El fabricante chino Venus Laowa no deja de sorprender con la incorporación en su catálogo de objetivos diferentes a lo que se suele encontrar en los escaparates. En este caso se trata de un potentísimo macro que supera el factor de ampliación habitual en este tipo de ópticas oscilando entre 2,5:1 y 5:1.

Venus Laowa 25 mm f/2,8 Ultra Macro
Venus Laowa 25 mm f/2.8 Ultra Macro © Albedo

Fabricado para monturas Canon EF, Nikon F, Sony FE y Pentax K, el Ultra Macro de Laowa se presentó a principios de 2018 para cubrir un hueco que hasta ese momento sólo ocupaba un objetivo similar de Canon y que muchos aficionados a la macrofotografía solventaban añadiendo tubos de extensión a las ópticas convencionales.

Diseño y manejo

Fabricado completamente en metal, llama la atención su forma cónica y el pequeño tamaño de la lente frontal. Forma que tiene lógica pues reduce la proyección de sombras sobre los sujetos a fotografiar. Cuando elegimos la máxima ampliación, adquiere una alargada forma tubular ligeramente más estrecha en el frente. De hecho, pasa de los 82 mm cuando está retraído a los aproximadamente 140 mm extendido.

Venus Laowa 25 mm f/2,8 Ultra Macro © Albedo
Venus Laowa 25 mm f/2.8 Ultra Macro © Albedo

Transmite una sensación de calidad en su construcción, así como de robustez. Carece, no obstante, de junta de sellado o protecciones contra la intemperie por lo que, dado que se usará preferentemente en la naturaleza, conviene tener cuidado en situaciones de humedad.

Aunque el peso objetivo no resulta excesivo –400 g–, dado que las lentes –8 en 6 grupos– se sitúan fundamentalmente en la parte frontal, el objetivo tiende a cabecear una vez montado en la cámara. Al menos sobre la Sony α7 III utilizada para esta prueba de campo.

Venus Laowa 25 mm f/2,8 Ultra Macro sobre Sony  
α 7 III
Venus Laowa 25 mm f/2.8 Ultra Macro sobre Sony
α7 III © Albedo

No obstante, esto no representa un problema en sí mismo ya que intentar utilizar este objetivo sin trípode supone un alarde de valentía que, intuimos, poca gente afrontará.

De hecho, se trata de un objetivo muy exigente en su manejo y que requiere, además de un buen y preciso trípode, generosas dosis de paciencia. Tanto es así que durante esta prueba de campo más nos parecía estar realizando un trabajo de biología frente al microscopio que una sesión de fotografía.


Venus Laowa 25 mm f/2.8 Ultra Macro sobre Sony
α7 III © Albedo

Teniendo en cuenta el estrecho ángulo de visión –10º– y que la profundidad de campo, en el mejor de los casos, apenas supera el medio milímetro –0,514 mm a f/16 y 2,5:1– se puede intuir la pericia necesaria para lograr resultados plenamente satisfactorios. Cualquier ínfimo movimiento, bien de cámara o bien del sujeto a fotografiar, nos aleja del resultado esperado, ya sea por foto borrosa, ya por encuadre indeseado.

Puesto que se trata de un objetivo absolutamente manual, carece de contactos para comunicarse con la cámara y tan sólo encontramos los controles de diafragma y foco. El primero se encuentra, en la parte frontal, justo detrás de la primera lente. En el anillo aparecen indicados los pasos enteros y dispone de muescas para fijar la medida exacta aunque resulta posible parar en posiciones intermedias indeterminadas.

Venus Laowa 25 mm f/2,8 Ultra Macro.

Venus Laowa 25 mm f/2.8 Ultra Macro © Albedo

El segundo, más que un anillo de foco convencional podría considerarse un selector de amplificación. De hecho, una de las maneras más recomendables de trabajar con este objetivo consiste en fijar el factor de ampliación elegido –aparecen grafiados en el barrilete del objetivo– y desplazar la cámara longitudinalmente hasta conseguir el foco deseado que después, eso sí, podemos afinar con el anillo de enfoque.

Por este motivo, para trabajar cómodamente con este ultra macro resulta casi imprescindible utilizar una zapata de rail deslizante para ajustar con precisión la distancia deseada.

Venus Laowa 25 mm f/2,8 Ultra Macro.

Venus Laowa 25 mm f/2.8 Ultra Macro © Albedo

Las distancias mínimas de enfoque oscilan entre los 17 mm –a 2,5:1– y los 22,3 mm –a 5:1– y las máximas van desde los 40 mm –a 5:1– a los 45 mm –a 2,5:1– para poder colocar delante del objetivo la iluminación necesaria.

Rendimiento y Muestras

A continuación, mostramos unas cuantas tomas a resolución nativa realizadas con el Laowa 25 mm f/2,8 Ultra Macro en combinación con la Sony α7 III.

Sony α7 III + Venus Laowa 25 mm f/2,8 Ultra Macro
Sony α7 III + Venus Laowa 25 mm f/2,8 Ultra Macro. Gota de agua sobre textil. Ampliación 2,5:1. 1/125 s – f/16 – ISO 500. © Fernando Galán
Sony α7 III + Venus Laowa 25 mm f/2,8 Ultra Macro
Sony α7 III + Venus Laowa 25 mm f/2,8 Ultra Macro. Texto de imprenta. Ampliación 3,5:1. 1/100 s – f/4 – ISO 100. © Fernando Galán

La lente frontal, de ultra baja dispersión, mantiene controladas las aberraciones cromáticas y logra unas imágenes nítidas y bien contrastadas.

Sony α7 III + Venus Laowa 25 mm f/2,8 Ultra Macro
Sony α7 III + Venus Laowa 25 mm f/2,8 Ultra Macro. Tipómetro. Ampliación 5:1. 1/100 s – f/8 – ISO 100 (con flash). © Fernando Galán

Aunque en las fotografías que se tomarán con este objetivo rara vez importará la distorsión geométrica, hay que decir que en las pruebas realizadas apenas hemos apreciado distorsión.

Sony α7 III + Venus Laowa 25 mm f/2,8 Ultra Macro
Sony α7 III + Venus Laowa 25 mm f/2,8 Ultra Macro. Gotelé en pared. Ampliación 4:1. 1/15 s – f/4 – ISO 1.600. © Fernando Galán

El viñeteo tampoco preocupa. Aparece ligeramente a máxima apertura y se reduce bruscamente al cerrar un punto para desaparecer casi por completo a f/5,6.

Sony α7 III + Venus Laowa 25 mm f/2,8 Ultra Macro
Sony α7 III + Venus Laowa 25 mm f/2,8 Ultra Macro. Flores de azahar secas. Ampliación 2,5:1. 1/30 s – f/16 – ISO 1.600. © Fernando Galán

El diafragma de 8 palas abre desde f/2,8 hasta f/16. Dado que sus palas no son redondeadas, en el bokeh apreciamos el octógono que forma al cerrarse.

Sony α7 III + Venus Laowa 25 mm f/2,8 Ultra Macro
Sony α7 III + Venus Laowa 25 mm f/2,8 Ultra Macro. Pétalo de flor. Ampliación 5:1. 1/125 s – f/5,6 – ISO 400. © Fernando Galán

A partir de f/8 encontramos como la difracción comienza a reducir la nitidez de los sujetos. Por ello, nos encontramos con la necesidad de encontrar el equilibrio entre la, ya de por sí, reducidísima profundidad de campo, la nitidez o la luminosidad.

Sony α7 III + Venus Laowa 25 mm f/2,8 Ultra Macro
Sony α7 III + Venus Laowa 25 mm f/2,8 Ultra Macro. Moho en albaricoque. Ampliación 3,5:1. 1/100 s – f/5,6 – ISO 100 (con flash). © Fernando Galán

A este respecto debemos recordar que la magnificación afecta a la luz que llega al sensor, reduciéndose a medida que nos acerquemos al sujeto. Por ello, el número f efectivo varía acorde a esta circunstancia y tendremos que aumentar el valor de exposición.

Sony α7 III + Venus Laowa 25 mm f/2,8 Ultra Macro
Sony α7 III + Venus Laowa 25 mm f/2,8 Ultra Macro. Mosquito y otras partículas flotando en agua. Ampliación 4:1. 1/100 s – f/11 – ISO 2.000. © Fernando Galán

En consecuencia, iluminar los sujetos a fotografiar supone una dificultad añadida en la fotografía ultra macro. Por ello, Laowa ofrece como opción una lámpara anular de LED para situar en el frente del objetivo y un set de flashes gemelos de brazos articulables. Accesorios que, entendemos, resultarán de gran utilidad para quien quiera sacar el máximo partido de este objetivo.

Sony α7 III + Venus Laowa 25 mm f/2,8 Ultra Macro
Sony α7 III + Venus Laowa 25 mm f/2,8 Ultra Macro. Punta de lapicero. Ampliación 4:1. 1/100 s – f/4 – ISO 100 (con flash). © Fernando Galán

Comparado con…

Pocas opciones de comparación encontramos ante este objetivo casi único. El mismo fabricante dispone en su catálogo de un peculiar ‘macro’ con factor de ampliación 2:1 que permite enfocar también al infinito. Hablamos del Laowa 24 mm f/14 2X Macro Probe que ya probamos en su momento y que lleva un sistema de iluminación integrado en su frontal.

Más convencional sería el Laowa 60 mm f/2,8 2X Ultra Macro, también permite enfocar al infinito además de lograr tomas macro y su precio no varía mucho con la unidad aquí probada. Aunque no se trata de un objetivo pensado para sensores de de ‘formato completo’ (24×36 mm) como el que hoy tenemos.

Sony α7 III + Venus Laowa 25 mm f/2,8 Ultra Macro

Sony α7 III + Venus Laowa 25 mm f/2,8 Ultra Macro. Pulgones en madroño. Ampliación 4:1. 1/100 s – f/11 – ISO 3.200. © Fernando Galán

En esta línea, también está previsto que en los próximos meses salga a la venta el Laowa 100 mm f/2,8 X Ultra Macro APO, esta vez sí, pensado para sensores de ‘formato completo’ y, como novedad en Laowa, con control electromagnético del diafragma y el foco. Se trata, además, de una óptica apocromática.

Aunque si 2:1 nos parece poco factor de ampliación no queda más remedio que mirar en el catálogo de Canon donde encontramos el competidor más similar al Laowa probado. Hablamos del Canon MP-E 65 mm f/2,8 1-5X Macro Photo. De características muy similares, su precio se duplica con respecto al Laowa aunque cuenta, entre otras ventajas, con la transmisión de los datos de distancia al flash para que calcule la potencia en modo TTL. También duplica en peso y en distancia mínima de enfoque al Laowa.

Sony α7 III + Venus Laowa 25 mm f/2,8 Ultra Macro

Sony α7 III + Venus Laowa 25 mm f/2,8 Ultra Macro. Gota de agua sobre papiro. Ampliación 3,5:1. 1/100 s – f/11 – ISO 2.000. © Fernando Galán

Si ninguna de estas opciones nos convence, se mantiene la opción de recurrir a los tubos de extensión o a los anillos inversores con los pros y contras que estas opciones conllevan.

Conclusiones

Un objetivo, sin duda, peculiar y muy exigente, aunque también muy interesante. Los aficionados a la macrofotografía harán bien en poner sus ojos en él; más aún cuando sepan que su precio ronda los 400 €.

Eso sí, no bastará con ese desembolso pues iluminación extra y un buen trípode resultan casi imprescindibles, aunque este dato no pillará por sorpresa a los expertos en esta disciplina.

Sony α7 III + Venus Laowa 25 mm f/2,8 Ultra Macro

Sony α7 III + Venus Laowa 25 mm f/2,8 Ultra Macro. Flor de olivo. Ampliación 4,5:1. 1/125 s – f/2,8 – ISO 200. © Fernando Galán

Salvo la mencionada dificultad de trabajo, inherente a las características propias del tipo de fotografía para el que está diseñado, pocas pegas encontramos en este objetivo que alcanza las metas previstas: diseño robusto, magnificación máxima y calidad de imagen por un precio más que razonable.

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