Aquellos que llevamos algunos años siguiéndolas de cerca, hemos podido comprobar de primera mano como, año tras año, las ferias fotográficas son cada vez más descafeinadas. Sí, aún sigue habiendo café, pero cada vez con menos cafeína.

Cuando hablamos con los periodistas que llevan aún más años asistiendo a todas esas Photokinas, CP+, IFAs y demás ferias del sector, no hacemos más que corroborar la crisis que atraviesan. Tiempo atrás, las ferias eran la ocasión idónea que aprovechaban todos los fabricantes para presentar sus novedades más destacadas. Los allí presentes nos pasábamos el tiempo recorriendo –más bien corriendo– por los interminables estands con la intención de llegar a tiempo a cada presentación. En ocasiones, incluso algunas presentaciones de primera importancia se solapaban entre sí y era necesario dividirse, en tiempo y en espacio.

Ahora transcurre todo con mucho más calma. Ya no hace falta correr. Lo cual es una suerte por un lado, aunque por otro se echa falta ese frenesí de antaño. En los últimos años cada vez menos fabricantes presentan sus novedades in-situ, pues saben que cada vez menos medios acuden a cubrir estos eventos en directo. Ahora prefieren desvelarlo todo –o casi todo– un par de semanas antes de la feria que corresponda en cada momento, dejando apenas las migajas a aquellos que aún quieren o pueden asistir a ellas.

¿Qué ha ocurrido? Nada de hecho que se escape a la lógica. Un sector en crisis como es el de la fotografía tradicional, que vende menos y mueve menos dinero, implica menos recursos para todos aquellos que participlan de él, ya sean las propias marcas, los medios o los periodistas. Cubrir una feria tiene un coste elevado, más aún si el desplazamiento implica cruzar algún que otro continente. Las marcas lo saben, y actúan en consecuencia. Los medios también, y actúan como pueden: asistir no compensa la inversión, pero no asistir es lamentablemente una alternativa agridulce.

El nuevo año ya está aquí, y con él arranca de nuevo el calendario previsto para las ferias. El CES de Las Vegas será la primera que vea la luz el próximo 6 enero, y aunque algunas marcas aprovecharán para lanzar alguna novedad fotográfica, se trata de una feria esencialente electrónica. La primera gran feria de fotografía será la CP+ de Yokohama, que se celebra a finales de febrero justo antes del Mobile World Congress.

La feria japonesa, a la que hemos asistido de forma prácticamente ininterrumpida desde su inauguración, es una de aquellas ferias que vale la pena ver, al menos una vez en la vida, si uno se considera aficionado a la fotografía. La forma en la que los japoneses ‘viven’ la fotografía no se puede explicar, y no tiene comparación con el resto de ferias del sector. Además, es una oportunidad única para entrevistarse con algunos de los máximos responsables de la industria fotográfica –pues prácticamente todas las grandes marcas tienen su sede central allí–, algo que llevamos haciendo desde hace ya muchos años. Sin embargo, las novedades que allí se presentan son cada vez menores, y está claro que nos encontramos en un claro ejemplo del tipo de feria cuya inversión cuesta justificar, especialmente cuando es el propio medio que debe costearla sin ningún tipo de aportación externa.

Y llegamos finalmente a la Photokina, la feria de ferias, al menos en lo que al mundo de la fotografía se refiere. Después de muchos años celebrándose con periodicidad bianual, este año pasa a ser anual, y además cambia de mes, pasando de septiembre a mayo. Un cambio que debió haberse producido ya el año pasado, pero debido a unos errores de cálculo –nótese la ironía– de la organización, decidieron finalmente anular la edición de 2019.

Los cambios que están aconteciendo en la Photokina son sintomáticos de lo que ocurre en el sector. Cambios que buscan adaptar el formato de las ferias a la crisis que atraviesa la industria, con más o menos acierto. Seguramente nadie tenga la receta del éxito, pero que por probar no quede. ¿Celebrar una feria que se hacía cada dos años ahora de forma anual cuando las ventas están cayendo? Por qué no. ¿Perder algunas de las marcas más importantes del sector y hacer como si nada ocurriera? Tampoco hay que ponerse dramático.

Efectivamente, aquellos que han ido siguiendo el culebrón de la Photokina 2020, sabrán qué hace pocos meses, Nikon, Olympus y Leica informaron que cancelaban su participación. Y hace apenas unas semanas, aprendimos que seguramente Fujifilm tampoco asistiría. Más allá de las razones que se puedan atribuir a la situación económica o la estrategia particular de cada una de estas compañías –el precio del metro cuadrado impuesto en estas ferias suele ser muy elevado–, lo cierto es que no son buenas noticias para la feria.

Si bien otros grandes fabricantes como Canon, Sony o Panasonic sí han confirmado su participación, no es buena señal que algunos de los actores más importantes hayan decidido no asistir. Ello probablemente signifique que parte de las novedades se presenten en otros eventos propios, y si ya era difícil justificar la cobertura de estas ferias, más díficil lo será si las novedades no son abundantes. Una lástima, pero seguramente no habrá café para todos.

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