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La posibilidad de grabar vídeo, presente prácticamente en todas las cámaras digitales actuales, obliga al fotógrafo a disponer de, al menos, un sistema de iluminación continua con el que solventar eventuales situaciones de falta de luz. Consciente de ello, el prestigioso fabricante alemán Metz, incorpora en su catálogo cada vez más sistemas con estos requisitos. Hemos probado uno de ellos, el Mecalight L1000 BC X.

Metz Mecalight L1000 BC X. © Albedo Media

Hoy en día, hablar de luz continua móvil supone hablar de tecnología LED. Hay una oferta tan variada que quien quiera adquirir su primer panel topará con muchas dudas, casi todas ellas derivadas de las diferencias de precio entre unos y otros aparatos. No obstante, no todos los LEDs son iguales ni tienen la misma calidad de luz aunque den la misma o similar intensidad lumínica expresada en lúmenes.

Metz Mecalight L1000 BC X. © Albedo Media

La percepción de esta calidad resulta difícil de medir; también la durabilidad por el poco tiempo que los aparatos están en nuestras manos durante una prueba de campo. Debemos, por tanto, limitarnos a los aspectos objetivos, las cifras y nuestra percepción particular para establecer estas comparaciones.

Metz Mecalight L1000 BC X. El indicador de color no informa de los kelvin que elegimos. © Albedo Media

Diseño

Estamos hablando de una luminaria pequeña, que cabe en la palma de la mano –154 x 100 x 46 mm–, pensada para poder utilizarse sobre la zapata de la cámara. Fabricada en material plástico, sin batería pesa poco –245 g– aunque cuando se añade la mochila que contiene las pilas, el ancho aumenta, el peso se duplica y el conjunto se desequilibra por el cambio del centro de gravedad.

La mochila para las pilas sobresale del diseño compacto del Metz Mecalight L1000 BC X. Una pestaña bloquea el paquete para que no caiga por accidente. © Albedo Media

La parte frontal la ocupan 64 LED del tipo SMD dotados de una lente especial para suavizar la luz. De estos, 32 son blancos y 32 cálidos; de esta manera el color se puede variar desde 2.800 K hasta 5.700 K.

De serie en el Metz Mecalight L1000 BC X se incluye este compartimento para las pilas pero se pude adquirir una batería como opción. © Albedo Media

Tres de los laterales cuentan con rosca de 3 ¼” para colocar la luz sobre un soporte, de serie se incluye una pequeña rótula de bola que se puede colocar sobre la zapata de la cámara o sobre un trípode–. El cuarto lateral lleva una zapata para enganchar un micrófono o cualquier otro accesorio que cuando no se usa aparece cubierta por un protector. Todos los lados cuentan con ventilaciones para evitar el sobrecalentamiento.

La colocación del difusor no resulta rápida en el Metz Mecalight L1000 BC X pues necesitamos adaptar la pletina metálica al soporte de rosca. © Albedo Media

La trasera tiene una pequeña pantalla OLED en la que aparece la información de potencia y gradación del color. No obstante, esta última no se indica en kelvin, sino que aparecen sendos iconos de bombilla a la izquierda y sol a la derecha con el correspondiente cursor que se desliza hacia uno u otro lado. Es decir, que podemos elegir el color, pero no sabemos la gradación exacta que aplicamos.

El tamaño del Metz Mecalight L1000 BC X permite usarlo sobre cámara sin lastrar en exceso el conjunto. © Albedo Media

En la misma pantalla se pueden ver las diferentes opciones –pocas– así como un código QR para descargar el manual de instrucciones. Tanto la potencia como el color se gradúan con la ayuda de una gran rueda que domina la parte trasera. También desde ahí podemos activar el Bluetooth para conectar la lámpara con un dispositivo móvil.

Brilo y color se pueden controlar desde un terminal móvil gracias a la aplicación Mecalight que permite manejar hasta siete unidades distribuidas en grupos.

El cartucho en el que se alojan las seis pilas de tipo AA que alimentan la antorcha, sobresale mucho del conjunto. Al quitarlo aparece una conexión USB con doble función: suministrar corriente y permitir futuribles actualizaciones de firmware. Para garantizar la impermeabilidad, esta conexión viene protegida con una pequeñísima tapa de goma que requiere habilidad y buena vista para poner y quitar. Además, al quitarla no queda sujeta al conjunto, sino que debemos guardarla en algún lugar por lo que sospechamos que terminará perdiéndose a las pocas semanas de uso.

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Esta conexión se puede usar con un power bank, pero no hay posibilidad de mantenerlo sujeto por lo que habría que recurrir a la imaginación para evitar que vaya colgando con el consiguiente riesgo de deterioro de los cables. Como opción se puede comprar aparte una batería de Litio tipo L.

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Hemos mencionado arriba la impermeabilidad porque el Mecalight L1000 BC X cuenta con el estándar de protección contra la intemperie IP44 que previene la entrada de polvo y agua. No obstante, para quienes no consideren importante esta característica existe una versión –sin X en la denominación– que carece de esta protección y, por tanto, abarata el precio.

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Se incluye de serie un difusor para suavizar las sombras. No obstante, su colocación resulta compleja pues requiere una pieza metálica –incluida– y la necesidad de roscar algún tipo de soporte, hubiera sido mucho más efectivo y rápido un sistema magnético como los desarrollados por LumeCube. El proceso puede llevar un par de minutos por lo que mejor planificar previamente si lo deseamos o no. No se incluyen viseras para recortar la luz ni nos consta que existan como opción modelos específicos para esta antorcha.

Fotografía iluminada con Mecalight L 1000 BC X. 1/60 s – f/4 – ISO 400. © Fernando Galán

Manejo

La luminosidad constante de 1.000 lúmenes –a 1 m de distancia– supone una de las importantes ventajas del Mecalight que hemos probado. A diferencia de otros paneles similares de precio inferior, cuando la carga de la batería no puede garantizar esta intensidad, nos avisa que debemos reemplazar las pilas.

Imagen iluminada con Mecalight L 1000 BC X sin difusor. 1/60 s – f/4 – ISO 400. © Fernando Galán
Imagen iluminada con Mecalight L 1000 BC X con difusor. 1/60 s – f/4 – ISO 400. © Fernando Galán

Esta luz se emite en un ángulo de visión de 60 º. Apropiada para la mayoría de escenas que se pretenden iluminar con esta lámpara. No obstante, como comentábamos antes, se agradecería la posibilidad de incorporar viseras para cuando queramos recortar el haz de luz.

También valoramos muy positivamente el óptimo rendimiento de color –CRI 95–. Comparando éste con otra antorcha de similares características, pero de mitad de precio, observamos que el Mecalight representa un color fiel y constante mientras que la otra lámpara ofrece unas fuertes tonalidades magenta dado que no cubren todo el espectro y por ende no se podrá compensar digitalmente una dominante mediante la típica acción de gotero de equilibrio de color en nuestro software de edición preferido.

Para los menos acostumbrados a estas siglas, el índice de reproducción cromática –CRI– indica el porcentaje del espectro de luz visible que un iluminante puede proyectar, no su temperatura de color, esto es de suma importancia para trabajos finos de reproducción donde un CRI muy bajo traerá consigo una representación incorrecta del color. El ejemplo más claro entre la diferencia del CRI y la temperatura de color es la típica bombilla de tungsteno, con una clara dominante amarilla, pero con un CRI muy lícito para trabajos de reproducción, cercano o superior al 95% dependiendo el modelo.

Imagen iluminada con Mecalight L 1000 BC X. 1/40 s – f/2,8 – ISO 400. © Fernando Galán

Volviendo a las funciones del equipo, la ya comentada posibilidad de variar el color girando el dial principal evita tener que colocar geles para corregir dominantes o crear ambientes.

Aunque, sin duda, la principal ventaja la encontramos en la posibilidad de conectar de modo inalámbrico por Bluetooth hasta siete Mecalight diferentes. Con la aplicación correspondiente –que lleva el mismo nombre que el aparato– se puede controlar, de manera aislada o creando grupos, la potencia y el color.

Imagen iluminada con Mecalight L 1000 BC X. 1/100 s – f/2,8 – ISO 800. © Fernando Galán

Durante nuestra prueba de campo hemos observado que funciona bastante bien y ahorramos tiempo durante una sesión a la hora de modificar parámetros. No obstante, si tenemos que apagar la lámpara para aumentar la autonomía, hay que volver a vincular el dispositivo.

Ya que hablamos de autonomía, decir que una carga de pilas nos ha durado un día entero de trabajo con una sesión por la mañana y otra por la tarde.

Imagen iluminada con Mecalight L 1000 BC X y reflector dorado por la izquierda. 1/60 s – f/2,8 – ISO 1.600. © Fernando Galán

Como cabía suponer, el Mecalight L1000 BC X emite luz continua sin parpadeo por lo que resulta óptima para la grabación de video sin las molestas franjas típicas de las antorchas no adaptadas a la frecuencia adecuada.

Conclusión

Como comentábamos al principio, dada la cantidad y variedad de oferta del mercado, no resulta sencillo escoger la antorcha de luz continua adecuada a nuestras necesidades.

Imagen iluminada con Mecalight L 1000 BC X y reflector dorado por la izquierda. 1/60 s – f/2,8 – ISO 1.600. © Fernando Galán

Con un precio de 300 € –250 € la versión sin protección contra la intemperie– tiene a su favor las importantes bazas de la luminosidad constante y el buen índice de reproducción del color. Argumentos fundamentales cuando se busca una iluminación de calidad y requisitos básicos como punto de partida.

La ligereza y manejabilidad ayudan también hay que valorarlas como argumento positivo aunque esta se vea algo penalizada por la sobredimensión del aparato cuando se añade la mochila de las pilas por lo que se hubiera agradecido una mayor integración para ofrecer un conjunto más compacto.

Imagen iluminada con Mecalight L 1000 BC X y luz natural por detrás. 1/60 s – f/2,8 – ISO 250. © Fernando Galán

La manera de colocar el filtro difusor tiene aún un amplio margen de mejora, en cambio la posibilidad de controlar la luz desde el terminal móvil, sin ser novedad,  facilita el trabajo con el consiguiente ahorro de tiempo.

En definitiva, un panel LED de calidad que, aunque no sorprende en exceso, está a la altura de lo que se espera de Metz y que, suponemos, no defraudará a sus usuarios.

Más información en:

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Fernando Galán
Periodista de carrera, pronto se interesó por la imagen tanto (o más) que por las palabras y empezó a ganarse la vida con la fotografía, después con el diseño gráfico para volver de nuevo a la fotografía. Autor de diversos blogs literarios y fotográficos desde el año 2003, en la actualidad compatibiliza la enseñanza con la profesión y las colaboraciones en este medio.

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