Hace unas días publicamos una completa prueba de campo de la Fujifilm GFX 100, donde analizamos la ergonomía, manejo y rendimiento de este nuevo equipo de formato medio digital que supera los 100 Mpx. Ahora hemos tenido la oportunidad –y los recursos– de ampliar dicha prueba testeando otras funciones y herramientas avanzadas.

Descubrimos la modularidad que ofrece este modelo al acoplarse con una cámara de placas de 4×5″ de estudio y sacamos toda la información de sus archivos, ya sea de manera independiente o combinada, al pasarlos a papel con imágenes que rozan los gigapíxeles y copias impresas que superan los 3 metros de lado.

Control total del espacio y la perspectiva

No vamos a negarlo, esta prueba la queríamos hacer desde que vimos en el catálogo de Fujifilm el adaptador de bayoneta hacia el montante trasero de una cámara de placas en la presentación oficial del modelo anterior Fujifilm GFX 50S. Este sencillo pero preciso elemento hace posible combinar la alta resolución y latitud de los archivos de la GFX 100 con la precisión milimétrica del espacio, la perspectiva y la profundidad de campo propia de una cámara de campo de 4×5″, en este caso una robusta y experimentada Cambo Master.

Acoplando el adaptador Fujifilm GFX para cámara de placas al montante trasero de una Cambo Master de 4×5″. © Albedo

El adaptador acopla en el montante trasero retirando la pantalla de enfoque, asegurando sus perfiles metálicos con unas pestañas metálicas; mecanismos simples y eficientes que siguen funcionando sin importar los años acumulados.

Una vez anclado, el adaptador permite cambiar entre toma vertical u horizontal con un simple giro © Albedo© Albedo

Como es norma en este contexto, para evitar mover cualquier componente de la cámara de placas y ganar estabilidad en el trípode sin forzar posiciones que por gravedad serían desaconsejables, el adaptador permite cambiar rápidamente entre toma vertical u horizontal con un simple giro.

Cuerpo de cámara GFX 100 montado en cámara de placas con su adaptador, en posición de toma vertical. © Albedo

De idéntica manera y en suma a los desplazamientos propios de los dos montantes –delantero y trasero– de la cámara de placas, el adaptador contempla un desplazamiento adicional sobre un eje, aunque en esta ocasión, tratándose de una cámara de placas de estudio con movimientos amplios, no necesitaremos usarlo.

Manejando el montante trasero podemos controlar de manera muy exacta la composición. © Albedo
El elenco de ópticas ópticas de gran formato es muy amplio; usadas en este contexto para un sensor mucho menor que una placa de 4×5″ el factor de conversión hace inviable una cobertura angular. © Albedo

Para la GFX100, con un sensor notablemente más pequeño –43×33 mm–que una placa fílmica de 4×5″ –ligeramente mayor a 10×12 cm– será difícil encontrar una óptica de gran formato que otorgue una cobertura angular. Por poner un ejemplo práctico, en esta prueba hemos usado dos ópticas clásicas de la era pre digital: el Nikkor–W 150 f/5.6 y Nikkor–W 300 f/5.6. Ambas pensadas en origen para desarrollar una focal equivalente a 50 y 100 mm respectivamente cuando se usaban con placas de 4×5″… montados sobre este esquema de captor de menor dimensión ofrecen una equivalencia aproximada de unos 120 y 240 mm aproximadamente. Algo para tener en cuenta, sobre todo si nuestra intención era hacer una toma más angular.

El contexto impone un trípode muy sólido y estable, capaz de aguantar el peso total de todos los elementos. © Albedo

La buena noticia viene de la mano del enorme círculo de imagen disponible. La cobertura de estas dos ópticas cubre ampliamente una superficie algo mayor a 10×12 cm con basculamientos extremos en los montantes –las series W eran acrónimo de Wide con relación al amplio círculo de imagen que generaban–. Por lo tanto, si necesitáramos una toma más angular, siempre podríamos sumar fotos desplazando el montante trasero a lo largo de ese círculo de imagen y coserlas después digitalmente, sin ningún esfuerzo, dado que no tienen ningún cambio de punto de vista, deformación o inclinación que haga dudar al software de stitching.

La capacidad de modular el espacio, la perspectiva y la profundidad de campo de este conjunto es casi ilimitada. © Albedo

Con el motivo elegido y sin necesidad de echar mano de trapos de tela y lupas de enfoque sobre el vidrio esmerilado, hacemos toda la fase de composición de la escena y enfoque.

Los giros y basculamientos combinados de los dos montantes afinan la perspectiva, punto de vista y profundidad de campo al milímetro. © Albedo

Ubicamos primero la perspectiva y punto de vista con el montante delantero, picando y girando ligeramente a través de los movimientos de giro y basculación. Con el montante trasero elegimos que parte de la escena nos interesa más, navegando como comentábamos antes a través del círculo de imagen que proyecta la óptica sobre el plano focal.

Profundidad de campo ampliada gracias a la ley o principio de Scheimpflug © Manuel San Frutos

Dado que queremos evidenciar la versatilidad del sistema elegimos realizar dos disparos distintos bajo una misma composición base. Gracias a la aplicación de la ley o principio de Scheimpflug conseguimos enfocar el plano inclinado y transversal que va desde el tornillo ubicado en primer plano, pasando por el hilo de cobre hasta el panel de mandos del fondo realizando giros y basculamientos antagonistas en los montantes delanteros y traseros. A cada paso, ampliamos varias zonas de la imagen con la lupa digital sobre el previo en pantalla, enfocamos y volvemos a mover los montantes… así hasta obtener la primera imagen, con una profundidad de campo favorable.

Profundidad de campo reducida, efecto contrario a la ley o principio de Scheimpflug © Manuel San Frutos

El ejercicio contrario ofrece una propuesta estética totalmente diferentes, un foco selectivo radical con un bokeh muy sugerente. La capacidad de modular el espacio, la perspectiva y la profundidad de campo de este esquema es infinita.

Por otro lado, la resolución del captor es tan elevada que evidencia las vergüenzas de nuestras veteranas ópticas, excelentes para los sistemas fílmicos para las que fueron diseñadas en su momento, pero insuficientes para las altas exigencias digitales actuales: aberraciones cromáticas, astigmatismo y cierta carencia de garra en la nitidez son habituales al disparar con los diafragmas más abiertos.

No obstante, existen maravillosas –y onerosas ópticas– de gran formato adaptadas al terreno digital, especialmente pensadas para ámbitos laborales de elevada exigencia como puedan ser los distintos sistemas de análisis a través de imagen usados en los campos de la restauración o la reproducción de patrimonio artístico. Si nuestras exigencias no son tan específicas y tenemos algún que otro equipo analógico de 4×5″ con ganas de volverse a usar, esta es una excelente ocasión de darle vida de nuevo, sobre todo si evitamos los diafragmas más abiertos, allí donde por lógica más evidentes serán las trazas ópticas.

Editando 100 megapíxeles

Mucho hemos contado ya sobre esta tercera carrera del megapíxel, a quién le beneficia esa elevada resolución y para qué puede ser útil en los contextos laborales y tecnológicos actuales. Ciertamente hay mucha gente que no necesita ni este exceso de resolución ni el gasto adicional al que viene cosido en términos de ópticas, ordenadores y sistemas de almacenamiento superiores.

Más que la resolución en sí misma, que puede sernos muy útil en casos concretos como el que comentaremos más adelante, sin duda lo que más nos gusta de los archivos de formato medio digital es su asombrosa elasticidad de cara a la edición.

Fujifilm GFX 100 + Fujinon GF 45 mm f/2 R WR – f/10 – ¹⁄250 sec – ISO 640. Propuesta de edición del autor © Manuel San Frutos

Ampliado la información que publicamos en la prueba de campo, mostramos el antes y el después del archivo. La captura tal cual se realizó y la notoria –por excesiva– propuesta de edición, para evidenciar los grandes márgenes de acciones que tenemos.

Histórico del proceso de edición, original vs propuesta de edición, lado a lado. © Manuel San Frutos

Pensando en la impresión, los objetivos técnicos de esta imagen –que llevaremos a papel en una copia de 153 x 120 cm– son analizar el límite de nitidez de todos los detalles más complejos: minúsculas ramas del borde de la imagen, detalles del follaje del fondo y distintos elementos ubicados en las masas más densas de la imagen.

Buscamos también analizar la latitud y saturación que queda residual en la copia tras realizar los procesos de previo de impresión en pantalla con el perfil correspondiente. No se lo hemos puesto nada fácil, la imagen se editó en aras de complicar al máximo el sistema, saturando la paleta de verdes presentes en la imagen, una gama especialmente difícil de reproducir junto con los magentas y anaranjados.

Esquema gráfico de la composición final, lista para imprimir. © Manuel San Frutos

Más allá de los 100 Mpx

Puestos a probar, si quisiéramos sobrepasar la barrera de los 100 Mpx, lo más factible sería combinar varios disparos. Esta estrategia nos ha parecido relativamente asequible con la Fujifilm GFX 100 a través de dos alternativas. La más prolija en aparataje, pero la más precisa, es sin duda usar el adaptador de cámara de placas de 4X5″, moviendo el montante trasero alrededor del círculo de imagen, la otra –más sencilla y directa– es realizar todas las tomas a pulso con cuerpo y ópticas Fujifilm, echando mano del nivel electrónico y excelente estabilizador en el cuerpo.

Primera ronda de selección de imágenes candidatas a usar en la panorámica final. © Manuel San Frutos

Gracias a esta estabilización se logra no solo evitar la trepidación de la imagen final –lo cual es fundamental para un buen ‘cosido’– sino también garantizar una mejor composición a nivel de visor o pantalla, dado que vemos la imagen perfectamente estabilizada. Ello redunda en una mejor capacidad de coincidencia toma a toma a pulso y la posibilidad de igualar el horizonte en todas ellas vía el nivel electrónico sobreimpreso.

Aconsejamos, eso sí, bloquear todos los parámetros automáticos de exposición, balance de blancos y autofoco para no obtener imágenes con diferentes criterios entre sí.

Fase de combinación de las imágenes –stitching o ‘cosido’– realizada a través de la última versión de Adobe Lightroom CC Classic. © Manuel San Frutos

Los objetivos técnicos de esta imagen son mostrar la capacidad de combinación de varios archivos en busca de una imagen cercana al gigapíxel –743 Mpx concretamente– sumando solo cinco disparos. De camino, evidenciamos la estupenda recuperación en altas luces y nitidez general aún disparando a ISO 3.200, respetado unas transiciones tonales sutiles y armoniosas.

Tamaño de imagen y resolución del archivo ya combinado, previo a la impresión en Lambda a 400 ppp. © Manuel San Frutos

El ‘cosido’ de las cinco imágenes se ha hecho a través de la última versión de Adobe Lightroom Classic: es aconsejable que todas las imágenes se pisen entre sí entre un 30 y 40% para que el algoritmo tenga más información que combinar.

La edición posterior no puede ser más sencilla, pues solo hemos tenido que repasar a mano pequeños elementos que no cosieron bien, reajustar el contraste general y el equilibrio de color. Tras ello preparamos el archivo para alcanzar los 400 ppp requeridos por el modo de filmación en alta resolución del sistema Durst Lambda.

Esquema gráfico de la composición final, lista para imprimir. © Manuel San Frutos

Copias en gran formato

La elección del sistema de impresión basado en filmación láser y procesado del papel fotoquímico viene dado por la reciente aparición de un nuevo soporte sensible, el papel Fujicolor Crystal Archive Professional Maxima: referencia que pasa a ubicar la cúspide de los soportes fotosensibles disponibles comercialmente por Fujifilm, por encima del anterior buque insignia Fujicolor Crystal Archive Professional DP2.

Revisando las tiras de calibración de la máquina en busca de posibles desviaciones de equilibrio de color, gradaciones de gris y análisis de la resolución percibida en el modo de 400 ppp. © Albedo

La gran virtud de este nuevo papel Maxima es que está literalmente cargado de plata, un considerable aumento del 30% que en la práctica redunda en un espectro de colores entre un 20% y 30% mayor y una longevidad superior al 40% respecto a la familia profesional DP2.

Tras la fase de calibrado y perfilado de la máquina/papel tiramos una copia de nuestro clásico test de impresión para analizar en profundidad todos los criterios de impresión. © Albedo

En aras de contrastar estos datos oficiales realizamos el calibrado de la máquina para este nuevo soporte, analizando detenidamente las tiras de parches de densidad propias del sistema y nuestro ya clásico test de impresión, repleto de interesantes retos para cualquier sistema de impresión.

Nuestro test de impresión contiene todo tipo de ‘trampas’ y retos para evidenciar los límites del sistema de impresión –máquina y papel– elegido. © Albedo

Con la máquina lista y perfilada, es el momento de hacer los previos en pantalla emulando el perfil de salida para garantizar que no tengamos fueras de gama –colores fuera de la capacidad de reproducción de esa combinación de máquina/papel–, especialmente útil en la copia del paisaje plagada de verdes saturados. Sin más dilación, enviamos el primer archivo a tamaño y a 400 ppp al RIP –programa encargado de gestionar la cola de impresión–: al rato, una enorme copia emerge de los rodillos de procesado fotoquímico.

Copia saliendo por la procesadora de papel fotoquímico. © Albedo

En nuestra opinión, los resultados son más que buenos: la nitidez alcanzada en esta copia de más de metro y medio de lado mayor es digna de verse con cuentahílos –especie de microscopio que sirve para contar el número de hilos en un tejido–, la saturación cromática aguantó de manera digna el reto y las zonas de sombras quedaron con la densidad deseada, muy oscuras, pero sin llegar a empastarse. Estamos listos para enfrentarnos a la siguiente copia.

Esta segunda copia de gran formato en relación panorámica tenía varios niveles de dificultad. El primero –y más importante– era su tamaño de archivo, capaz de romper el flujo de trabajo de cualquier lote de impresión.

Para agilizar la fase de pruebas físicas, escogimos una zona representativa del punto de foco –allí donde se ubica el detalle más alto en la imagen– y la lanzamos a imprimir de manera independiente.

Recorte a escala 1:1 del punto de foco de la imagen para lanzar la prueba de impresión. © Manuel San Frutos

Esta ‘pequeña’ prueba fue revisada bajo la cabina de luz normalizada, el estándar en Artes Gráficas basado en iluminantes D50 o D65, 5.000 o 6.500 Kelvin respectivamente. El tono era el correcto y la sensación de nitidez percibida en la copia a ojo desnudo y bajo cuentahílos, era nuevamente muy elevada.

Prueba de impresión a tamaño real: fragmento de la imagen con el punto de foco ubicado en las manos entrelazadas. © Albedo

Animados por los buenos resultados obtenidos con ese extracto de la imagen, lanzamos a imprimir el archivo completo a tamaño final, de 320 x 120 cm. La copia resultante es tan grande que ha de manejarse recomendablemente entre dos personas, para evitar hacer ‘uñas’, pequeñas marcas de presión sobre el papel resultantes de un manipulado incorrecto.

Estamos más que satisfechos con el imponente resultado: cámara, máquina y papel han cumplido con nota su cometido.

Copia final impresa de 320 x 120 cm al lado de su autor a modo de referencia de escala. © Albedo

AgradecimientosEsta fase de pre-impresión, pruebas e impresión en gran formato no hubiera sido posible sin la cercanía y calidad humana de todas las personas que componen el equipo del laboratorio profesional certificado por Fujifilm Ascolor. Especialmente agradecemos a su directora técnica Lydia Rocha su paciencia y buen humor, que hicieron frente con una sonrisa a todos nuestros intentos –no premeditados– por romper el flujo de producción diario.

Este artículo ha sido elaborado como resultado de un acuerdo comercial con Fujifilm España; dicho acuerdo no conlleva ninguna exigencia relativa al contenido del mismo, así como a las opiniones en él incluidas.

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