A nuestra llegada, el sol invernal de media mañana atraviesa las ventanillas del coche que hemos alquilado hace un par de horas, acariciando apenas el cristal. Brilla intensamente, pero no calienta. Aparcamos sin dificultad en una plaza del pequeño polígono industrial, en apariencia desierto, al que nos ha guiado –por una vez, con exactitud– el ubicuo GPS. Durante el trayecto desde el aeropuerto de París-Orly, el hormigón, el tráfico congestionado y las nubes amenazando lluvia han ido transmutándose en praderas verdes, carreteras desiertas y ese cielo azul tan saturado que ahora domina el paisaje.

Verneuil-Sur-Avre
Verneuil-Sur-Avre

Las afueras de la villa de Verneuil-Sur-Avre, no resisten una comparación medianamente lúcida con el propio pueblo, tachonado de joyas de la arquitectura medieval que recuerdan un pasado más vibrante –apenas quedan seis mil habitantes de los más de veinte mil que llegó a tener–. Allí persisten –impolutas– sus siete iglesias, sus numerosos palacetes del siglo XVIII o el entramado de madera –cuidadosamente conservado– de las paredes en muchas de sus casas. El fantasmal extrarradio cuenta, no obstante, con una sala de conciertos de excelente acústica situada en un antiguo silo, que ahora almacena notas musicales en lugar de granos. Para el visitante convencional no hay nada que ver en este rincón perdido de la Alta Normandía, máxime cuando la belleza abunda por doquier alrededor del prístino pero inane edificio de planta rectangular al que nos encaminamos. Incluso entre los profesionales del sector, pocos podrían imaginar que detrás de esas puertas se encuentra la sede del fabricante de monitores de campo de alta gama más destacado del mercado.

Hermann Simon.
Hermann Simon.

Fue un economista alemán –Hermann Simon– quien popularizó el término “campeón oculto” en 1996, ahondando en un fenómeno clave para entender la inequívoca prevalencia global como potencia exportadora de su país. Simon demostró con datos irrefutables lo que medio mundo sospechaba. El poder económico germano y el grueso de sus exportaciones no se basa en el producto de las grandes multinacionales conocidas por el gran público –Volkswagen, Siemens, BASF, Bosch u otras– sino en multitud de pequeñas y medianas empresas –muchas de ellas familiares–. Se trata de fabricantes de productos desconocidos por el grueso de la población mundial, pero que lideran los nichos de mercado a los que se dirigen y –por ende– gozan de enorme rentabilidad. Aunque sus beneficios totales no parezcan extraordinarios en comparación con el de las grandes corporaciones, la relación coste-beneficio es muy superior al de estas últimas. Además, la mayoría de sus ventas tienen lugar en el extranjero.

Logo de Transvideo.
Logo de Transvideo.

Existen una serie de condiciones necesarias para que una firma sea considerada como campeón oculto. A saber:

  • Ventas anuales de menos de tres mil millones de euros.
  • Constituir una de las tres compañías con mayor cuota de mercado en su nicho específico –a nivel global– o la más importante en su continente.
  • Ser desconocida por la mayoría de las personas ajenas al sector en el que se desenvuelve su actividad.
  • Hay otras premisas que –aunque no siempre se cumplan– suelen asociarse a este tipo de compañías:
  • Tienden a situarse en la vanguardia en la innovación de su sector.
  • Por regla general, resultan más ágiles en la planificación a largo plazo, al no depender de accionistas.
  • Son una fuente sólida de empleo de calidad. Aunque no contratan trabajadores en grandes cantidades tampoco los despiden a la primera señal de crisis.
  • No requieren una imagen pública muy definida, pero en su segmento de mercado tienen una reputación excelente.

En contra de lo que pueda parecer a simple vista, el sector cinematográfico y el televisivo cuentan con numerosas empresas de esta clase. Sin ir más lejos, el propio Simon incluyó a ARRI en su lista de campeones ocultos alemanes desde la primera versión. Aquellos lectores a los que pueda sorprender este dato deben tener en cuenta que la compañía muniquense, pese a ser el número uno en cuota de mercado, sigue perteneciendo a los herederos de sus fundadores –101 años después– y que su número total de empleados no supera los 1.500, frente a los más de 150.000 de otras compañías como Canon, Panasonic o Sony, que por supuesto se dedican a muchísimas más cosas que a la fabricación de cámaras, ópticas y accesorios.

Jacques Delacoux mostrando algunos de sus productos en la BSC Expo de Londres.
Jacques Delacoux mostrando algunos de sus productos en la BSC Expo de Londres.

Si ARRI es el ejemplo prototípico de campeón oculto de tamaño medio, Transvideo es un caso de libro de la versión pequeña del mismo fenómeno. Para entenderlo, hemos venido al norte de Francia a visitar su fábrica y entrevistar a su fundador y presidente: Jacques Delacoux. Resulta sintomático que la percepción que de él tenemos no haya cambiado ni un ápice en todos los años que han pasado desde nuestro primer encuentro. Dotado de un carácter transparente, una curiosidad innata y una bonhomía poco frecuente, se trata de una persona siempre dispuesta a aportar algo de su parte en cualquier negociación y que también se caracteriza por llamar a las cosas por su nombre. Por eso es siempre un placer mantener una conversación con él, en este caso sobre los orígenes de su compañía.

Breve historia de Transvideo

Desde los 18 años, Delacoux trabajó en muchos puestos diferentes dentro de la industria cinematográfica gala. La mayoría de ellos como asistente y como operador de cámara, aunque también en laboratorios –procesando emulsiones fotoquímicas–. Durante esa primera etapa de su carrera, tuvo la suerte de trabajar con cámaras Éclair de 16 y 35 mm, que revolucionaron la manera de hacer cine –en particular en Europa, aunque también entre los cineastas independientes de medio mundo– al contar con un cuerpo ligero y manejable, muy alejado de las omnipresentes Mitchell de la época.

Éclair NPR de 16 mm.
Éclair NPR de 16 mm.

Creo que me infecto el virus de la creación de imágenes –nos cuenta–. Mi atracción hacia los objetos que impresionaban celuloide no tenía limites, desde las ópticas hasta la mecánica de la cámara en sí misma. Pero lo que más quería era generar imágenes por mi cuenta. Sólo ahora, tantos años después, he sido consciente de que mi atracción por la luz es una consecuencia del constante declive de mi visión –Jacques padece una severa enfermedad degenerativa de la vista y su ángulo de visión se ha reducido sobremanera con el paso del tiempo. Hoy en día, apenas conserva visión periférica–. Cuando era operador de cámara, me frustraban mucho los medios técnicos que teníamos a nuestra disposición. En especial los monitores de previsualización. Proporcionaban una imagen más o menos cercana a lo que se había filmado, pero no me parecían de fiar en condiciones reales. Yo quería hacer visores de cámara con monitores CRT. Pero como en ese período todo se complicó muchísimo con los diferentes estándares que estábamos adoptando en Europa, tuve que abandonar la idea.

Mitchell BNCR de 35 mm.
Mitchell BNCR de 35 mm.

No fue hasta cumplir los 27 años que se decidió a fundar Transvideo. Corría el año 1985 y el propósito de la compañía era bien distinto. Realizaba modificaciones especiales para productos de fabricantes como Bang & Olufsen, Bell & Howell, Panasonic, Pioneer, Sony, Toshiba y muchos otros. En muchos casos se trataba de productos asiáticos que no cumplían con todos los requisitos para utilizarse en Francia. Una de las modificaciones más frecuentes era la de añadir capacidades para el sistema de color SECAM. Delacoux desarrolló sistemas que posibilitaban la lectura y/o grabación en SECAM K7. Dicho desarrollo permitió recibir programas franceses en países donde era imposible previamente. De este modo aprendió muchísimo sobre electrónica, porque la mayoría de los fabricantes le dieron acceso directo a los diseños de sus circuitos integrados –proporcionándole gran cantidad de información sobre su forma de trabajar–.

Espectro de señal de televisión analógica a color SECAM bajo el Estándar L francés.
Espectro de señal de televisión analógica a color SECAM bajo el Estándar L francés.

En un corto período de tiempo, Transvideo firmó acuerdos con compañías como Sony o Panasonic para mercados específicos –en particular el de duplicación–. Se convirtió en la única compañía del mundo autorizada por ambos gigantes nipones para añadir su nombre junto al de de ellos en los productos –“PAL/SECAM by Transvideo” era la leyenda habitual–. Se trataba de duplicadores VHS para los que Jaques Delacoux desarrolló solicitudes que permitieran agregar capacidades SECAM. Él mismo viajó a Japón con el producto bajo el brazo para mostrárselo a los ingenieros japoneses y conseguir que aprobaran la solicitud. En total, Transvideo transformó más de 60.000 duplicadores. Recibían las máquinas en containers y les agregaban el sistema SECAM.

Dispositivo Sony modificado para PAL/SECAM por Transvideo.
Dispositivo Sony modificado para PAL/SECAM por Transvideo.

Fue una gran experiencia de aprendizaje –asegura Delacoux– porque esos productos no existían en el mercado, a sus manuales a menudo les faltaban detalles y los resultados y la calidad eran fantásticos. En aquel momento, el 100% del catálogo de Buena Vista –la distribuidora de Disney–de la zona SECAM se duplicó utilizando productos de Transvideo, incluyendo nuestros transcodificadores, que yo había desarrollado para ampliar la gama de productos de la compañía. Lo hicimos todo en nuestra sede, incluyendo a veces la fabricación y el grabado de los circuitos. Hasta fechas recientes, cableábamos y soldábamos todas las placas en nuestra sede. Teníamos personal especializado en el cableado y una máquina de soldadura por ola.

La llegada de la tecnología de montaje superficial (SMT) acabó con nuestras operaciones de cableado interno. Como consecuencia del coste de mantener nuestro negocio en Francia y mi negativa a externalizarlo, tuvimos que determinar cuál iba a ser el negocio principal que queríamos desarrollar y preservar dentro de la compañía. En la actualidad, los circuitos impresos tienen más de doce capas, con frecuencias muy por encima de los 3 GHz, pistas ajustadas para esas frecuencias y una miniaturización tal que los componentes apenas se ven. Muy pocos fabricantes son capaces de fabricar este tipo de circuitería. Ahora creamos nuestros productos por ordenador, Macs en su mayoría, empleando programas especializados. Nuestra empresa es única por haber mantenido el diseño de las placas en nuestra sede. El diseño de circuitos se ha convertido en todo un arte.”

Placa de un monitor Stargate FHD de Transvideo.
Placa de un monitor Stargate FHD de Transvideo.

Como el mercado de modificación de productos fabricados por terceros era limitado e inviable a largo plazo, Transvideo se reorientó hacia la idea primigenia de su fundador. Delacoux siempre ha tenido una excelente relación con las empresas japonesas –de las que asegura haber aprendido mucho– y la confianza es mutua. Un día, mientras se encontraba en una fábrica de Toshiba, los ingenieros le mostraron los prototipos de unas pequeñas pantallas LCD y le dijeron que no sabían qué hacer con ellas. Recordando sus antiguas aspiraciones, Jaques vio una oportunidad excelente para hacer dispositivos portátiles de visualización de imágenes en cine y televisión. Los responsables de Toshiba, no obstante, le dijeron que la tecnología era puramente experimental y que nunca la finalizarían, agregando que esas pequeñas pantallas no tenían ningún futuro más allá de equipar máquinas de Pachinko. Pero ante la insistencia del empresario galo, aceptaron venderle los prototipos de los paneles, sin garantías ni servicio técnico alguno.

Máquina de Pachinko.
Máquina de Pachinko.

Así es como Transvideo fabricó su primer monitor profesional de 5 pulgadas, el LCM05. El concepto era tan innovador como interesante para su época. Se trataba de un sistema modular muy ligero y, sin embargo, verdaderamente robusto. Permitía a los profesionales ver las imágenes en exteriores a plena luz del día sin tener que poner sus cabezas dentro de una caperuza negra. Constituyó un paso muy importante porque –aparte del uso de tubos de fósforo especiales, increíblemente caros y frágiles– hasta entonces era imposible ver imágenes con cualquier clase de luz ambiente alrededor.

Dada su extrema fiabilidad, Transvideo también fabrica monitores para sistemas de aviónica, como los del Airbus A350.
Dada su extrema fiabilidad, Transvideo también fabrica monitores para sistemas de aviónica, como los del Airbus A350.

Cuando los primeros monitores estuvieron listos, no fueron un éxito en Francia. Nadie quería utilizarlos. Ni siquiera los canales de televisión. Cuando le preguntamos a Jaques sobre los motivos del rechazo, lo explica con su habitual franqueza: “Francia es un país extremadamente conservador con su propio status quo y nos resulta muy difícil cuestionarnos ciertas cosas. Me decían: ‘Sí, está muy bien, tiene una pinta impresionante… pero si es tan bueno, ¿cómo te explicas que Sony no haya hecho ninguno todavía?’ Ese era su argumento irrefutable, y casi siempre iba seguido de una risita autocomplaciente; y yo me tenía que largar con mi monitor a cuestas”.

En la encrucijada entre abandonar el proyecto o probar en otros lugares, el responsable máximo de Transvideo optó por lo segundo y probó suerte en Bélgica. Allí tuvo más suerte entre los operadores de televisión de la RTBF, pero los pedidos no eran suficientes para mantener la empresa a flote. Algunos colaboradores británicos –con los que Transvideo hacia negocios de duplicación– le propusieron la idea de que mostrara los nuevos monitores en su stand del NAB Show en EE.UU. La respuesta entre el público que vio el producto fue lo suficientemente entusiasta como para que Transvideo se lanzara a la aventura de montar su propio stand en la edición del año siguiente.

Moviecam SL MK2.
Moviecam SL MK2.

El primer año –asegura, Delacoux– yo todavía estaba asimilando el tamaño gigantesco de aquella feria y de aquel mercado, en el que nunca había trabajado antes. Al año siguiente, cuando monté un stand propio, era incapaz de manejarme con la multitud de gente que vino. Un día, llegó alguien que –sin pestañear– me pidió mil unidades. No le creí, y ni siquiera me molesté en contestarle. Todavía estaba demasiado acostumbrado al modo francés de hacer las cosas”.

Pero la mayor sorpresa aún estaba por llegar, más allá del campo televisivo. “En medio de toda aquella locura –cuenta Jaques– llegó gente del mundo del cine y me dijeron: ‘¡Pero si esto es lo que siempre hemos estado esperando! No tenemos ninguna herramienta en la cámara que nos permita ver a todos la misma imagen al mismo tiempo’. Por entonces, en los rodajes, se empleaban pantallas microscópicas, como la de las cámaras de Moviecam, que eran de buena calidad pero sumamente frágiles. Enseguida corrió la voz de lo que había en el pequeño stand de aquella empresa francesa. Directores de fotografía como el alemán Michael Ballhaus, ASC –colaborador habitual de Fassbinder y de Scorsese– se compraron sus propios monitores en el acto.

Lo mismo ocurrió con varios operadores de Panavision. La compañía californiana estaba trabajando en la integración de visores de vídeo en su cámara Panaflex Platinum. Nolan Murdock, director de desarrollo de Panavision decidió incorporar a Transvideo en el proyecto. “Me lo contó personalmente –rememora Delacoux de una forma maravillosa y típica estadounidense. Dijo: ‘¡Si te ves capaz, hazlo y te lo compraremos! Si no, no pasa nada. Lo dejamos, sin resentimientos’. Nos pasamos un día entero tan sólo intentando aclarar cuál era la idea de lo que querían de ese monitor de vídeo sobre el papel. Puedo decir, honestamente, que yo no podía entender ni la mitad de lo que me estaban diciendo y, sin duda, ellos me entendían todavía menos a mí. Yo había aprendido a hablar inglés con los japoneses, pero con los estadounidenses lo pasaba mal para expresarme. Mientras me marchaba de la reunión les dije que iba a hacer algo con todo eso y que volvería a verles un mes más tarde. De ese modo, si les gustaba, empezaríamos desde allí. Realmente se partieron de la risa. ‘Si, claro –me decían– con vosotros los franceses nunca hay ningún problema. ¡En un mes, por supuesto! Ya veremos…’ Y un mes más tarde, regresé con mi pequeño monitor. Quedaron encantados. Abultaba sólo una cuarta parte de lo que creían que iba a ocupar y resultó que habíamos superado con mucho sus especificaciones originales”.

El monitor original de Transvideo para la Panaflex Platinum de Panavision de 1997.
El monitor original de Transvideo para la Panaflex Platinum de Panavision de 1997.

Con la inestimable ayuda de Panavision, líder de la industria en aquel momento, Transvideo comenzó a publicitar y vender sus productos en EE.UU. y sus equipos se empezaron a usar en películas de todo el mundo. “En EE.UU. –puntualiza Jacques– me sorprendió gratamente encontrar a profesionales increíblemente competentes, que además tenían los pies en la Tierra, eran de trato fácil y siempre resultaban amables y cooperativos. Gente como Denny Clairmont o Clint Eastwood que me promocionaron y apoyaron sin ambages sin recibir nada a cambio, salvo mis monitores. Lo mismo me ha ocurrido con la mayoría de los fabricantes legendarios a los que he conocido. Para mí, esto tiene una importancia extrema. Es algo fundamental y es lo que me arrastra hacia esta profesión en lugar de a otras. Es la creatividad colectiva lo que me interesa”.

Clint Eastwood utilizando el monitor de director que Transvideo diseñó para él en
Clint Eastwood utilizando el monitor de director que Transvideo diseñó para él en “El intercambio” (Clint Eastwood, 2008). El director estadounidense ha utilizado monitores de Transvideo en todas sus películas desde entonces. @ 2008 Universal Pictures.

Delacoux pasó los siguientes cuatro años a caballo entre Los Ángeles y Francia, hasta que decidió regresar a su país a tiempo completo porque quería ver crecer a sus dos hijos pequeños. En ese impasse, la extrema calidad, versatilidad y fiabilidad de sus monitores le valió la consideración de la industria a nivel global, así como una amplia lista de premios –incluyendo varios en el NAB Show, tres en el CINEC, y un Oscar técnico de la Academia de Hollywood–.

Garrett Brown –inventor de la SteadyCam con el primer modelo de CineMonitor de Transvideo para su invento en 1997. Brown promociona abiertamente el producto de Transvideo para uso en StaedyCam y es -de hecho- el estándar mundial más utilizado en esa herramienta.
Garrett Brown –inventor de la SteadyCam con el primer modelo de CineMonitor de Transvideo para su invento en 1997. Brown promociona abiertamente el producto de Transvideo para uso en StaedyCam y es -de hecho- el estándar mundial más utilizado en esa herramienta.

Regresé aquí en primer lugar para cuidar de mis hijos, pero también porque había personas de la empresa a las que echaba de menos. No tenía el capital para crear una nueva compañía en EE.UU. Sin embargo, debo decir que es muy difícil sobrevivir para una pequeña empresa industrial como la nuestra en Francia. Vine a Normandía, al principio porque me podía permitir montar una empresa aquí y no en París, pero luego me enamoré de la zona y de la gente. El entorno industrial francés es muy hostil para el crecimiento y el desarrollo. Todo es muy complicado y nos vemos forzados a concentrar nuestra energía en gran cantidad de cosas que son completamente irrelevantes para nuestro negocio. Se desperdicia mucha energía, y este hecho es absolutamente intolerable cuando lo comparas con la manera en la que se hacen las cosas en otros sitios. Puede que esto funcionara en una época en que los mercados estaban completamente cerrados pero las cosas ya no son así. La globalización es absoluta, con independencia de que nos guste o no. Estamos en mercados globales y competimos con empresas de todo el mundo. Los coreanos, los chinos y los estadounidenses tienen una actitud a favor de los negocios que no existe en Francia. No me gusta generalizar, pero me doy cuenta de que aunque me parezca criticable que los estadounidenses enfoquen toda su vida al trabajo, esa es también la clave de su éxito. El cien por cien de su energía está dedicada al trabajo.

Vive la différence !

Transvideo destaca entre la multitud de monitores del mercado por su compromiso con la excelencia. Suele resultar muy difícil juzgar la calidad de una imagen a simple vista. Por regla general, las diferencias son casi imperceptibles dada la complejidad de las propias imágenes. Pero lo cierto es que la mayoría de los monitores empeoran la imagen que sale de la cámara sobremanera. Si en algo destacan los productos de esta empresa es en su obsesión por asegurarse de que la imagen en sus paneles reproduce –con la mayor fidelidad posible– lo que se está grabando en cámara. “Es de la mayor importancia que nuestros monitores no generen artefactos ajenos a los que haya podido crear la propia cámara –remacha Jacques–. Si encuentras irregularidades en la imagen, la gente no debería tener que preguntarse si esos problemas vienen de la cámara o del monitor”.

Alexandre Leuchter, y Jacques Delacoux agradeciendo el Oscar técnico concedido por la Academia de Hollywood a Transvideo.
Alexandre Leuchter, y Jacques Delacoux agradeciendo el Oscar técnico concedido por la Academia de Hollywood a Transvideo.

Los productos de Transvideo presentan latencias inferiores a un fotograma en todas nuestras mediciones y siempre están sincronizados con la señal incidente. Esto significa que si la cámara está filmando a 24 fps, la pantalla estará ofreciendo 24 o 48 fps, pero siempre estará sincronizada con la información que sale de cámara. Si se trabaja a 50 o 60 fps, la imagen se mostrará a 50 o 60 fps. La mayoría de los monitores de otras firmas muestran las imágenes a la velocidad de reproducción a la que pueden trabajar. Se produce la aparición de nuevos artefactos entre las dos imágenes porque o bien se añaden imágenes que no existen, o bien se eliminan imágenes existentes. Lo mismo ocurre con las funciones de “escalado”. Cuando un monitor ofrece un zoom más allá de la resolución inicial del panel, se muestran pixeles que no existen. No es la imagen que se graba y tampoco la que sale de cámara.

El Transvideo Starlite HD-m permite leer y procesar todos los metadatos de las series XD de ópticas Zeiss, tanto las CP.3 como las Supreme Primes.
El Transvideo Starlite HD-m permite leer y procesar todos los metadatos de las series XD de ópticas Zeiss, tanto las CP.3 como las Supreme Primes.

Uno de los motivos por los cuales los productos de la compañía normanda son tan complejos –y contienen tanta electrónica en su interior– es la gran cantidad de procesos que son necesarios para asegurar que el producto final es el que se le exige en su categoría. Si a eso se le añade la capacidad para interpretar los metadatos de las ópticas inteligentes que ofrecen más información del mercado –incluyendo no sólo la distancia focal, escala de distancias, profundidad de campo y apertura de diafragma, sino también la distorsión geométrica, el viñeteo y toda una serie de aplicaciones que los fabricantes de objetivos están agregando a sus nuevos modelos– nos encontramos con un producto sencillamente único. Muchas marcas emplean procesadores diseñados para televisores de consumo. Intentan optimizar las imágenes para hacerlas más agradables a la vista. Delacoux es tajante al respecto: “Nuestro trabajo no es hacer las imágenes agradables a la vista. Es mostrárselas a la gente que ha generado esas imágenes de la forma más pura posible, para que sepan que están viéndolas sin adulterar”.

Puesto de chequeo en la sede central de Transvideo en Normandía.
Puesto de chequeo en la sede central de Transvideo en Normandía.

Al igual que ocurre con cualquier producto profesional de audio, en los monitores de imagen se debe prestar mucha atención a los conectores y a los cables que forman parte de la cadena. Gran parte de los problemas que se suceden en un rodaje tienen que ver con conectores defectuosos o en mal estado. En su día, si un “video assist” no funcionaba –en un rodaje en fotoquímico– siempre se podía seguir filmando sin él. Hoy en día, la conjunción entre la cámara y un grabador digital es de capital importancia y ese tipo de problema es imperdonable.

Los cables de Transvideo no son especialmente económicos, pero su entrelazado es doble y los conectores se diseñan de manera específica bajo las especificaciones de la empresa. Se chequean uno por uno –algo que hemos podido comprobar en persona– tanto en términos de frecuencia, como en los de las propiedades de sus materiales. Algunas empresas de alquiler fabrican sus propios cables, pero no disponen de las herramientas para probarlos y las buenas conexiones escasean. Otras compañías los compran en internet a un coste de fabricación inferior a un euro por cable, pero pueden no funcionar ni siquiera cuando son nuevos. Otras dañan el conector central de los BNC porque son del diámetro erróneo. Por no mencionar que aún existen profesionales que ni se molestan en mirar el interior del conector antes de acoplarlo. La sensación cuando se conecta un cable de Transvideo es de firmeza y de seguridad, sin que haga juego.

En esta máquina térmica se somete a todos y cada uno de los monitores a temperaturas extremas )bajo y sobre cero) para comprobar su resistencia en rodajes en localizaciones.
En esta máquina térmica se somete a todos y cada uno de los monitores a temperaturas extremas )bajo y sobre cero) para comprobar su resistencia en rodajes en localizaciones.

Tenemos suerte de que nos hayan inculcado esa idea de la excelencia de la que habláis –confirma Delacoux cuando le preguntamos por ello–. He aprendido que los mejores profesionales tienden a coincidir en darle prioridad a la eficiencia. Son increíblemente eficientes en todo lo que hacen. Cuando existía Clairmont, –que fue una de las empresas de alquiler más importantes del mundo hasta que su propietario, el maravilloso Denny Clairmont, decidió jubilarse y vendérsela a Keslow Camera– conocí a un empleado cuyo único cometido no parecía demasiado excitante: limpiaba cables. Daba igual que el cable midiera uno o cincuenta metros. Limpiaba cada uno a conciencia con un disolvente especial que no borraba lo que estaba impreso en los cables, pero que eliminaba hasta las huellas dactilares de los jefes de eléctricos. Todas las veces, probaba, chequeaba y limpiaba cuidadosamente cable por cable. Esta práctica, que a muchos les parecerá estúpida o poco rentable, marca la diferencia en un set de rodaje para que no exista la incertidumbre técnica sobre si un cable va a funcionar o no. Además es una cuestión de respeto. No voy a dar nombres, pero existen empresas de alquiler parisinas cuyos equipos parecen haber salido del cubo de la basura. ¿Hasta cuando vamos a considerar eso como algo ‘normal’? Una tontería como esa puede paralizar un rodaje que cuesta muchísimo dinero. Exigir un cuidado especial en esta clase de asuntos no es una excentricidad. Es necesario. En Francia, tenemos dificultades para entender el verdadero significado de la palabra ‘rentabilidad’. Las conversaciones sobre dinero nunca son bienvenidas, debido a un montón de razones estúpidas. En algunos otros países te dicen ‘De acuerdo, cuesta tanto dinero, ¿pero cuánto más voy a ganar si uso tu producto?’ No te dan su opinión acerca de si es caro o barato. Sencillamente te dicen: ‘¿Qué puedo ganar con esto? ¡Aunque costara 20.000 euros, si me hace ganar más que eso, merece la pena!’. Entre tanto, aquí la gente te dice: ‘’Es buenísimo, es superior a todo lo que he visto, pero he visto una cosa china que sólo cuesta 200 euros. ¿No podrías hacer productos peores y más baratos?” Como si yo fuera a un concesionario de Ferrari y les dijera: ‘¿Estáis de coña? He visto un Renault Twingo por menos de 9.000 euros y me estáis pidiendo 150.000 o 200.000 euros por el vuestro?’ Hace unos veranos, estuve en contacto con una producción francesa que rodaba en Argentina usando monitores coreanos. Se les rompieron todos en La Pampa. Diez días de rodaje arruinados. ¿Cuánto cuesta eso, al lado del alquiler de monitores que le cuestan a la casa de alquiler 1.500, 2.000, 4.000 o 5.000 euros a lo sumo? Esas mismas empresas luego compran y alquilan cámaras de más de 100.000 euros y ópticas de más de 15.000 euros por unidad. Creo que nuestras industrias deben comprender la noción de que estamos todos en el mismo barco, de que somos células del mismo organismo. La actitud que mantenemos ahora es como decir: ‘Me da igual, ¡tengo cáncer de hígado pero todo lo demás va bien!’ Es una perspectiva muy cerrada y por regla general conlleva que las cosas vayan cuesta abajo desde el momento en que la adoptas. Para mí, los directores de fotografía deben jugar un papel esencial, porque tienen que ser la figura que lleva sobre sus hombros a la totalidad de la industria. Que les guía. No tienen que llevarse sólo a sí mismos, porque entonces toda la industria se quedaría atrás con respecto a los directores de fotografía. Creo que se debe funcionar a partir de su figura. La supervivencia de todo el ecosistema del cine depende de ello. Un ecosistema que, en mi opinión, merece sobrevivir y prosperar con todas sus profesiones y trabajadores. El cine es, por encima de todo, una historia de personas y técnicas y demasiado a menudo nos olvidamos de ello. Sin personas no existiría el cine. Sería otra cosa, ¿pero qué?”

El grabador de audio multipista de alta gama Aaton Cantar X3 de Aaton Digital.
El grabador de audio multipista de alta gama Aaton Cantar X3 de Aaton Digital.

En la sede central de Transvideo trabajan alrededor de veinte personas . La mayoría son ingenieros dedicados al desarrollo del producto. Jacques Delacoux también es propietario de Aaton Digital –con sede en Grenoble, donde reside con su familia– lo que significa que cada vez que se traslada de una sede a otra debe recorrer casi 700 kilómetros. Pero eso no parece hacer mella en su entusiasmo. Una de sus mayores preocupaciones es la formación. Colaborador habitual de IMAGO –la mayor federación de asociaciones de directores de fotografía del mundo– se implica en la enseñanza hasta tal punto que costea de su bolsillo el traslado, estancia y manutención de al menos dos decenas de estudiantes franceses cada año en el festival de dirección de fotografía más importante del globo: Camerimage, con sede en Bydgoszcz (Polonia). Y no ha dudado en incluir a nuestros propios estudiantes en las actividades que allí organiza –sobre la marcha y sin exigir contraprestación alguna–. Cuando le preguntamos por el motivo último detrás de la orientación actual de Transvideo y de su empeño en formar a nuevas generaciones, responde –una vez más– con absoluta honestidad.

Los monitores de Transvideo se emplean en producciones muy diversas de todo el mundo.
Los monitores de Transvideo se emplean en producciones muy diversas de todo el mundo.

Me di cuenta hace años –concluye– de que mi trabajo ya no era el mismo. De que no estaba creando ya nada nuevo. De que lo único que hacía era dirigir una empresa. Así que me dije: ‘Tienes que elegir’. Y en lugar de procurar alcanzar un crecimiento mayor desde un punto de vista empresarial, elegí crear los productos que quería crear para la gente con la que quiero trabajar. Así que decidí dejar de trabajar con gente a la que no soportara. ¡Desde entonces mi regla de oro ha sido la de no trabajar nunca con gilipollas! En primer lugar, es malo para tu salud. En segundo lugar, esa es la clase de gente que te quita muchísimo tiempo sin darte demasiado a cambio. Y en tercer lugar, suelen ser quienes impiden que tengas la oportunidad de conocer y trabajar con buena gente. A menudo se lo digo a los estudiantes, o a los asistentes, o a los estereógrafos que se quejan de lo que les piden en ciertas producciones o de las personas con las que trabajan: ‘¡No es tan complicado! No les importas. Nunca les vas a importar. No vas a crecer con ellos, ni personal ni profesionalmente. No sigas ahí. Una cosa es segura. Si sólo trabajas para gilipollas nunca trabajarás ni para gente, ni para producciones que valgan la pena’. En cada trabajo que he tenido en mi vida, tan pronto como alguien ha empezado a convertir mi vida en un infierno, tan pronto como he dejado de disfrutarlo o que he empezado a preguntarme por qué seguía ahí –que viene a ser lo mismo– me he marchado. Siempre. Y no soy multimillonario, pero tampoco vivo debajo de un puente, ni frustrado, ni amargado. Por eso monté Transvideo. Lo que complica las cosas es que en nuestros países –en Francia, o en España, o en muchos otros– vivimos acobardados. Llevamos tanto tiempo diciendo que sí a todo, que hemos perdido nuestra libertad de decir que no. Crear Transvideo me ha permitido conocer a gente excepcional de todo el mundo y aprender muchísimo de ellos. Y espero poder enseñar parte de ese conocimiento a las siguientes generaciones. Sin ellos no habrá servido de nada”.

Lectura de metadatos de ópticas Cooke S5/i en un CineMonitorHD+ de Transvideo., incluyendo escala de distancias de enfoque y profundidad de campo.
Lectura de metadatos de ópticas Cooke S5/i en un CineMonitorHD+ de Transvideo., incluyendo escala de distancias de enfoque y profundidad de campo.

En nuestras siguientes entregas, analizaremos las líneas principales de producto de Transvideo, sus prestaciones y características.

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