Compartir

Rozando los tres millones de habitantes, Roma se debate constantemente entre su ingente patrimonio cultural, presente en diferentes sustratos, y su progreso cosmopolita. Recorremos por unos días la ciudad eterna, siguiendo los pasos de su interminable historia.

roma_x-pro2_04
El auge exponencial del turismo y un patrimonio cultural inabarcable hacen de Roma uno de los destinos vacacionales más recurrentes a nivel mundial. © Albedo Media

Poseer la etiqueta de ciudad con mayor densidad de bienes históricos y arquitectónicos del mundo no debe ser fácil, más aún cuando ese contexto ha de convivir con la progresiva evolución de sus habitantes, su tejido industrial y sociopolítico.

Roma
A pocos metros de la sede espiritual del cristianismo, vírgenes con iPhones, réplicas urbanas de Matisse y oráculos postmodernos disputan nuestra atención visual. © Albedo Media

La pasada primavera, a nueve metros por debajo de la rutina diaria del barrio que dará cobijo a la futura estación de Amba Aradam, aparecían treinta habitaciones con pinturas murales y mosaicos pertenecientes a un antiguo cuartel romano del siglo II d.C. Acontecimiento que viene a engrosar la interminable lista de retrasos y problemáticas en torno a la construcción y ampliación de las tres líneas de metro –A, B, B1 y C–, transporte que opera en la capital romana desde 1955. Estamos ante una isla del tesoro donde lo difícil es excavar sin encontrar botín.

roma_x-pro2_03
Como su nombre indica “tras el Tíber” se despliega uno de los barrios más nocturnos e interesantes de la capital italiana, el Trastevere. © Albedo Media

Al sur del Vaticano, en la ribera oeste del Tíber, encontramos otro magnífico ejemplo de confluencia e interacción entre pasado y presente. Un barrio escenográfico y camaleónico que se modula con el movimiento del sol.

Planos del tempete de Bramante.
Proporción y equilibrio clásico en los planos del templete de Bramante. Hito del “revival” por el gusto grecolatino en el renacimiento.

De día, sus estrechas calles nos hacen llegar al convento franciscano de San Pietro in Montorio, donde nos espera una de las joyas arquitectónicas del Cinquecento. Escondido en el patio de la actual Academia de España en Roma, descubrimos el templete de Bramante, icono del clasicismo renacentista.

roma_x-pro2_02
Al caer la noche el barrio del Trastevere se convierte en una de las zonas “de marcha” preferidas para turistas y romanos © Albedo Media

De noche, seguimos la estela amarilla y rojiza que arrojan las luces de pubs y trattorias sobre el pavimento sembrado de sampietrinis. El Trastevere cambia de escenario, convirtiéndose en una de las zonas “de marcha” preferidas para turistas y romanos.

Esta sensación de sorpresa fue una constante en este pequeño paseo por Roma, realizado premeditadamente a pie sin la inclusión de ningún transporte, disfrutando y dejándonos perder –cámara en mano– por sus calles más emblemáticas y otras tantas más desconocidas.

Tan pronto el sol respondía brillante con su luz más dura, ésta arrancaba de las fachadas toda su historia. Caminos trazados sin rumbo premeditado que a veces nos devolvían una contundente bofetada de magnificencia. Petrificados e insignificantes alzábamos la cabeza hacia el cielo mientras retrocedíamos en nuestros pasos para poder abarcar visualmente el Panteón de Agripa. Hacía tiempo que no nos sentíamos tan pequeños, como si de repente nos soltaran en mitad del océano.

En idéntico ángulo y al límite de la tortícolis, nuestras cabezas repetían ese movimiento antinatural, oscilando arriba y abajo como un yoyó fruto del asombro y la admiración. Más de quinientos años después, cuatrocientos sesenta metros cuadrados de pintura siguen dejándonos sin aliento.

roma_x-pro2_07
Más de 500 años después, 460 metros cuadrados de pintura siguen dejándonos sin aliento. © Albedo Media

En nuestra segunda cita vital con los frescos de la bóveda y testero de Capilla Sixtina pintados por Miguel Ángel, renovamos nuestros “votos personales”. Fumata bianca – si esto es capaz de hacerlo el ser humano, quizás como especie aún tengamos alguna oportunidad.

Lamentablemente la saturación de la ruta expositiva impuesta y la acumulación de bienes que los Museos Vaticanos se empeñan en mostrar de manera enciclopédica nos devuelve a la realidad. En un alarde de opulencia que roza el síndrome de Diógenes, salimos con empacho de turistas, la cabeza algo saturada y cierta indignación ante tanta riqueza por metro cuadrado.

roma_x-pro2_13
Más de 3.000 euros diarios se arrojan a la Fontana de Trevi… imposible calcular en número de “selfies” por minuto © Albedo Media

El daño colateral cosido a esta ciudad eterna es su alto índice turístico y cómo éste transforma su habitabilidad. Un acontecimiento masivo tan difícil de controlar como una moneda tirada al vuelo y sus siempre comprometidas dos caras.

Cara; tenemos todos los generosos ingresos derivados de esta actividad y sus costumbres. Tasas turísticas, servicios y rutas, con su paradas obligadas y rituales. Anécdota esclarecedora de la escala, solo en la Fontana de Trevi se arrojan más de tres mil euros diarios en monedas.

Cruz; en cada rincón existe un lugar donde meter una moneda al servicio de “mejorar la experiencia” del turista o al menos de exprimir sus recursos. Sin ser ajenos al ritual vacacional cotidiano –en definitiva todos somos en algún momento turistas u oriundos de un lugar– aquí el dispositivo pasa por ser un tanto excesivo y descarado.

roma_x-pro2_15
Tras alimentar las retinas con obras de Rafael, Tiziano y Caravaggio… nada mejor que pasear por Villa Borghese, con su inconfundible sabor ecléctico y perros barrocos. © Albedo Media

No obstante, positivos por naturaleza, este mismo juego nos convierte en espectadores –en primera fila– del fenómeno. Toda una experiencia que hemos consolidado con los viajes y los años, engrosando en nuestro álbum personal el número de turistas retratados “en acción” y casi ninguna imagen del consabido monumento de turno… fotografiado hasta el hastío, seguramente de mejor manera de lo que fuéramos a hacer nosotros.

roma_x-pro2_22
Hasta 300.000 espectadores presenciaban las carreras en el circo Massimo, convertido en la actualidad en un parque mayormente despoblado. © Albedo Media

Antes de despedirnos, damos un último paseo, reflexionando en dónde se posan nuestros pies. Cuesta creer que en su esplendor, hasta 300.000 espectadores presenciaban las carreras en el Circo Massimo. Todo un ejercicio de recreación histórica que lleva implícito cierta imaginación –y no será el único punto en esta ciudad con esta demanda– de lo contrario solo veremos personas indiferentes, ejerciendo sus rutinas diarias sobre su planta desértica.

roma_x-pro2_23
Isla Tiberina. © Albedo Media

Uniendo el interesante barrio judío con la isla Tiberina, se encuentra en perfecto estado el segundo puente romano más antiguo –el primero es Puente Milvio– inaugurado por el arquitecto romano Lucio Fabricio en el 62 a.J.C. La isla, ocupada en su mayoría por el hospital religioso de los Hermanos de San Juan de Dios, es perfecta para hacer un último paréntesis, respirar y decirle adiós a esta ciudad eterna, cargada de historia.

roma_x-pro2_26
Nos despedimos de esta ciudad eterna, bañada de historia. © Albedo Media

Este viaje ha sido posible gracias al apoyo de Fujifilm, proporcionado el equipo y los recursos económicos para llevarlo a cabo. Forma parte de un acuerdo publicitario. Salvo autorías ajenas a Albedo Media, todas las fotografías que componen este artículo han sido capturadas con equipo Fujifilm X-Pro2 + Fujinon XF 23 mm f/2 R WR.

No hay comentarios

Dejar una respuesta

Los comentarios en esta página pueden ser moderados; en tal caso no aparecerán inmediatamente al ser enviados. Las descalificaciones personales y los comentarios inapropiados que no tengan que ver con el tema a tratar serán eliminados.