Los sensores de imagen captan la luz incidente en su superficie, que luego deben procesar y almacenar para poder posteriormente obtener una imagen visible. En fotografía digital, toda esta información se guarda en los ficheros RAW, que luego, una vez «revelados», dan lugar a ficheros de imagen, comúnmente en formato JPEG.

Pese a que muchas veces este proceso se realiza de forma transparente para el usuario final, analizar con detenimiento sus detalles es importante para poder entender las limitaciones de cada una de las etapas de este proceso de almacenamiento de los datos del sensor y la posterior creación de las imágenes, y no solo desde el punto meramente técnico, pues detrás de los ficheros RAW se esconden complejos entresijos.

Sensor Sigma Foveon X3
Detrás de cada sensor y de su correspondiente fabricante, existe un forma distinta de almacenar los datos, cada una de ellas con su complejidad particular, que dará lugar a «revelados» diferentes
Tipos de ficheros RAW
Existen tantos tipos de ficheros RAW como tipos de sensores

Los ficheros RAW no son, de hecho, ningún formato de imagen como tal, sino una forma de guardar la información «bruta» –tal como su propio nombre indica en inglés– del sensor de imagen, sin procesar. Los ficheros RAW no son, pues, «imágenes», sino ficheros de datos cuya correcta interpretación dará lugar a una imagen que, para ser vista como tal, debe ser convertida primero a un formato de fichero de imagen, como JPEG o TIFF.

Se trata de un matiz importante, pues al tratarse de datos, su interpretación y procesado es crítico, y dará resultados muy diferentes dependiendo del procesado digital que se siga. De hecho, no existe un estándar para el a veces llamado –por abuso de lenguaje– «formato RAW», puesto que cada fichero RAW depende del fabricante del sensor en cuestión y, por tanto, existen tantos «formatos de RAW» como tipos de sensores hay en el mercado.

Es por este motivo por el cual cada fabricante debe proveer de los algoritmos necesarios para «entender» el correspondiente fichero RAW propietario y poder así utilizarlo en reveladores de software –como Adobe LR o Capture One–. Si bien es cierto que existen intentos de promover un «RAW estándar«, la tarea no es tan sencilla como pudiera suponerse en un principio, al menos desde un punto de vista meramente técnico.

El formato Adobe DNG
El formato Adobe DNG es un intento de proponer un formato «RAW estándar»

El Adobe DNG (Digital NeGative) es seguramente el caso más conocido, y trata de proponer un formato común para todos los fabricantes de cámaras para que puedan entenderse entre sí. Si en primera aproximación, la idea parece tentadora –sobre todo para los usuarios finales–, el DNG no ha cosechado el éxito esperado. Los motivos son varios, y la mayoría de ellos no son técnicos. Uno de ellos es debido seguramente a los recelos de los grandes fabricantes de cámaras y sensores, que tienen miedo a perder parte del control que tienen sobre el proceso en sí, y es que, los ficheros RAW «esconden» mucha información, y se aplican muchas más correcciones de lo que a priori se podría imaginar.

Trabajando con DNG en Adobe Lightroom
El resultado final dependerá mucho del programa de revelado utilizado, así como de los «pre-cocinado» que esté el fichero RAW que utilicemos

Como ocurre con los negativos de película, los ficheros RAW no pueden ser modificados –de ahí el nombre de «negativos digitales» con el que también se conocen estos ficheros, y motivo por el cual se suele utilizar muchas veces como prueba de la autoría de una imagen–. Se trata pues de ficheros de datos sin procesar. Sin embargo, como ya dejamos constancia en nuestro artículo Sobre lo crudo y lo cocido, los fabricantes de cámaras hacen a veces «trampa» y, en acuerdo con las compañías de los reveladores de software más conocidas, realizan un procesado «previo» en sus RAW para poder corregir limitaciones de las ópticas. Hablamos de trampa en el sentido que aquellos usuarios que realizan grandes inversiones en objetivos deben ser conscientes de que parte de la supuesta calidad de los mismos –en cuanto a correcciones ópticas– no son realizadas por el buen diseño de estos objetivos, sino por los ficheros RAW «pre-cocinados».

Hablamos de trampa en el sentido que aquellos usuarios que realizan grandes inversiones en objetivos deben ser conscientes de que parte de la supuesta calidad de las mismas –en cuanto a correcciones ópticas– no son realizadas por el buen diseño de estos objetivos, sino por los ficheros RAW «pre-cocinados».

Está claro que los fabricantes no van a ceder el control de sus RAW fácilmente, pues ven una posible restricción de su libertad «creativa» –cáptese la ironía– y el hecho de que el «estándar» DNG sea promovido por una compañía privada como Adobe no ayuda tampoco a que sea abrazado con gran entusiasmo por los susodichos fabricantes. Por otro lado, el Adobe DNG no es un estándar como tal, aunque se trata de un formato de fichero abierto y su especificación, disponible para ser usada por toda la comunidad, ha sido remitida a la ISO para su estandarización, como variación del formato TIFF.

Open RAW
El Open RAW, ¿una utopía?

Existes movimientos como el Open RAW que abogan por desarrollar un RAW universal –y no otro tipo de RAW que requiera una conversión complementario como el actual DNG de Adobe, tal como se comenta en este interesante artículo–, un RAW que debería llegar a través de un entendimiento –hoy en día utópico, a nuestro parecer– entre los diferentes actores. Sin embargo, se trata de un problema real, sobre todo en lo referente a uno de los inconvenientes más grandes que existen sobre los ficheros RAW hoy en día: encontrar una forma eficiente de luchar contra la obsolescencia futura de los archivos, en otra palabras, de promover la preservación digital de la imagen.

2 Comentarios

  1. La conversión de color y la gestión del ruido son factores que evidencian que es insuficiente un gestor de raw comodín tipo Adobe, por experiencia noto diferencias evidentes en los resultados obtenidos.
    Otro factor afavor del conversor nativo es la gestión de corrección de aberraciones propias de las lentes compatibles.
    La normalización o estandarización de los archivos RAW serían un paso hacia atrás en ese aspecto.

    • Gracias por tu comentario G.M.P. Efectivamente, los resultados varían mucho en función del «revelador» utilizado. La estandarización del formato RAW es, de hecho, un arma de doble filo. Si bien es cierto que, como comentas, normalizar puede ser un paso atrás en algunos aspectos –al tratar, por ejemplo, de homogeneizar un tipo de archivo RAW para todos los sensores–, una estandarización también aporta ventajas innegables en aspectos como la compatibilidad y la «conservación» a largo plazo de los ficheros digitales. En casi todos los sectores de la ingeniería, por ejemplo, la estandarización de los protocolos es una pieza fundamental para en el avance de los sistemas complejos donde interactúan multitud de actores. Como casi siempre, se trataría de encontrar un compromiso razonable entre prestaciones y flexibilidad. Un saludo.

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