4k para «dummies»

Aunque existen cámaras que trabajan con esa tecnología desde hace una década, es en los últimos meses cuando la denominación “4K” ha comenzado a extenderse como la pólvora en el mercado de consumo. Es la tierra prometida para algunos y una zafia estrategia de marketing para otros.

Pero sus verdaderas características y peculiaridades merecen una reflexión más profunda y las múltiples implicaciones de su imparable desembarco en nuestros hogares van mucho más allá de entusiasmos desmedidos y enconadas fobias. Nuestra pretensión en este artículo no es otra que la de proporcionar al lector las claves más elementales para enfrentarse con criterio al bombardeo mediático que le espera.

¿Qué quiere decir 4K? El tótum revolútum de las denominaciones

Tabla comparativa de resoluciones estandarizadas en TV y Cine

En rigor, cuando hablamos de 4K nos referimos sólo a una resolución estandarizada. Cuando la industria del cine se planteó cuál podía ser el ideal al que aspirar en una futurible cinematografía digital tomó como referencia a la emulsión fotoquímica de 35mm. El consorcio Digital Cinema Iniciatives (DCI) formado por los siete mayores estudios de Hollywood estableció una serie de recomendaciones técnicas entre las que se encontraban aquellas referentes a la resolución.

Partiendo de estimaciones bastante genéricas sobre el nivel de detalle y acutancia que el ojo humano es capaz de discernir y adoptando las áreas de captación más extendidas en el mentado formato de 35mm se acordó una relación de aspecto de 1,90:1 (aproximadamente 17:9) y una resolución nativa de 4096 x 2160 -esto es, 2160 líneas activas conformadas cada una por 4096 píxeles cuadrados. A este estándar se le conoce como 4K DCI. El consorcio también fijó dos formatos recortados a partir del anterior basándose en las relaciones de aspecto más utilizadas. Una no tan panorámica (1,85:1) de 3996 x 2160 y otra para el CinemaScope (2,39:1) de 4096 x 1716.

La terminología anglosajona y su gusto por la abreviatura dio lugar a que 4K fuera el nombre elegido haciendo referencia a las cuatro mil líneas de resolución horizontal de estos formatos y pronto se empezó a emplear como referencia para el escaneo digital de negativo. Debido a las limitaciones tecnológicas que tal flujo de trabajo presentaba en un principio, el DCI también estableció un formato de transición con la mitad de resolución (2048 x 1080) al que bautizó como 2K DCI. Más de una década después, la mayoría de los proyectores digitales que podemos encontrar en salas de cine de todo el mundo siguen siendo 2K aunque existen modelos de hasta 8K desde hace un lustro.

Ahora bien, la televisión ha seguido un camino paralelo al crear sus propios estándares  de alta definición con ciertas diferencias claves respecto a la industria cinematográfica. En primer lugar, los fabricantes de el electrodoméstico (magistral mote con el que Fernando Fernán Gómez se mofaba de los televisores) debieron hallar un delicado punto de equilibrio entre la relación de aspecto panorámica -propia de las películas de cine- y las emisiones tradicionales en 4:3 que aún imperaban.

El resultado fue un compromiso que no apasionó a nadie pero convenció a todos: la relación 16:9 (equivalente a 1,77:1). De ahí que se adoptaran resoluciones derivadas de dicha relación. Con el tiempo se ha impuesto en el mercado la hoy omnipresente de 1920 x 1080 (mal llamada “Full HD”) que sería el equivalente en TV al 2K en cine.

 
Televisor OLED UHD de Samsung, con pantalla curva regulable para evitar el error de coseno en el visionado

Ante el considerable aumento de los contenidos cinematográficos en 4K DCI la respuesta de la industria televisiva ha sido la UHD (Ultra High Definition) que en su relación de aspecto más extendida (16:9) se limita a multiplicar por cuatro la resolución del “Full HD” dando lugar a un formato de 3840 x 2160 al que los fabricantes de sensores, por su parte llaman “Quad HD”. Por desgracia, tanto dichos fabricantes como los de cámaras, televisores, proyectores, servidores y/o equipos informáticos varios reinciden en la perniciosa costumbre de referirse de forma general a todas estas resoluciones diferentes como 4K, a secas, cocinando el consiguiente potaje de numeritos que induce a confusión al grueso de los usuarios. De ahí nuestro empeño en aclarar este punto (véase fig. 1).

Cámaras 4K

Captor CMV-12000 del fabricante belga CMOSIS, capaz de leer 4K a 300 f.p.s

Del apartado anterior se deduce con facilidad que las diferentes resoluciones que se aglutinan bajo el paraguas del 4K apenas superan los 8 megapíxeles. Pero no ha resultado tan sencillo alcanzar las velocidades de lectura  y procesado necesarias para mantener ese flujo de datos a 24, 25, 30, 50 o 60 imágenes por segundo (por citar sólo las más comunes en un mercado cada vez más orientado a tasas de hasta 120 f.p.s o más).

La Dalsa Origin, primera cámara comercial capaz de proporcionar imágenes de vídeo en 4K

La primera cámara comercial de cinematografía digital que permitió trabajar en 4K fue presentada en 2003, aunque es ahora cuando empezamos a sentir un aluvión de novedades en el mercado de consumo. En breve grabaremos el cumpleaños de los niños en 4K con una cámara compacta, una tableta o un móvil y torturaremos con el resultado a los pocos amigos que nos queden gracias a un flamante televisor UHD. Además, servicios de vídeo online como el popular YouTube permiten subir a internet vídeos en 4K desde 2010 y optimizan ese servicio con regularidad.

 
Aunque las cámaras de acción GoPro Hero 3+ incorporan grabación en 4K, su escasa velocidad de grabación -15 f.p.s- la convierte en una prestación meramente testimonial

A diferencia de otros presuntos avances tecnológicos como el S3D, el 4K ha llegado para quedarse. La diferencia en términos de calidad es visible, el segmento profesional lo ha adoptado para determinados proyectos desde hace años, la tecnología necesaria está madura y los precios de los equipos comienzan a ser relativamente asequibles para el común de los mortales (podemos adquirir monitores 4K por unos 700 €, televisores por hasta 500 € o cámaras por unos 2000 €), Esta tendencia descendente será mucho más acusada a lo largo de 2014. La transición desde el HD está siendo, con diferencia, más veloz que su precedente (el paso de definición estándar a alta definición) y -al igual que en aquella ocasión- llegará mucho antes al último rincón de nuestros hogares que a la emisión regular de TV en cadenas generalistas.


Algunas de las cámaras 4K destinadas al mercado de consumo más demandadas: Blackmagic Production Camera, JVC GY-HMQ10 y Sony FDR-AX100. En breve, la Panasonic Lumix GH4 será la primera cámara híbrida en incorporar resolución 4K en la grabación de vídeo

Las ventajas de pasar de grabar imágenes de 2,07 megapíxeles a alcanzar más de 8 son evidentes para cualquier usuario medio, pero no debemos dejar que los árboles nos impidan ver el bosque. Para poder extraer máximo partido de equipos con resolución 4K hay que recordar una serie de consideraciones insoslayables:

1.    El visionado en pantallas de TV tan grandes e inmersivas (es necesario un panel de al menos 65 pulgadas para poder distinguir 4K a una distancia práctica) hace que el espectador sea mucho más consciente del detalle, el rango dinámico, la gama de color y el contraste de las imágenes y tolere mucho peor errores y artefactos.

2.    La precisión en el enfoque es mucho más crítica y necesaria que en HD. Esto resulta especialmente arduo cuando se emplean ópticas de fotografía con tolerancias muy superiores a las de vídeo o cine y ángulos de giro muy bajos en sus anillos. Resulta conveniente no abusar de aperturas de diafragma muy grandes y es recomendable priorizar la puesta en escena y la composición del plano sobre técnicas tan manidas como el trasfoco extremo.

3.    No podemos fiarnos de nuestro ojo a la hora de enfocar, y mucho menos si lo hacemos con una pantalla LCD de cámara. Los asistentes de enfoque -tipo peaking- o, en su defecto, el uso de monitores externos HD son imprescindibles.

4.    Con los protocolos actuales de compresión los archivos resultantes pueden ser muy pesados y/o presentar numerosos errores de cálculo que afectan a la calidad de la imagen (en particular, si vamos a colgar los vídeos en la red). Los códecs más recientes (como el VP9 o las diferentes variables del H.265) mejoran mucho la eficiencia, pero aún están en sus fases finales de desarrollo. En cualquier caso, un equipo estándar es perfectamente capaz de mover un flujo de datos de 4K con las compresiones ya disponibles.

5.    Es importante escoger soportes de almacenamiento final y de copias de seguridad rápidos, estables, fiables y -a ser posible- que carezcan de partes móviles. Por todo ello, los sistemas SSD están ganando mucho terreno a los tradicionales discos duros, aunque su relación entre prestaciones y precio aún dista de ser la óptima.

4K: conclusiones

En definitiva, a la hora de escoger una cámara que trabaje en 4K necesitamos ser conscientes del impacto general que tal elección tendrá en nuestro flujo de trabajo y valorar parámetros como la frecuencia de muestreo, el espacio y la profundidad de color, la compresión y la tasa de transferencia de datos resultante (bit rate) así como adoptar una serie de prácticas en el momento de operar que faciliten el trabajo posterior de montaje y postproducción. Incidiremos en todos esos detalles en futuros artículos para que el lector pueda hacerse una composición de lugar lo más completa posible.

       

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