Tras nuestra estancia en Nueva York, ponemos rumbo a Tokio. Dos ciudades en las antípodas culturales con interesantes puntos de unión y muchos contrastes.

Salvo que conste lo contrario, todas las imágenes © Albedo Media

No es la primera vez, ni tal vez la última, que hablamos sobre la sociedad japonesa, sus nexos con occidente o sus grandes distancias. Ante el tropel de publicaciones que existen sobre el tema, Japón es trending topic para los occidentales desde mucho antes de la era internet, por ello intentamos no caer en estereotipos y verter nuestras -aún neófitas- experiencias con el máximo respeto.

Akihabara y su elenco de luces, colores y siluetas

A lo largo de todo el 2013 y 2014 numerosas exposiciones en España nos recuerdan lo mucho que nos atrae la tierra del sol naciente. Quizá por la curiosidad innata que genera la diferencia, pues históricamente han sido muchos los que se dejaron seducir por sus encantos.

De Yokohama al mundo

En torno a 1860, mientras media Europa se deleitaba con las exquisitas xilografías japonesas de Hokusai o Utamaro, el fotógrafo y comerciante veneciano, nacionalizado británico Felice Beato, (Felix Beato dependiendo de la fuente de consulta) inicia sus conocidas series fotográficas, con un marcado carácter costumbrista, sobre Japón y su cultura.

Junto a Charles Wirgman, al que había conocido durante su cobertura de la Segunda Guerra del Opio, forma en Yokohama la sociedad Beato & Wirgman, Artists and Photographers, comercializando y exportando dichas imágenes.

En su mayoría, negativos de vidrio al colodión húmedo positivados sobre papel albuminado, con aportaciones manuales de color, mediante primorosas veladuras de acuarela.

«Ejecución por decapitación en Japón», 1860. Felice Beato

Al margen ya de Wirgman, las fotografías realizadas en Japón alcanzaron pronto la fama internacional bajo verdaderas cadenas de producción de imágenes en su taller de Yokohama. Emplea a fotógrafos y múltiples coloreadores locales, curtidos en el mundo del ukiyo-e, impulsando una corriente estética, conocida posteriormente como escuela de Yokohama.

Fotografías de temática oriental realizadas desde ojos foráneos, que no estaba exentas de clichés. Recreando para gusto del extranjero la cosmovisión de una etapa feudal (Periodo Edo) que paradójicamente estaba a punto de extinguirse en Japón a manos de la Restauración Meiji.

Entre otros hitos, a Felice Beato se le atribuye una de las pocas panorámicas por fotocombinación, de Edo, antiguo Tokio, fechada alrededor de 1864 – 1865.

Panorama of Yedo from Atagoyama. (Panorámica de Edo, antiguo Tokio), 1864-65. Felice Beato. Clicar para ampliar

Y es que para hablar de Tokio y su relación con el extranjero es necesario primero hablar de Yokohama, uno de los enclaves fundamentales en la apertura de Japón al exterior.

La entrada del comodoro americano Matthew Perry en Yokohama en 1853 y posterior negociación del tratado de Kanagawa firmado en 1858, permitía al fin la presencia extranjera en los puertos de Nagasaki y Kanagawa.

Puerto principal del país desde 1858, Yokohama permitió tras el tratado de Kanagawa la presencia extranjera. Iniciando una importante apertura hacia el exterior.

No es por tanto casualidad que décadas después, en el mismo lugar, desembarcara un curtido redactor tuerto e introvertido, con el objetivo de realizar una serie de artículos sobre Japón para The Harper’s Magazine.

Del periodo Edo a la restauración Meiji, cambiando de calzado,  de camino a la modernidad.

Imaginemos ahora en pleno siglo XIX a un tal Koizumi Yakumo, felizmente casado, recordando los días en que se despidió de la revista americana que le daba sustento, comenzó a dar clases de inglés, adoptó la nacionalidad japonesa y finalmente… cambió su nombre.

Lafcadio Hearn, aka koizumi Yakumo, es aún hoy un autor de referencia. Quizás, dentro de los escritores extranjeros de época, el que trató con más respeto y menos colonialismo cultural a Oriente. Propio del amor a esta tierra que le dio la acogida que occidente le negaba, son impagables por ejemplo algunos pasajes de Kokoro. Ecos y Nociones de la Vida Interior Japonesa.

Japón 1958, fascinante retorno al pasado en el museo del ramen. Con sus callejones estrechos…recortados contra un Kitsch cielo pintado.

Refugiado en la sombra de un pasado que se diluía por la omnipresente luminosidad de occidente Junichiro Tanizaki, condensaba en 1933 su disconformidad con las imposiciones culturales que -en excusa de la modernidad e industrialización- modelaban su país. En un ambivalente proceso de pérdida y búsqueda de una nueva identidad.

Sin ser excluyente, la modernización de Japón supuso para otros un cambio necesario tras un periodo demasiado largo de estatismo y marcada estratificación social.

Lastrado por su tradición o impulsado por la occidentalización, la progresiva entrada de gaijines, sustanciales cambios políticos en la sociedad y una imparable tecnificación, hicieron florecer a una nueva potencia mundial con ambiciones expansionistas.

Sobre los sustratos anteriores, la rendición del cuarenta y cinco, ocupación por las fuerzas aliadas y posterior recuperación de Japón en el cincuenta dos como estado independiente, conformaron las bases de la sociedad nipona actual. Una de las más originales sinergias entre tradición, orgullo y tecnología.

Yokohama, puente entre culturas en el pasado, paraíso turístico del siglo XXI.

Cuentos de Tokio aparte, podemos transitar una magnífica instantánea de los años cincuenta de dicha ciudad en el museo del ramen de Yokohama. Puente entre culturas en el pasado, Yokohama es hoy paraíso del entretenimiento y turismo Kitsch.

Precursora de la apertura al extranjero del resto del país, Yokohama despliega en la actualidad una oferta casi infinita de ocio para la clase media

Gambaru – Trabaja duro, rendirse jamás

Los japoneses comparten en cierta manera con los norteamericanos su devoción por el trabajo así como un fuerte sentido de pertenencia, son dos culturas diferentes que en los extremos acaban por tocarse. Sin embargo matices fundamentales los separan radicalmente tanto en concepto como en forma.

En Nueva York, prevalece la lucha individual, una carrera de fondo solitaria donde destacar es la guía de supervivencia, donde «el otro» es un espejo contra el que medirse. Un sistema de motivación claramente individualista, feroz y eficaz, para una cultura que aún  concilia sus ideales bajo el sueño americano de la autosuperación. Hazlo tu mismo, hazlo más grande, hazlo mejor…

 

El trabajo sigue siendo para todo japonés una responsabilidad superior a su contraprestación económica.

En Tokio, la jornada laboral promedio puede superar las cuarenta horas laborales y los cinco días a la semana. Con más de dos horas diarias de tránsito del lugar de trabajo hasta el hogar. De las dos semanas de vacaciones anuales es muy probable que el trabajador nos use su totalidad, en representación de su compromiso con la empresa.

Aún cuando los contratos vitalicios empiezan a ser un símbolo de otra época. El trabajo sigue siendo para todo japonés una responsabilidad superior a su contraprestación económica. Un estilo de vida asociado al orgullo de realizarlo con excelencia.

Gambaru, kanji (ideograma) derivado de la frase ware ni haru – exponer o promover una posición o una actitud- se usa de manera convencional para referirse a la perseverancia, la tenacidad. En la actualidad Gambaru se asocia al concepto «trabajar duro, rendirse jamás».

Esto se demuestra además de una manera totalmente diferente a occidente, diametralmente opuesta al sistema americano. Un perfecto y silencioso sistema de engranajes donde cada eslabón despeña su función en premeditado anonimato. Ambición, exigencia, perfección, desempeño… adjetivos normalmente adheridos a la persona, se adjudican aquí al colectivo, en aras del beneficio de la comunidad.

El orden y armonía de la comunidad prevalece sobre los interés del individuo

No debemos confundir cohesión social con igualdad. A pesar de su evolución democrática, la sociedad japonesa es aún vertical y protocolaria. Sendas normas tácitas mantienen la armonía y el orden, dos conceptos inseparables en la vida de cualquier japonés.

Una sociedad que compartimenta meticulosamente sus deseos, su intimidad, su estado de ánimo… todos los roles imaginables de una persona, expresados corporalmente en el ángulo de una reverencia.

Como su idioma, el lenguaje corporal japonés es refinado y complejo

Monomane – Hacer mímica

En contraposición a la originalidad como paradigma de la evolución, la mimesis parece ser la clave del éxito del pueblo japonés.

El puente Ōhashi en Atake bajo una lluvia repentina, 1857. Utagawa Hiroshige

Cual ave Fénix emergió hasta posicionarse como tercera potencia económica a nivel mundial, puesto que mantiene en la actualidad detrás de Estados Unidos y China (PIB).

157 años después, otros se siguen enfrentando a las adversidades

Lejos de ser una simple fórmula de réplica y miniaturización de la tecnología americana durante la ocupación del archipiélago, la esencia del término Monomane se centra en el aprendizaje a través de la imitación, usando la empatía como catalizador.

Los japoneses, en su estructura de pensamiento colectivo, caminaron juntos como nación, enfrentándose a todas las adversidades, imitando, aprendiendo, mejorando a cada paso.

Análogo al flujo vital que atraviesa a diario el cruce peatonal de Shibuya, un inagotable torrente de actividad económica levantó el país tras la segunda guerra mundial, potenciando su competencia internacional.

Miles de personas atraviesan a diario el cruce peatonal de Shibuya.

Por radical que parezca, similares conceptos de uniformidad operan en muchos planos de la sociedad japonesa, desde lo físico a lo mental. Entre los vestidos tradicionales (kimono) o las más caprichosas modas pasajeras de las tribus urbanas, la necesidad de pertenecer a un colectivo y acatar sus códigos prevalece.

Incluso las parafilias más surrealistas que podamos imaginar, se rigen por un orden interno muy estricto, previamente tipificado y consensuado (tocar, no tocar, mirar, oler, etc.), en vías de garantizar de algún modo la armonía social.

Hasta las más caprichosas modas pasajeras de las tribus urbanas, tienen su orden y armonía

No obstante al parecer, ni todos los cuerpos ni todas las mentes llevan bien este formateo global de la personalidad. Aunque la cifra ha bajado de manera considerable en los últimos años, Tokio sigue siendo una de las capitales con mayor tasa de suicidio.

A ojos occidentales, unido a la desigualdad de género, representan los mayores conflictos derivados de la rigidez social, como también han expuesto muchos creadores japoneses a lo largo de la historia.

Tokio sigue siendo una de las capitales con mayor tasa de suicidio. Personas en muchos casos, rodeadas de soledad

Made in Japan

Curiosamente, en búsqueda de esa mimesis y al amparo de lo anterior comentado, la cultura japonesa resulta extraordinariamente diferente, con muchas dualidades made in Japan que serían difícilmente transportables lejos de sus fronteras.El Sintoismo y el Budismo conviven como religiones oficiales del estado, sin requerimientos de poder de una sobre la otra, sin luchas entres sus fieles. Los templos de hecho suelen compartir espacios de oración, dando una soberbia lección espiritual para el resto del planeta.

La religión es una de las muchas dualidades japonesas que tanto sorprenden

El tren es por antonomasia su medio de transporte fetiche. Pseudo Hogar donde dormir plácidamente a primera hora gracias a una tentadora calefacción bajo los mullidos asientos. Donde, con un simple giro de los mismos, tendremos un magnifico comedor improvisado para cuatro personas. Ideal para compartir un obentō entre amigos o mantener una animada charla… más que un medio de transporte, parece el destino en sí mismo.

Más que un medio de transporte, el tren en Japón es un lugar de convivencia

Las mascotas son en términos generales incompatibles con los espacios reducidos de la capital japonesa,  las soluciones propuestas para tenerlas  – aunque sólo sean unas horas – son cuanto menos ingeniosas.

Un Pato con patucos, la mascota portable del momento…
Los perros de gran tamaño no son comunes en las casas particulares, se pueden sin embargo alquilar por horas.

Uno de los modelos más exportados es el Pet Bar, donde se nos marca desde un inicio las normas. Lavarnos obligatoriamente las manos antes de tocar a los gatos para prevenirlos de enfermedades – estamos en un Cat -bar – y no atosigarlos, recordando que estamos en su territorio. Por momentos parecería que somos nosotros los que les hacemos compañía.

Por favor, lávese las manos antes de tocas a los gatos
Cat-bar, uno de los modelos «pet friendly» más exportables

Estantes repletos de película fotoquímica en Yodobashi Camera introducen la siguiente dualidad, antagónica sólo desde las cortas miras de occidente. Libre de estériles disputas entre lo analógico o lo digital, la sociedad japonesa demuestra verdadera pasión fotográfica, ofreciendo una extensa biodiversidad de técnicas y materiales al servicio de la estética fotográfica. Sin confundir los medios con el fin, como en tantas ocasiones ocurre por nuestras tierras.

¿Fotografía analógica o digital? En Yodobashi Camera ambas, sin duda

Una última sorpresa nos esperaba en la isla artificial de Odabia, pasado el puente del arco iris, en la moderna bahía de Tokio. Dos importantes monumentos, réplica de los ideales de una sociedad, se alzaban desafiantes.

Réplica 1:1 de uno de los robots (mecha) de Gundam, famosa serie de anime.

Recortando el horizonte de manera desconcertante, vemos primero cómo una versión a escala de la estatua de la libertad, con su sublime carga histórica y bastante mermada en tamaño mira con cierto pavor al frente.Al otro lado, un descomunal robot de la serie de anime Gundam muestra su pletórico arsenal a escala natural, y lejos de ser una versión estática, demuestra cierta funcionalidad en momentos marcados del día, agitando la imaginación de alguno de los presentes.

¿Cuánto tardará este inmenso robot en ajustar cuentas con la bella dama franco americana que tiene al lado?

En la Bahía de Tokio, mismos símbolos para distintas culturas

Dos «estatuas de la libertad» con las que condensar a la perfección este viaje cultural entre oriente y occidente.

       

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