Wukro donde Ángel Olaran nos acompañó en una visita para mostrarnos los avances de la misma, en uno de los pozos y obras dentro de ella se produjo una cómica situación en la que un paisano está dándole con ganas a la maza contra la piedra, tras indicarle a unos compañeros previamente «déjame que te enseñe cómo se hace».

prisión de Wukro, ángel olaran, josé luis valdivia, uno trabaja
Divertida secuencia donde uno trabaja y muchos otros miran versión etíope. ©José Luis Valdivia

El poder de una fotografía

La fotografía tiene aún ese poder de traspasar fronteras, culturas e individuos. Caminar y caminar con la cámara, adentrándose en los lugares mientras se contemplan, es un goce doble si quienes se ponen frente a ella son gente tan noble como Haile. Al igual que el miliciano Gebre de una entrega anterior, hubo una serie de personas a las que llevamos tiempo después una copia impresa en gratitud a su generosidad. Tal caso es el de Haile, al cual encontramos en la población a las afueras de Wukro mientras rodaban unos programas para la televisión asturiana con los chicos de Shila of Tigray, Ángel Olaran y NTO No te Olvidaré Ayuda a Etiopía.

Haile nos llamó la atención porque se estaba tejiendo una bufanda en plena estación seca de verano, concretamente en un día que pegaba duro el sol, sin inmutarse y con total dedicación. De pie en la puerta de su casa. Al acercarnos y ser muy amable en el trato, nos indica que su bufanda es la «más bonita» porque la está tejiendo con los colores de la bandera «más bonita»; la etíope. Chapurrea algo de inglés, para sorpresa nuestra, e indica que la tendrá lista en unos días para cuando haga falta ponérsela. Solo verle –que a la postre llevaba un gorro y cazadora–, nos hacía correr más aún el sudor por la frente.

Haile, Wukro, bufanda, etiopía, josé luis valdivia, ángel olaran
Nuestro amigo Haile, una de sus hijas y una vecina, en un momento concentrado de su tricotar la bufanda en la puerta de su humilde casa. ©José Luis Valdivia

Haile deja de tejer y es consciente de la cámara, de la fotografía, y nos pide si podemos hacerle una con las niñas. Al principio creímos que ambas eran sus hijas, pero seis meses después supimos que solo la más grande lo era, siendo la pequeña la de un vecino.

Haile, Wukro, bufanda, niñas etíopes, etiopía, ángel olaran, José Luis Valdivia
Haile posa orgulloso con su bufanda y las dos niñas frente a la cámara en un páramo muy especial. ©José Luis Valdivia

Hablamos un poco más y, tras mostrarle la fotografía en la pantalla de la cámara –cosa que le alegra muchísimo, de nuevo el poder de verse reflejado uno mismo–, le prometemos que en nuestro siguiente viaje volveremos al poblado portándole una copia impresa. Se despide amablemente y continuamos nuestra ruta con una sonrisa en la cara.

Seis meses después llevamos bajo el brazo las copias que ansiamos repartir entre nuestros protagonistas fotografiados. Tras varios intentos de búsqueda a lo largo de los días, con un paisaje que ha cambiado y con ello la orientación de uno, vemos a Haile que está encalando una casa. Le llamamos, se gira extrañado y le mostramos la fotografía. Acto seguido se pone a brincar, correr y reírse echándose las manos a la cabeza recordando al fotógrafo y el día de la foto. Rápidamente nos contagiamos de su alegría mientras le seguimos por la aldea sin saber muy bien adónde va con la foto entre sus manos. Bromeo diciendo: «Igual hemos inventado algún tipo de romería». Pica a la puerta de una casa donde toda una comitiva de una familia sale al encuentro. Allí vemos a la niña pequeña y nos confirma que es la hija del vecino. Muestra la foto a todo el que puede sin dejar de mirarnos y decir repetidamente «yekeniele» –gracias en tigriña–. Explica al grupo el día de la fotografía de forma apasionada, mientras éstos nos miran curiosos y nosotros asentimos con la cabeza como si supiésemos lo que está diciendo. Cosas de la alegría.

Haile regala la fotografía que hemos traído para él a la familia de la niña pequeña, su vecina con la que su hija juega. Así de generosos son. Tras un rato en el cual incluso nos invitan a pasar, pero declinamos para no hacerles ningún gasto innecesario, le pedimos a Haile si podía posar con la fotografía. Es una pena que se pusiese tan serio, algo que entendí como una forma humilde de respeto hacia el fotógrafo.

Haile, Wukro, Etiopía, fotografía, poblado, Ángel Olaran, José Luis Valdivia
Haile posa con la primera foto que le hicimos seis meses después en el mismo punto. ©José Luis Valdivia

En los últimos artículos hemos tratado de adentrarnos en la naturaleza y disfrute en lo cotidiano de esta tierra, alejándonos de la pesadumbre de todo cuanto les sucede, que no es poco. Estamos llegando a cierta recta final en nuestra serie de Etiopía, donde las próximas entregas volvemos a ponernos serios con la radiografía de varios lugares y sectores sociales, así como el cerrar la misma con las extensas reflexiones que compartimos con el misionero Ángel Olaran durante el tiempo transcurrido allí. Reflexiones que ahondarán en su trayectoria vital, las problemáticas a las que tuvo que enfrentarse al inicio de su ministerio, las que actualmente acucian su querido territorio y el legado de futuro que se nos presenta. Un diálogo que, como el propio Platón aludía, es donde se plantean preguntas mientras se argumenta, se filosofa, florecen las ideas para tratar de entender este mundo que vivimos, y el consuelo de cierta búsqueda de la verdad. Antes de todo eso, aún quedan muchas cosas por narrar buceando por ese norte de Etiopía.

2 Comentarios

Dejar una respuesta

¡Por favor, introduce tu comentario!
Por favor, introduce aquí tu nombre

       

Los comentarios en esta página pueden ser moderados; en tal caso no aparecerán inmediatamente al ser enviados. Las descalificaciones personales, los comentarios inapropiados, de extensión desmesurada o con demasiados errores ortográficos podrán ser eliminados. Asimismo, en caso de errores considerados tipográficos, el editor se reserva el derecho de corregirlos antes de su publicación con el fin de mejorar la comprensión de los mismos. Recordamos a los lectores que el propósito final de este medio es informar. Para recibir soporte sobre dispositivos o problemas particulares les invitamos a contactar con el correspondiente servicio de atención al cliente.