La reciente presentación de las Sony A7 y A7R (*), dos cámaras CSC, de las llamadas también «sin espejo», de formato 24x36mm, ha caído como una bomba en la industria fotográfica, y no es para menos. El tamaño de las cámaras es realmente pequeño, y más si consideramos el del sensor. El precio, muy competitivo. Dejando a un lado las Leica M, muchísimo más caras, nadie había ofrecido ese formato en un sistema tan poco voluminoso, con esas prestaciones y a ese precio.

El impacto sobre los futuros productos de otras marcas y los precios de los actuales será –está siendo ya- muy fuerte. La presión se dejará sentir sobre las réflex más asequibles con sensores 24×36 mm y sobre los sistemas sin espejo basados en formatos menores, ya sean APS-C o micro 4/3. Éstos últimos parecen no tener más opción que ajustar los precios. Pero las réflex «de paso universal» tienen otras posibles respuestas.

Dos conjuntos equivalentes a una cobertura de focal 70-200 mm f/2,8. A la izquierda sobre una Canon 5D Mark III y a la derecha sobre una Lumix G para micro 4/3 © Albedo Media, S.L.

Una pasa por ofrecer cuerpos de cámara mucho más pequeños, y veremos sin duda esta tendencia materializada muy pronto. Cámaras de entrada de gama –en formato 24×36- como la Canon 6D o la Nikon D610 son relativamente grandes y pesadas comparadas con las nuevas Sony. La precisión o la velocidad de enfoque y, sobre todo, la calidad de imagen en sí misma no tiene por qué ser muy diferente. Una vez igualados, en lo posible, los tamaños, y en ausencia de otras diferencias sustanciales, tendrían que mantenerse muy cercanos los precios.

Pero… las réflex tradicionales, precisamente por su mayor distancia de registro, o distancia entre montura y sensor, para entendernos, abren la posibilidad de marcar diferencias en la calidad de imagen potencial, haciendo de la necesidad virtud. El menor ángulo de incidencia de la luz sobre los bordes del sensor en los sistemas tradicionales réflex permitiría el empleo, en un futuro no muy lejano, de sensores con “pozos” más profundos de lo normal. Hablamos, claro está, de sensores multicapa, como el Foveon de Sigma. Existen sensores de este tipo en el mercado, en formato APS-C, con tamaños de imagen de 15 millones de píxeles (sin interpolación de colores), por lo que, escalando al formato 24×36 milímetros nos iríamos a 30 millones sin interpolaciones, nada menos-

El lector podría preguntarse si no sería posible un uso generalizado de este tipo de sensores en cámaras sin espejo, con distancias de registro mucho menores. En realidad sí, en teoría, dado que la distancia de registro no es determinante de por sí del ángulo de incidencia de la luz sobre el sensor. El diseño del objetivo, y más concretamente la localización y diámetro de la pupila de salida, es la clave. Vamos a tratar de explicarlo.Imaginemos que iluminamos el interior de un tubo colocando una fuente de luz en un extremo, y con la luz que sale por el otro extremo iluminamos a su vez una superficie desde una determinada distancia. La pupila de salida sería el final del tubo en este caso. Desde ahí la luz “sale”, dispersándose, para formar sobre la superficie un círculo de luz de mayor diámetro que el del tubo en sí mismo. Ese círculo proyectado, en el caso de una cámara fotográfica, debe tener un tamaño determinado: el suficiente para cubrir un rectángulo en su interior, como, por ejemplo, un sensor de 24 por 36 milímetros.

© Imagen cortesía <a href="https://toothwalker.org/optics/vignetting.htm">toothwalker.com</a> que hace un estudio muy interesante sobre el viñeteado<br />
© Imagen cortesía toothwalker.com que hace un estudio muy interesante sobre el viñeteado

Dejemos pues, en nuestra imaginación, constante ese tamaño. Cuanto más alejamos el tubo de la superficie, menor es el ángulo de incidencia de los haces de luz en los bordes del círculo. Por otro lado, si acercamos mucho el tubo a la superficie a iluminar, pero aumentamos su diámetro, la luz formará el círculo que necesitemos con escasa inclinación de los haces en los bordes del mismo.

Los lectores habrán adivinado ya que la posibilidad de jugar con esas dos variables está relacionada con el diámetro de la montura. Podemos compensar una corta distancia de registro “empujando” la pupila de salida lejos del sensor, y tratando de aumentar su diámetro, mediante procedimientos ópticos. Pero una montura “estrecha” supone una fuerte restricción a la aplicación de esa solución.

Aunque parezca mentira, salvo contactos y detalles menores, la montura de una Nikon D800 actual es la misma (y compatible) que la de la Nikon F original de 1963. También es cierto que el tamaño de las cámaras digitales se ha vuelto desproporcionado  © Albedo Media, S.L.

La montura F de Nikon es relativamente pequeña (44mm de diámetro), pero está muy alejada del plano focal (46,5mm); Canon tiene una montura muy grande (54mm), aunque la distancia de registro es algo menor (44mm); Sony, para sus réflex heredadas de Minolta, trabaja con 49,7mm de diámetro y 44,5mm de distancia; mientras que las Leica telemétricas tienen una montura pequeña (44mm) y una muy corta distancia de registro (27,8mm), planteando muy serios problemas en los bordes de los sensores, especialmente con ópticas antiguas angulares.

…y ello obliga, para empezar, a emplear microlentes «offset» sobre los fotodiodos,  esto es, desplazadas de centro a esquinas. Cortesía Sonyalfarumors
En esta imagen, puede apreciarse la muy justa relación entre diámetro de montura y sensor de 24×36 mm en la nueva Sony A7R. La corta distancia entre montura y plano focal –flange distance– resulta asimismo, evidente.

El caso de Sony con las nuevas A7 y A7R es sorprendente porque, aún siendo un sistema moderno, tendrá que desarrollarse bajo condiciones ciertamente difíciles: 46mm de diámetro y 18mm de distancia. Ello no sería problema con un formato APS-C (Fujifilm basa su sistema X en 44mm de diámetro y 17,7mm de distancia) o Cuatro Tercios (Olympus y Panasonic, respectivamente, 44mm y 20mm), pero sí con un formato 24×36 que exige un círculo de luz mucho mayor.

Con un formato grande a cubrir, de 24×36 mm, el viñeteado acecha: toma de una superficie uniformemente iluminada mediante un objetivo 28-70 mm f/2,8 de alta gama y una DSLR® profesional igualmente de alta gama © Albedo Media, S.L.

Las dificultades del sistema de Sony no serán inferiores a las que se ve obligada a afrontar Leica, que trabaja con una herencia que se remonta a los años 50, y por ello no debe extrañarnos que ambas compañías recurran a las mismas soluciones: filtros especialmente delgados y microlentes sofisticadas sobre el sensor, correcciones por software, diseños basados en el retrofoco para angulares (más grandes), etc. Por este motivo Olympus insistía en tener una montura de diámetro doble al de la diagonal de su formato (y por este motivo sus sensores parecen tan pequeños cuando retiramos el objetivo).

La estructura de un sensor tricapa Foveon (arriba) es más parecido al de los soportes fotoquímicos que la de la pauta Bayer. © Foveon/Albedo Media
La estructura de un sensor tricapa Foveon (arriba) es más parecido al de los soportes fotoquímicos que la de la pauta Bayer. © Foveon/Albedo Media

Quizá pueda entenderse ahora mejor por qué es muy difícil que podamos ver a corto plazo sensores multicapa en sistemas con sensores 24×36 como los de Sony o Leica, siendo mucho más fácil en las réflex clásicas. El lector avispado pensará que ya existen sensores Foveon en cámaras sin espejo: las compactas DP de Sigma. Cierto, pero aquí, como en la RX1 de Sony, los ingenieros no tienen que atarse a una montura y pueden emplear un diseño óptico tan próximo al sensor como deseen, pero aumentando a cambio con gran libertad el diámetro y la posición de la pupila de salida. Cuando hay una montura para ópticas intercambiables de por medio esa libertad se puede llegar a ver fuertemente limitada.

Obviamente, la tecnología avanza, pero también es obvio que requiere tiempo. Y ese es el tiempo de margen que tienen las réflex de formato 24×36 –quizás también las CSC o sin espejo para formatos menores- para aprovecharse de las ventajas que ofrecerían sensores multicapa. Éstos son funcionales a día de hoy, como sabemos por el Foveon, cuyo desarrollo no ha contado con los deep pockets de las grandes de la electrónica. Nos preguntamos qué tendrán en cartera Canon, Sony o Nikon, y aventuramos que en algún momento el salto ocurrirá.

De momento, para empezar, el terremoto provocado por Sony va a conducir a un mayor desarrollo de productos basados en el formato 24×36 mm. Ello puede tener como consecuencia la progresiva desaparición –o adormecimiento- de líneas de producto con formatos menores, especialmente en aquellas marcas que usan una misma montura para dar soporte a dos sistemas, como Canon, Nikon (o la propia Sony). Esto no es un pronóstico astrológico: ya se empiezan a captar señales que apuntan a ello, ¡a pocas horas de la presentación de las nuevas Sony! Del segundo cambio esperado, la aparición y proliferación de cámaras réflex de formato 24×36 mm mucho más pequeñas y asequibles, ya se han puesto en circulación, oportunamente, rumores. De ambas cosas dábamos cuenta hace poco. Para el tercer gran cambio –cámaras réflex de gama alta con sensores de nueva generación- habrá que esperar todavía un poco.

       

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