En las últimas dos entregas de esta serie, nos hemos concentrado en la historia de los primeros días de Panavision como compañía y en sus ópticas anamórficas iniciales, diseñadas para cámaras de 35 mm. A continuación, hablaremos de aquellos juegos que la firma sigue ofreciendo de forma regular en alquiler.

Panavision C series

El primer juego de ópticas anamórficas de esta gama se presentó en 1968. La industria estadounidense –principal foco de negocio de Panavision, tanto entonces como ahora– estaba cambiando lentamente. Toda una nueva serie de directores independientes comenzaban a adoptar una manera de rodar distinta, que había triunfado en Europa desde finales de la década anterior.

Panavision C series.
Panavision C series.

La nouvelle vague –influida en parte por el neorrealismo italiano, pero distanciada de este en su aproximación al uso de la tecnología de rodaje, que consideraban debía ser tan abierta y flexible como las historias que se contaban– sentó las bases. El excelso director de fotografía francés Raoul Coutard marcó un antes y un después en la historia del cine, con su utilización de cámaras ligeras de Eclair y de fuentes de luz natural en la pionera Al final de la escapada (Jean-Luc Godard, 1960). A su lado, las típicas producciones hollywoodienses resultaban alambicadas y carentes de vida.

Raoul Coutard operando la cámara con ayuda del propio Godard tirando de la peculiar "dolly", durante el rodaje de "Al final de la escapada" (Jean-Luc Godard, 1960).
Raoul Coutard operando la cámara con ayuda del propio Godard tirando de la peculiar «dolly», durante el rodaje de «Al final de la escapada» (Jean-Luc Godard, 1960).

Pronto, las Eclair empezaron a abundar en rodajes por toda Europa y cuando su endeble mecánica comenzó a dar problemas, los jóvenes directores echaron mano de las ARRIFLEX IIB y IIC. Tonino Delli Colli modificó una IIB para utilizar el formato Techniscope de dos perforaciones en El bueno, el feo y el malo (Sergio Leone, 1966), que llamó bastante la atención entre los operadores estadounidenses.

Tonino Delli Colli, durante el rodaje de "El bueno, el feo y el malo" (Sergio Leone, 1966).
Tonino Delli Colli, durante el rodaje de «El bueno, el feo y el malo» (Sergio Leone, 1966).

William A. Fraker entendió que esa manera de rodar ofrecía un punto de vista diferente, idóneo para su siguiente proyecto, Bullitt (Peter Yates, 1968), donde combinó las ARRIFLEX con las pesadas Mitchell NC habituales.

“Bullitt” (Peter Yates, 1968) cambió radicalmente la manera de rodar películas de acción en EE.UU. Cuatro años después, William Friedkin y su director de fotografía Owen Roizman elevarían este nuevo paradigma a la categoría de arte en la excepcional "The French Conection" (William Friedkin, 1972): en ambos casos, no obstante, se usaron ópticas esféricas.
“Bullitt” (Peter Yates, 1968) cambió radicalmente la manera de rodar películas de acción en EE.UU. Cuatro años después, William Friedkin y su director de fotografía Owen Roizman elevarían este nuevo paradigma a la categoría de arte en la excepcional «The French Connection» (William Friedkin, 1972): en ambos casos, no obstante, se usaron ópticas esféricas.

Un año después, Dennis Hopper y el mítico director de fotografía László Kovács parirían la película que -con su decidido paso al frente- iniciaría el auge de la contracultura en esa industria. «Easy Rider” (Dennis Hopper, 1969) consiguió -con un eximio presupuesto de apenas 400000 dólares- recaudar más de 41 millones de dólares. Rodada con pequeñas ARRIFLEX de 35 mm y Bolex de 16 mm, era la prueba que los grandes estudios necesitaban para sacudirse el polvo y empezar a invertir como pollo sin cabeza -su manera habitual de actuar- en todo aquello que oliera a “cine independiente” de bajo presupuesto.

"Easy Rider" (Dennis Hopper, 1969) fue responsable del mayor cambio de estrategia de los grandes estudios de Hollywood en décadas. Lamentablemente, este interés no sobreviviría a los 80.
«Easy Rider» (Dennis Hopper, 1969) fue responsable del mayor cambio de estrategia de los grandes estudios de Hollywood en décadas. Lamentablemente, este interés no sobreviviría a los 80.

En Panavision, vieron venir el fenómeno con antelación y decidieron que, si las cámaras ahora iban a ser pequeñas para montarse a hombros de los operadores, había que proporcionarles también ópticas anamórficas más compactas y ligeras. Su serie C fue la respuesta a todo este seismo cultural intercontinental. Basadas en gran parte en la enorme experiencia acumulada por la firma con las Auto Panatar y con sus diseños propietarios para la MGM, los ingenieros aligeraron las ópticas con elementos más pequeños y nuevos revestimientos anti-reflejos.

Tales revestimientos son en parte responsables del flare y de los célebres rayos azules –aún más pronunciados que en los modelos precedentes–. Los cambios graduales en la profundidad de campo y la iluminación uniforme en todo el encuadre se mantuvieron, así como el bokeh oval agradable y la suavidad de los tonos de piel, otorgándole a esta nueva gama esa cualidad “orgánica” que tan en boca de todo el mundo está en la actualidad. Su predecible comportamiento en todas las aperturas de diafragma, aporta una confianza al director de fotografía, de la que se carece con unas Kowa, unas Elite o unas LOMO.

Detalle de las escalas en una óptica anamórfica Panavision C series.
Detalle de las escalas en una óptica anamórfica Panavision C series.

Los juegos actuales han sido readaptados por Panavision con elementos de nueva generación y ajustados para mejorar el rendimiento óptico en gran medida. Con esta gama actualizada, es posible igualar su aspecto con el que obtenemos con las series E, G, Primo Anamorphic o T. Además, la empresa ofrece numerosas versiones personalizadas con mejoras en el flare y en la distancia mínima de enfoque. La alta costura a medida siempre tuvo y tendrá sentido, para quienes pueden permitírsela.

"El último testigo" (Alan J. Pakula, 1974) supuso uno de los trabajos más audaces de Gordon Willis -y eso es decir mucho-. Utilizó todo el potencial de las Panavision C series para reforzar el ambiente de paranoia en el que se desenvuelve este thriller tan psicológico como político.
«El último testigo» (Alan J. Pakula, 1974) supuso uno de los trabajos más audaces de Gordon Willis -y eso es decir mucho-. Utilizó todo el potencial de las Panavision C series para reforzar el ambiente de paranoia en el que se desenvuelve este thriller tan psicológico como político.

Existen 9 distancias focales dentro de esta gama: 30, 35, 40, 50, 60, 75, 100, 150 y 180 mm. Como es habitual en las ópticas anamórficas de esos años, la consistencia del juego –en lo que respecta a algunas de sus características– brilla por su ausencia. La apertura máxima de diafragma es de T2,3 en las 35 mm y 50 mm, de T2,5 en la 75 mm, de T2,8 en las 40 mm, 60 mm, 100 mm y 180 mm, de T3 en la 30 mm y de T3,5 en la 150 mm. La distancia mínima de enfoque es de 76,2 cm en las 40 mm y 50 mm, de 83,8 cm en la 35 mm, de 1,07 metros en la 60 mm, de 1,22 metros en la 30 mm, de 1,37 metros en las 75 mm y 100 mm, de 1,52 metros en la 150 mm y de 2,13 metros en la 180 mm. El diámetro frontal es de 84,1 mm en la 75 mm, de 93,7 mm en la 60 mm, de 95,3 mm en las 100 mm, 150 mm y 180 mm, de 101,6 mm en la 40 mm, de 104,8 mm en la 50 mm, de 111,1 mm en la 35mm y de 114,3 mm en la 30 mm.

"Blade Runner" (Ridley Scott, 1982) es todavía hoy, la película más influyente de que ha llegado a conocerse como ciberpunk. El trabajo de Jordan Cronenweth con las Panavision C series en el film marcaría la estética del movimiento para siempre.
«Blade Runner» (Ridley Scott, 1982) es todavía hoy, la película más influyente de que ha llegado a conocerse como ciberpunk. El trabajo de Jordan Cronenweth con las Panavision C series en el film marcaría la estética del movimiento para siempre.

Los pesos y dimensiones de la gama C también recuerdan al ejército de Pancho Villa. Vistos desde la perspectiva actual, no parecen objetivos muy ligeros, pero debemos recordar que las ópticas anamórficas de la época eran auténticos mamotretos. La 30 mm mide 13,3 cm y pesa 2,2 kg. La 35 mm mide 15,2cm y pesa 2,4 kg. La 40 mm mide 11,7 cm y pesa 1,7 kg. La 50 mm mide 14,6 cm y pesa 2,4 kg. La 60 mm mide 15,57 cm y pesa 1,8 kg. La 75 mm mide 14,1 cm y pesa 1,6 kg. La 100 mm mide 19,8 cm y pesa 2,1 kg. La 150 mm mide 25,7 cm y pesa 3,1 kg. Por último, la 180 mm mide 31,4 cm y pesa 3,6 kg.

El aspecto icónico que proporcionan las Panavision C series también se emplea a menudo para evocar una determinada época. Robert Elswit supo lograr esa evocación de foma inmediata en "Boogie Nights" (Paul Thomas Anderson, 1997).
El aspecto icónico que proporcionan las Panavision C series también se emplea a menudo para evocar una determinada época. Robert Elswit supo lograr esa evocación de foma inmediata en «Boogie Nights» (Paul Thomas Anderson, 1997).

En conjunto, las Panavision C series siguen teniendo demanda a causa del aspecto icónico de sus imágenes y de que la compañía mantiene sus unidades actualizadas y en perfecto estado de revista. No obstante, en nuestras siguientes entregas veremos que la propia Panavision ofrece otras opciones que combinan lo mejor del look retro de la gama C con unas prestaciones superiores.

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