Tokina AT-X116 Pro DX V – Prueba de Campo

Con la intención de satisfacer a los usuarios de cámaras réflex que, además de fotografías, tienen que (o quieren) grabar vídeo, Tokina ha desarrollado su serie V. Objetivos adaptados a a las peculiaridades y exigencias del mundo videográfico entre los que se encuentra el AT-X116 PRO DX V que hemos probado.

Partiendo de la base del conocido AT-X Pro 11-16 mm f/2.8 DX II, la principal diferencia –aparte del anillo rojo que designa a toda la serie– consiste en la incorporación de una rueda dentada en el anillo del foco para poder adaptar un mando de foco o «follow focus».

Tokina AT-X116 PRO DX V

Mantiene por lo tanto las medidas (84 mm de diámetro y 89,2 de largo) y peso (550 gramos) de la óptica fotográfica de la que parte. Compacto y ligero, resulta cómodo y equilibrado con cualquier cámara APS-C para cuyos sensores se ha diseñado.

Tokina AT-X116 PRO DX V

También se han incluido algunas mejoras ópticas tales como la inclusión de una nueva lente aesférica en el grupo frontal y dos elementos en el grupo trasero fabricados en vidrio de muy baja dispersión destinados a corregir tanto las aberraciones cromáticas como las distorsiones.

Tokina AT-X 116 PRO DX V

El paso del modo de enfoque automático a manual se realiza, igual que en el objetivo en que se inspira, tirando o empujando el anillo de enfoque. Esta operación, en teoría cómoda y rápida, no ha funcionado tan bien como se esperaba, al menos en la unidad probada, pues en más de una ocasión se quedaba enganchado en un lateral obligándonos a usar ambas manos para situarlo en la posición deseada.

Tokina AT-X 116 PRO DX V

Gracias a este enfoque interno no varía la medida externa del objetivo ni con el zoom ni con el foco, lo que facilita la incorporación de accesorios de vídeo así como la inclusión de filtros cuyo diámetro es de 77 mm.[/caption]Dado que se trata de un objetivo pensado para vídeo se utilizará con más frecuencia en su posición manual. Una vez en ella, el accionamiento es suave y en un cuarto de vuelta pasamos de los treinta centímetros de distancia mínima de enfoque al infinito. Una ventana con la indicación de distancias nos ayuda en la tarea. Este corto recorrido se debe a la suma de dos variables importantes; el juego de focales de este zoom angular y en mayor medida la impositiva restricción del esquema AF de origen, que impone un recorrido corto mediante enfoque interno de las lentes.

Teniendo en cuenta que este objetivo se ofrece con una gran “V” para recordarnos que va destinado a la grabación de vídeo, nos hemos fijado en las posibles variaciones del encuadre con las distintas distancias de enfoque (respiración)  que aún siendo ligera existe, pero debemos antes ubicarla en un PVP final muy ajustado –675 € aproximadamente– sobre todo para el entorno de vídeo/cine amateur al que va dirigido.

Dado su rango de distancias focales –11-16 mm; 16.5-24 mm equivalentes– siempre vamos a contar con una gran profundidad de campo por lo que el foco no nos creará excesivos quebraderos de cabeza.

Estas distancias focales, que ofrecen un ángulo de visión variable de 104 a 84 º, muestran una imagen con un nivel muy aceptable de calidad y nitidez que permanece prácticamente invariable en todo el rango.

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Tokina ATX Pro 11-16 a 16 mm – f/10 3 s – 100 ISO [clic encima para imagen a resolución nativa] © Fernando Galán

Además, se han cuidado mucho las distorsiones geométricas de tal modo que sólo se aprecia una ligerísima distorsión en barrilete en el ángulo máximo, que desaparece en cuanto empezamos a cerrar campo. Si tenemos en cuenta que se trata de un angular casi extremo, no debiera preocuparnos este asunto.

En cuanto al viñeteo, aunque presente, es bastante contenido en todas las aperturas. Los reflejos internos y destellos, sin embargo son evidentes, sobre todo cuando tenemos alguna luz de alta intensidad de manera frontal a la óptica.

Si bien de un tiempo a esta parte estos deslumbramientos son apreciados por videográfos y cineastas –llegando a soluciones en ocasiones totalmente surreales, como adaptadores de lentes que provoquen flare en ópticas de decenas de miles de euros– a nivel técnico es uno de los grandes problemas de toda óptica angular, allí donde los rayos de luz entran más inclinados y generan por ende rebotes más complicados dentro del sistema de captura, especialmente cuando éste es una superficie espejada (captor digital).

El diafragma, de nueve palas, abre desde f/22 hasta f/2.8 logrando un bokeh muy redondeado, muy apropiado para lograr efectos cinematográficos. Hay que accionarlo desde la cámara, ya que el objetivo no incluye anillo de diafragmas, lo que puede ocasionar ruido durante la grabación al cambiar de una a otra apertura si realizamos alguna toma con transiciones de profundidad de campo.

Se trata, en definitiva, de un objetivo muy equilibrado para su importe, con algún handicap a tener en cuenta –destellos internos, mecanizado del sistema AF/MF– y que puede resultar una opción interesante para aquellos usuarios de vídeo que gusten de amplios ángulos de visión sin realizar importantes desembolsos.

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