La respuesta perceptiva del ser humano –como la del resto de animales– es consecuencia de una prolongada evolución del organismo, paralela con el medio. Durante este proceso se han ido perfeccionando unos mecanismos psíquicos conocidos como “constancias perceptivas” con los que operamos a diario para obtener un conocimiento sensible de la realidad.

Así, a pesar de las continuas variaciones estimulares que captan nuestros sentidos, el mundo exterior permanece estable y en apariencia inalterable. Tales constancias pueden entrar –a menudo– en conflicto con las imágenes en movimiento que captamos con una cámara. Resulta esencial conocerlas para ver en qué medida podemos evitar las diferencias que destruyen la verosimilitud de la narrativa que estemos desarrollando.

A lo largo de la Historia, múltiples teorías han procurado ordenar y explicar estos fenómenos perceptuales. Sirvan como ejemplo:

  1. La teoría asociativa.
  2. La teoría de la Gestalt.
  3. La teoría ecológica de Gibson.

No es nuestra intención abordar ninguna de ellas en profundidad en este artículo. No obstante, con independencia de cuál de ellas se aplique al tema que nos ocupa, existen una serie de pautas coincidentes para las tres escuelas de pensamiento y comprobables de forma empírica.

Max Wertheimer, Wolfgang Kohler, Kurt Koffka y Kurt Lewin, responsables de la teoría de la Gestalt
Max Wertheimer, Wolfgang Kohler, Kurt Koffka y Kurt Lewin, responsables de la teoría de la Gestalt

La principal constancia es la estabilidad del mundo fenoménico, el ámbito de la conducta (tal y como especificaba el psicólogo alemán Kurt Koffka, uno de los padres de la Gestalt) en dos direcciones primordiales, la vertical y la horizontal.

La movilidad de la visión humana es amplia y variada: movilidad del globo ocular, giros de la cabeza, giros de la cintura, movimientos de todo el cuerpo, etc. Todos ellos implican desplazamientos de la imagen en la retina. Sin embargo, el ámbito físico permanece estable en todo momento. Esta constancia del mundo que nos rodea sólo desaparece en circunstancias extraordinarias. Si, por ejemplo, damos unos golpes muy suaves con el dedo al globo ocular, veremos como se desplaza la pauta de nuestro mosaico retiniano ante este estímulo exterior. Con el citado desplazamiento también provocamos que se mueva el mundo que percibimos.

Con el fin de mantener la estabilidad del ámbito de la conducta y de sus direcciones principales numerosas constancias confluyen:

a) La constancia de tamaño. Las cosas mantienen un tamaño invariable en el mundo fenoménico, independientemente de su distancia al sujeto que las observa. Cuando una persona se aleja de nosotros no consideramos que disminuya de estatura aunque su pauta retiniana sea menor. Desde el punto de vista óptico, las dimensiones de los objetos dependen del ángulo que subtienden; geométricamente, al alejarse la cosa el ángulo subtendido es menor, más agudo y, por tanto, la cosa disminuirá como pauta retiniana, pero en el mundo fenoménico permanecerá constante. Un ejemplo clásico, sugerido por Gombrich, consiste en siluetear con un dedo la imagen de la propia cabeza en el espejo del baño empañado por el vapor. Con este sencillo ejercicio podemos comprobar que la superficie delimitada en el espejo no es mayor que una naranja (1).

Sir Ernst Hans Josef Gombrich, historiador de arte británico, aunque de origen austríaco, autor de la ‘Historia del arte’ más canónica en círculos académicos y aún hoy considerada una obra de referencia mundial, a pesar de abundar en opiniones que no han cesado de causar enorme polémica desde su primera publicación en 1950.
Sir Ernst Hans Josef Gombrich, historiador de arte británico, aunque de origen austríaco, autor de la ‘Historia del arte’ más canónica en círculos académicos y aún hoy considerada una obra de referencia mundial, a pesar de abundar en opiniones que no han cesado de causar enorme polémica desde su primera publicación en 1950.

b) La constancia de la forma. La forma de los objetos permanece constante, cualquiera que sea el ángulo bajo el que se contemplen. Una puerta observada frontalmente se ve rectangular y si la contemplamos con cierta oblicuidad permanece rectangular pese a que ópticamente se asemeje más a un trapecio. Del mismo modo, el tablero superior de una mesa se percibe rectangular aunque no se contemple –prácticamente en ningún caso– desde un punto de vista cenital y un disco se verá redondo y difícilmente se interpretará como una elipse.

El maestro Georges Méliès fue pionero, entre tantas otras cosas, del aprovechamiento de la anulación de la constancia de tamaño en una proyección cinematográfica para sacar partido a trucos de cámara tan rudimentarios como efectivos. Transcurrido un siglo, nuestro conocimiento del truco no ha conseguido que pierdan un ápice de su magia… Y a eso, se le llama CINE.
El maestro Georges Méliès fue pionero, entre tantas otras cosas, del aprovechamiento de la anulación de la constancia de tamaño en una proyección cinematográfica para sacar partido a trucos de cámara tan rudimentarios como efectivos. Transcurrido un siglo, nuestro conocimiento del truco no ha conseguido que pierdan un ápice de su magia… Y a eso, se le llama CINE.

c) La constancia del albedo. La luminancia de la superficie de un objeto se mantiene invariable, sea cual sea el tipo o la intensidad de la luz que reciba. Un papel blanco se verá blanco en un rincón oscuro a pesar de la poca luz que refleja hacia los ojos del observador. Un objeto negro será percibido como negro aunque se encuentre a pleno sol (2).

Orson Welles acostumbraba a llevar al límite la constancia de la forma, de modo que favoreciera el avance de la narración. En la imagen, un fotograma de la soberbia ‘Sed de mal’, una auténtica lección de cómo emplear todos los recursos de un cineasta para crear una historia excepcional.
Orson Welles acostumbraba a llevar al límite la constancia de la forma, de modo que favoreciera el avance de la narración. En la imagen, un fotograma de la soberbia ‘Sed de mal’, una auténtica lección de cómo emplear todos los recursos de un cineasta para crear una historia excepcional.

d) La constancia del color. Los objetos no cambian de tono de color aunque se iluminen con fuentes de distinta composición espectral, por ejemplo la luz solar, frente a una fuente de luz artificial cualquiera.

Comparación de la distribución de la potencia espectral (SPD) de diferentes tipos de fuentes de iluminación
Comparación de la distribución de la potencia espectral (SPD) de diferentes tipos de fuentes de iluminación

El conocimiento de la existencia de estas constantes es fundamental para el estudio de la imagen en movimiento y su producción. La acción de las constancias desaparece total o parcialmente en cuanto el sistema visual del sujeto recibe algún estímulo de que lo que percibe no es la realidad exterior sino una imagen materializada en un soporte bidimensional. Este fenómeno acontece de forma inconsciente.

La proyección cinematográfica –aún cuando produzca unas pautas retinianas iguales a las que produciría la visión directa de la realidad– no suele engañar jamás al espectador. La causa es la reducción de las constancias que tiene lugar normalmente, además de por diversos motivos derivados de la estimulación proprioceptiva, por la percepción del plano o soporte en el que se materializa la imagen.


(1) No ponemos en duda que más de un lector considerará discutible esta afirmación, dado que hay cabezas que constituyen auténticos fenómenos de la naturaleza. En cualquier caso, permítasenos alegar en nuestra defensa que, si bien hay cabezas y cabezas, también hay naranjas y naranjas. En ambos casos, la genética es el campo que más tendría que decir al respecto. Nosotros lo dejamos aquí.

(2) La constancia de albedo también funciona como metáfora. Así esa especie -similar en apariencia al ser humano- que se reúne (de vez en cuando) a departir inútilmente sobre las más peregrinas materias en los parlamentos de todo el planeta, sigue siendo incapaz de ver más allá de sus narices aunque les enseñes la luz, con independencia de la composición espectral de esta.

       

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