Durante el pasado IBC Show, Ang Lee y tres miembros esenciales de su equipo técnico desgranaron las claves creativas y técnicas de su más reciente película “Billy Lynn’s Long Halftime Walk”, rodada en 4K, 3D y HDR a 120 fotogramas por segundo.

Fotograma de la película “Billy Lynn’s Long Halftime Walk” (imagen cortesía de Christie)

La primera impresión que el director taiwanés deja en cualquier persona que le conozca es la de una poderosa humildad. Casi parece que vaya a pedir disculpas por compartir el mismo espacio que su público. Y sin embargo, a lo largo de su presentación, deja vislumbrar un orgullo -bien entendido- por su oficio. Una voluntad flexible pero inquebrantable a la hora de procurar llevar a buen puerto cada uno de sus proyectos.

No cabe duda de que estamos ante una persona que reflexiona profundamente sobre el arte de contar historias y llega a conclusiones chispeantes e irónicas al respecto. Lee sabe encajar los sinsabores que acompañan a su tarea con la sabiduría suficiente como para lograr levantar la siguiente escena, la siguiente jornada o la siguiente película. Al final, no nos sorprende que, tanto actores como productoras, estén deseando arriesgarse a trabajar con él. No atesora ni un ápice de falsa modestia, pero esa humildad a la que hacíamos referencia es tan auténtica como su cine.

Ang Lee durante su presentación en el IBC Show (imagen cortesía de Christie)

Antes de hablarnos de su última obra, Ang Lee nos pone a todos en antecedentes:

Yo nunca fui una persona especialmente visual –asegura- Desde pequeño quise ser actor. Estudié arte dramático en el instituto y en la universidad. Pero para entonces ya me había mudado a Estados Unidos y mi inglés era deplorable. Así no podía actuar, de modo que empecé a dirigir. Después de filmar mis dos primeros proyectos me di cuenta de que eso era lo que quería hacer durante el resto de mi vida. ¡Contar historias me resultaba tan fácil!”

Es uno de los pocos momentos en que levanta la cabeza a la hora de hablar y el brillo en sus ojos resulta inequívoco. Sabe que no se equivocó de elección.

Todos los días me sigo sintiendo como si estuviera en la escuela -añade esbozando una pequeña sonrisa- solo que ahora me pagan por estudiar

Fotograma de “La vida de Pi” (Ang Lee, 2012)

Acto seguido pasa a detallar como comenzó su compleja relación con el 3D. “Encuentro que la naturaleza abstracta del cine, por extraño que parezca, es ideal para reflejar las relaciones humanas. Me parece algo maravilloso. Hace ya dos películas que quise probar a rodar en 3D, pero no terminé de decidirme. En “La vida de Pi” me di cuenta de que no sabía como contar el libro con imágenes. En mi ignorancia, pensé que añadirle otra dimensión me serviría para resolver el conflicto. Ahí empezaron los problemas. Es la película que más me ha costado hacer. Al final del proyecto estaba tan desesperado que ya sólo aspiraba a sobrevivir. Lo conseguí a duras penas. Por suerte para mí, el resultado tuvo bastante éxito”.

Lee incide entonces en alguno de los aspectos técnicos insoslayables de rodar en tres dimensiones. “Cuando empezamos con las pruebas de rodaje para “La vida de Pi”, pude ver que en 3D y con gran resolución  la imagen parpadeaba de forma muy molesta. No podía distinguir las reacciones en el rostro de los actores. Nos dimos cuenta de que el parpadeo desaparecía a partir de una cadencia de 100 fotogramas por segundo. Con menos de eso no tenía sentido tener tanta resolución. Una vez que alcanzas el equilibrio entre resolución, velocidad y latitud la manera en que la imagen te engancha lo cambia todo. Llegamos a una solución de compromiso con esa película, pero ya entonces me empeñé en que mi siguiente proyecto iba a procurar alcanzar ese equilibrio”.

Ben Fountain, autor del libro en el que se basa la nueva película de Ang Lee.

El realizador reconoce que “Billy Lynn’s Long Halftime Walk” fue un encargo del estudio. “Llevo años queriendo dirigir una historia sobre boxeo. Pero el proyecto no termina de despegar y en Sony me propusieron esta película, basada en un libro de Ben Fountain y me pareció perfecta para experimentar lo que quería hacer”. La película desarrolla la historia de un soldado al que, tras regresar durante un breve permiso de la guerra de Irak en 2004, se le pide que forme parte del «Victory Tour«, una gira de espectáculos que se organizan durante los descansos de partidos de fútbol americano para homenajear al ejercito de EE.UU. La pirotecnia que rodea a la actuación de los soldados -que se ven obligados a figurar como comparsas dentro de la coreografía de una canción de la banda Destiny’s Child– se transforma en una tortura psicológica para ellos, a causa del estrés post-traumático que sufren. La unidad tiene que regresar al campo de batalla tras su breve aparición bajo los focos. Toda la trama se nos revela a partir de flasbacks intercalados con ese descanso del medio tiempo del partido.

El proceso de aprendizaje fue mucho más valioso y progresivo que durante el rodaje de la anterior cinta de Lee. “Empezamos planteándonos la película en 2K y a 60 fps. Era un proyecto modesto y apenas nos ha llevado 47 días de rodaje. Desde el principio quisimos filmar a 120 fps, pero sólo como formato de captura. No íbamos a utilizarlo en exhibición. El equilibrio -del que hablaba antes- estaba ahí, en la combinación de una resolución de 2K y una velocidad de 60 fps. Pero una semana antes de iniciar el rodaje, llegaron dos proyectores Mirage 4K 3D de Christie, capaces de proyectar a 120 fps. Entonces descubrí qué era lo que había estado capturando con las cámaras. Y ya no hubo marcha atrás. Le mostré las imágenes a los ejecutivos de Sony y les convencí para seguir adelante dando ese paso extra. Puede parecer un sinsentido, pero para mí fue como reinventar la rueda. Claro que yo no he inventado nada. Entiendan que nunca he sido un tipo técnico. Sólo respondo intuitivamente a lo que la tecnología me ofrece”.

Fotograma de la película «Billy Lynn’s Long Halftime Walk» (Ang Lee, 2016)

Muy pronto, todas las partes involucradas en la producción se dieron cuenta de que la inversión tecnológica iba a tener consecuencias muy profundas en la parte artística. “La claridad -prosigue Lee- es tan extraordinaria… No podíamos usar maquillaje en los actores. No hubo forma de que no se notara. Cuando ruedas planos en el interior de un Humvee, las vibraciones que causan los baches no te dejan ver el rostro de los actores. Pero al combinar todas estas tecnologías se aprecia todo. ¡Me dediqué personalmente a poner rocas en el trayecto del vehículo para que se notaran más los baches! Las imágenes tiemblan, pero puedes ver sus caras, sus ojos…”

Fotograma de la película «Billy Lynn’s Long Halftime Walk» (Ang Lee, 2016)

El realismo tomó mucha mayor importancia en el proceso creativo. “Cuando ves a Rambo disparar esas armas gigantescas, nunca se muestra el retroceso. Es algo que me saca de las películas de acción. Toda esa gente disparando durante minutos y minutos sin recargar nunca y sin sentir el retroceso. Las salvas de fogueo no producen retroceso y me obsesioné bastante con ese problema, porque a 120 fps todo parecía falso. ¡Quise usar balas de verdad, pero no me dejaron! El maestro armero que teníamos consiguió elaborar un truco para que pudiéramos ver el retroceso y los cartuchos saliendo de la recámara a toda velocidad. Y mis soldados no son súper-héroes. Necesitan recargar la munición cada poco tiempo” –remacha socarrón.

La iluminación también se vio afectada por el formato de captura, ya que -para evitar el parpadeo- se rodó con un ángulo de obturación de 360º (completamente abierto). “Esto supone sacrificar tres stops y medio. La iluminación tiene que ser más intensa, pero también más realista. Con esa cantidad de información, el ojo vaga más libremente por la pantalla. No puedes hacer planos demasiado cortos. Toda tu estética, toda tu puesta en escena cambia. El lenguaje cambia”.

Ang Lee dirigiendo a Vin Diesel durante la filmación de «Billy Lynn’s Long Halftime Walk»

La relación con los propios actores sufre una transformación, según Lee. “Te ves obligado a filmar de manera mucho más íntima y personal. Aquí viene el mayor reto. Lo más peligroso es que el espectador es capaz de asimilar toda esa información. Se vuelve más inteligente. Se da cuenta de cuándo un actor está actuando. Mucho más que a 24 fps. Llevo la mayor parte de mi vida dirigiendo a actores y tuve que olvidar todo lo que había aprendido. Lo normal es que al actor le des un objetivo concreto al que su personaje debe aspirar. Pero aquí me enfrentaba a algo mucho más cercano a la vida real. Lleno de múltiples capas. Es preciso ser más sutil. A mis actores tenía que darles cinco direcciones diferentes en cada escena. Pensamientos contradictorios, como los que tendrían en el mundo real. Porque el espectador, con esta tecnología, es capaz de ver más allá, de interpretar el interior del actor”.

Para los equipos de cámara y de postproducción la adaptación tampoco fue sencilla. “El foquista tenía que reaccionar, sin contar con las herramientas suficientes para hacerlo. Yo mismo, tenía que verlo todo a través de un monitor 2K a 60 fps. El proceso ha implicado mucho ensayo y error, incluso durante el montaje. Y no podemos olvidar que operar con dos cámaras en 3D es como ir cargando con una nevera. Las cosas que se han estado haciendo durante más de un siglo en el cine no se pueden hacer en este tipo de rodaje. Me gustaría, por ejemplo, poder hacer planos más largos. Los encuadres, los movimientos de los actores… Todo es distinto. Llegamos a cambiar el set 68 veces por día”.

John Toll, ASC

Como es normal, Lee insistió mucho en la importancia de sus colaboradores. “John Toll, ASC, estuvo dispuesto desde un principio a dejar atrás todo lo que sabe -que es mucho- para probar cosas nuevas. El equipo de postproducción se tuvo que enfrentar a la creación de tres versiones diferentes de la película de forma simultánea. La versión en 2D requiere pequeñas modificaciones en la iluminación -a posteriori. Tiene que ser un poco más… aburrida. Y el tempo también es diferente. El uso de estas tecnologías te hace más humilde. Cada paso que das es aterrador, pero fascinante”.

Cuando se le pregunta si considera que la filmación en 120 fps debería ser el nuevo estándar, el director se muestra cauto.

Creo que la cadencia de 24 fps sigue siendo válida. Como también lo es rodar en película. Cada formato en el que he trabajado ocupa un lugar en mi corazón. Para mí, hay un fuerte componente cultural que determina que el público asocie el cine con la cadencia de 24 fps. Pero también hubo un tiempo en que se asociaba a 16 o 18 fps. Somos bebés en lo que al manejo de esta tecnología respecta. Nos falta mucho por aprender. A lo mejor ni siquiera deberíamos llamar “películas” a esto. No lo sé. He optado por el hiperrealismo porque creo que al espectador le resultará más sencillo aceptar los cambios en estas condiciones. Pero con el tiempo, terminaremos aceptando todo tipo de historias, incluso fantásticas. Considero injustas las críticas que recibió Peter Jackson por rodar a 48 fps. Fue un pequeño paso, pero un paso al fin y al cabo. Creo que en algún momento los 120 fps se convertirán en el nuevo 24 fps. Es el paso lógico con el aumento de resolución. Tu mente es capaz de ver más cosas y entonces demanda más cosas. Es más rápida y más inteligente”

Pero, ¿cuál es la relación del propio Ang Lee con estas tecnologías? “La mayor parte del tiempo me he sentido como un esclavo de la tecnología y sólo cuando consigo ponerme a su nivel creo que tomo el control de la situación, hasta cierto punto. Pero sí, la mayor parte del tiempo soy su esclavo. Cuando me preguntan cuál es el siguiente paso, respondo: ¿8K a 240 fps? Es broma, creo que quiero seguir explorando este formato de momento. El 4K es muy importante para mí, para mi manera de narrar. Hay que recordar que el cine ha sido una combinación de arte, negocio y tecnología desde que nació.

Cada película es un compromiso. Siento que cada película que he hecho está -al menos- un escalón por debajo de como imaginé que sería. Y con cada una veo que me falta más por aprender. Me he dado cuenta de que necesito una serie de cosas de cara al futuro. Necesito tener más profundidad de campo en 3D. Necesito cámaras más pequeñas. Necesito mejores sensores, con mayor latitud. Soy perfectamente consciente de que todo esto que pido es contradictorio desde el punto de vista técnico, pero confío en que los fabricantes encuentren la manera de resolverlo. La pelota está en su tejado”.

Esta última afirmación provocó más de una carcajada en la sala, incluida la del propio director.

Ang Lee, demostró ser un maestro de la sutileza, no solo en su cine sino también en directo (imagen cortesía de Christie)

Con respecto a la eterna dicotomía entre nuevas tecnologías y narración, Lee lo tiene muy claro. “Estoy muy agradecido al estudio por apostar por una película pequeña, que no está plagada de efectos visuales y explosiones, para aplicar todos estos avances. Han elegido primar una historia y no puedo dejar de darles las gracias por ello. Para mí, la narrativa sigue teniendo que tener sentido. Contar historias aporta sabiduría a la vida. Y no creo, como mucha gente dice, que el oficio de contar historias se esté perdiendo. Me gustaría poder ser más intuitivo porque creo que este tipo de tecnología lo exige. Ojalá pueda llegar a aprender lo suficiente. De lo que estoy seguro es de que siempre estaremos contando historias. Lo que cambia es cómo contarlas”.

Tras la brillante presentación de Ang Lee tuvo lugar una mesa redonda en la que le acompañaron Tim Squyres, ACE (montador del filme), Ben Gervais (supervisor técnico del proyecto) y Scot Barbour (jefe de tecnologías de producción de Sony Pictures Entertainment).

Tim Squyres, ACE

Squyres comenzó su alocución recordando que el cambio a 120 fps se decidió una semana antes de comenzar el rodaje. Como consecuencia tuvo que enfrentarse a 7.5 terabytes de material por día. Para la sorpresa e hilaridad generalizadas, nos contó que los primeros test llevados a cabo por John Toll, ASC, le llegaron por vía urgente cuando se había desplazado a su apartamento en Nueva York -donde no contaba con equipo profesional-, de modo que Lee, Scott Barbour y él mismo tuvieron que ver los resultados en un Mac mini.

Se estableció un flujo de trabajo que implicaba trabajar en tres formatos de salida (a 24, 60 y 120 fps) simultáneamente (de 12 a 18 horas de material por día). El montaje se realizó en una beta de la última versión disponible del AVID Media Composer a 60 fps. Con anterioridad, Squyres hizo muchas pruebas con distintas combinaciones de hardware y software. Esto le llevó también a la decisión de montar en 3D (trabajando en HD side by side). “Tenía que renderizar cada pequeña cosita que hiciera” -asegura- “Montamos finalmente en Nueva York, donde nos trajeron los proyectores Mirage 4K 3D de Christie. Empecé con 2K e, incluso una vez que establecimos el flujo de trabajo definitivo, la imagen en el AVID se veía un poco rara”.

Quizá lo más importante de la experiencia de este reconocido profesional en el proyecto es el cambio de paradigma que supuso. “En la versión en 3D, al ser tan… real, los planos de reacción son mucho más importantes. Cortas mucho menos de un actor a otro durante una conversación. Cuando una interpretación es buena te das cuenta de que, gracias a la cantidad de información que llega a nuestro cerebro, es conveniente alargar el plano un segundo o algo más. Por el contrario, si un actor de reparto queda demasiado falso en un plano, te ves obligado a cortar cuanto antes. Eso obligó a Lee a rodar un poco más de cobertura de lo habitual en él y a cambiar la puesta en escena. La borrosidad es muy inferior cuando combinas 4K, 3D y 120 fps por lo que se puede modificar escena por escena. En las versiones en 2D, se pueden variar las velocidades. Como se rodó a 360º de ángulo de obturación, utilizamos el Tru Motion de Real 3D para reducir la imagen estroboscópica en la versión de 24 fps, pero manteniendo un ángulo de obturación (sintético) de 216º”.

Ben Gervais

Ben Gervais nos ayudó a comprender alguno de los aspectos más técnicos del proyecto, tanto durante la mesa redonda como en las charlas informales que mantuvo con nosotros al acabar el evento. Aseguró que, tanto sus propias pruebas como múltiples estudios científicos realizados en el último año, han echado por tierra la teoría de que el límite perceptual del cerebro humano rondaría los 120 fps. Por el contrario, las investigaciones más actuales tienden a situarlo alrededor de los 800 Hz.

También nos desveló que habían probado a combinar diferentes velocidades según las escenas, tal y como se supone que funciona nuestra propia percepción. El resultado, no obstante, fue un desastre. “Empezábamos con imágenes a 24 fps. Todo el mundo las aceptaba bien. Luego subíamos a 60 o a 120 fps y, de nuevo, el público se adaptaba. Pero cuando volvíamos a ver las mismas imágenes en 24 fps que al principio nos habían parecido perfectas, la sensación general era que resultaban horribles. Tuvimos que descartar la idea de mezclar velocidades por completo. Esto nos demostró, una vez más, que cuando se trata de la percepción humana las matemáticas no bastan para explicar lo que va a ocurrir”.

Sony F65

Aquí es donde entra en juego el uso de las imágenes de alto rango dinámico (HDR) que se podían obtener con las Sony F65 empleadas en el rodaje. “La imagen estroboscópica que se produce al rodar en 3D a 24 fps es espantosa. Necesitas ampliar el ángulo de obturación para compensar, pero entonces eres incapaz de distinguir la interpretación de los actores. Necesitas mucho más brillo. Tanto en el rodaje como durante la proyección. La cámara, el proyector y la pantalla tienen que cumplir unas condiciones mínimas para que el experimento funcione. El proceso de postproducción requiere un etalonaje diferente para la versión HDR y para las SDR, como es lógico. Pero tener más brillo incrementa el staccato así que tienes que rodar a una cadencia más rápida. Por eso la conjunción de resolución 4K con 3D, HDR y velocidad de 120 fps no es un capricho, sino una necesidad”.

Scot Barbour

Scot Barbour, por su parte, insistió en el reto que supuso este proyecto para el estudio, de principio a fin. Recalcó, al igual que lo hiciera Ang Lee, que lo que les entusiasmó del proyecto -desde el punto de vista tecnológico- era invertir en una película cuyo interés radicaba en la narración y no en una bobina de efectos visuales alargada a dos horas.

Fotograma de la película «Billy Lynn’s Long Halftime Walk» (Ang Lee, 2016)

Durante la presentación pudimos ver los veinte minutos que suponen el clímax de la película. Las instalaciones de la “gran pantalla” del IBC Show permitieron su proyección en 4K, 3D y 120 fps a 180 nits y con sonido Dolby Atmos. A lo largo de los primeros minutos la sensación del espectador es de extrañeza. Los personajes en 3D parecen pegados en un collage. Pero pasado ese tiempo, la inmersión es absoluta (salvando pequeños detalles como alguna peluca o alguna interpretación de reparto no tan afinada). Las secuencias de batalla están rodadas en primera persona, sin alardes, con una sencillez y naturalidad que contrasta mucho con la artificialidad de las que transcurren en el estadio, que son las que producen -con toda intención- la sensación de extrañeza a la que hemos aludido antes. La efectividad del audio es devastadora. También pudimos ver secuencias específicas y pruebas a 24, 60 y 120 fps en 2D. Con independencia de la técnica empleada, es evidente quién está detrás de la cámara y su maestría al narrar una historia personal de opresión y sufrimiento. El talento y el oficio de este equipo es indiscutible.

Fotograma de la película «Billy Lynn’s Long Halftime Walk» (Ang Lee, 2016)

Un último apunte: Sí. Se distinguen muy bien el retroceso de las armas y los casquillos.

Billy Lynn’s Long Halftime Walk» se estrenará en el festival de cine de Nueva York el próximo mes de octubre.

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