En la tercera parte de este artículo describimos cuáles fueron los motivos por los cuales la industria cinematográfica adoptó el estándar de 24 fps.

John Logie Bird con su sistema de televisión electromecánica
John Logie Bird con su sistema de televisión electromecánica

Si bien los primeros experimentos con la televisión dependían parcialmente de la tecnología mecánica desarrollada por el escocés John Logie Baird (1) basándose en la patente del disco de Nipkow, serían los modelos desarrollados por Philo Taylor Farnsworth –y plagiados por Vladimir Zworykin bajo el auspicio de la poderosa RCA– los que impondrían un sistema de televisión totalmente electrónica.

Disco de Nipkow. Foto de Peter Yankzer
Disco de Nipkow. Foto de Peter Yankzer

Para conseguir ver la imagen grabada con una cadencia similar a la empleada en el cine era necesario que cada televisor incorporara un generador de impulsos eléctricos que generara 24 de esos impulsos cada segundo. El coste y tamaño de esa solución era desproporcionado y resultó más sencillo conectar los aparatos a la red eléctrica general.

Como consecuencia, aún hoy la velocidad de grabación estándar para la televisión deriva de la frecuencia de la corriente en dicha red. En los países donde la frecuencia es de 60 Hz, la velocidad estándar es de 30 fps y en aquellos donde la frecuencia es de 50 Hz –como es el caso de España– la velocidad es de 25 fps. Otra característica de este sistema es la ausencia de parpadeo cuando se graba en entornos con iluminación artificial –siempre y cuando se ajuste el ángulo de obturación de las cámaras a la citada frecuencia–.

La exploración entrelazada se representa en cualquier dispositivo añadiendo la inicial  <<i>> de “interlaced” al dato de resolución vertical. Ejemplo: 1080i
La exploración entrelazada se representa en cualquier dispositivo añadiendo la inicial  <<i>> de “interlaced” al dato de resolución vertical. Ejemplo: 1080i

Al igual que ocurriera con la proyección cinematográfica, en el caso de la imagen electrónica fue necesario encontrar una manera de duplicar el número de imágenes por segundo a la hora de visualizar el vídeo para lograr percibir movimiento constante y evitar parpadeo. Tras probar otras soluciones y para no tener que aumentar el ancho de banda de emisión, se optó por un tipo de exploración denominada entrelazada.

En esta exploración, la imagen se divide en dos campos, –cada uno de ellos con la mitad de las líneas de resolución– uno con las líneas pares y otro con las impares. En primer lugar se graban, transmiten o muestran las líneas impares y, tras un período de tiempo inferior al que precisaría el cerebro humano para percibir esa diferencia, se graban, transmiten o muestran las pares. Así, percibimos visualmente 50 imágenes por segundo aunque en realidad vemos dos campos de 25 imágenes –con sólo la mitad de información– cada uno.

La exploración progresiva se representa en cualquier dispositivo añadiendo la inicial "p" de “progressive” al dato de resolución vertical. Ejemplo: 1080p © Wikipedia
La exploración progresiva se representa en cualquier dispositivo añadiendo la inicial «p» de “progressive” al dato de resolución vertical. Ejemplo: 1080p © Wikipedia

Tal exploración se encuentra en desuso en la actualidad por los numerosos problemas de calidad que plantea en forma de artefactos en la imagen –que se producen sobre todo en texturas y tejidos que requieren alto nivel de detalle o en secuencias con mucho movimiento– a causa de su reducida resolución vertical.

Por contra, la exploración progresiva –un barrido secuencial de todas las líneas de la imagen–, aunque requiere de un ancho de banda superior, se ha impuesto en los dispositivos de grabación y visualización de vídeo en alta definición por su mayor calidad y por la mayor facilidad que presenta para comprimirse de forma extremadamente eficiente. Fueron las necesidades de los monitores informáticos las que terminaron de inclinar la balanza a favor de esta exploración –que paradójicamente había sido la primera escogida por Baird para su sistema–.

De hecho, el entrelazado ni siquiera figura como opción en las especificaciones internacionales de los sistemas UHD. Las altas frecuencias a las que realizan los barridos de imagen los televisores de nuestros días –entre 100 y 600 Hz de media– hacen que el parpadeo sea un problema del pasado.

En el último lustro, con la mejora de la tecnología de captación se han multiplicado los intentos de establecer nuevas cadencias de velocidad de grabación muy superiores a las que se habían estandarizado en los tiempos de Edison. Basándose en los hallazgos científicos que detallamos en anteriores partes de este artículo, muchos técnicos y realizadores han buscado aumentar de forma exponencial la “percepción de realidad” del espectador tanto en el cine como en la televisión.

Peter Jackson durante el rodaje de la primera parte de El Hobbit
Peter Jackson durante el rodaje de la primera parte de El Hobbit

El intento más conocido en ese sentido han sido la grabación y proyección en 4K, a 48 fps y en 3D de las dos primeras películas de la trilogía de El Hobbit, dirigida por Peter Jackson. Este sistema ha sido muy criticado por la experiencia negativa que gran parte de los espectadores ha tenido. Los motivos de este desencanto pueden ser múltiples:

  • Estamos educados visualmente en el lenguaje y la cadencia tradicionales del cine (24 fps) y el arrastre de la imagen (fillage) característico de esta. Asociamos la imagen  del cine a una imagen de calidad, sea esto cierto o no y las mayores frecuencias nos recuerdan al vídeo casero.
  • El aumento del número de fotogramas por segundo implica atender a ciertas necesidades extras. Las texturas de imitación tanto en decorados como en tejidos son mucho peor toleradas por el espectador. Lo mismo ocurre con los efectos visuales, que requieren mucho mayor nivel de detalle. No se puede decir que las películas mencionadas hayan tenido éxito en ese empeño.
  • Es factible alegar que, en realidad, este proyecto se ha quedado a mitad de camino en sus pretensiones. Quizá 48 fps no son suficientes para generar una cadencia equivalente a la máxima que puede percibir el cerebro humano.
James Cameron durante el rodaje de la primera parte de Avatar (también conocida entre nosotros como Pocahontas 3D)
James Cameron durante el rodaje de la primera parte de Avatar (también conocida entre nosotros como Pocahontas 3D)

Los otros grandes promotores del uso de velocidades superiores a las tradicionales son James Cameron, que aspira a rodar y proyectar las tres próximas películas de su tetralogía Avatar en 4K, 3D y a 60 fps (2), y Douglas Trumbull, responsable de los efectos visuales de películas como 2001 o Blade Runner, que ha desarrollado un sistema completo de grabación y proyección digital en 4K u 8K, 3D a 120 fps sobre una pantalla curva. Su interés en el tema viene de lejos y este nuevo intento es una suerte de heredero digital de su malogrado Showscan, que ya incidía en la misma dirección empleando película de 70 mm y proyección a 60 fps en la década de los 80.

Douglas Trumbull probando su nuevo sistema a 120 fps
Douglas Trumbull probando su nuevo sistema a 120 fps

Sobre el papel, la solución de Trumbull sería la más cercana a la percepción humana –justo en el límite del umbral de parpadeo máximo–. No obstante, es previsible que estos nuevos estándares se utilicen sólo en proyectos muy específicos. La ficción no necesariamente se lleva bien con un parecido extremo con la realidad y el cúmulo de condicionantes históricos, tecnológicos y culturales que impusieron en su día la cadencia de 24 fps siguen teniendo un peso específico muy grande.


(1) Baird había intentado desarrollar la tecnología de la televisión veinte años antes de su monumental logro pero –como ocurriría durante toda su carrera– abandonó el experimento en pro de otros proyectos empresariales que devinieron ruinosos. Al poco tiempo de regresar de Trinidad –donde contrajo la malaria– en una penosa situación económica y obligado a guardar cama por recomendación de su médico, Baird resolvió los mayores desafíos técnicos que suponía su sistema de imagen en movimiento mientras convalecía con fiebre alta. Que la televisión la inventara un ingenioso aventurero –incapaz de levantar una empresa sin llevarla a la quiebra– mientras deliraba a consecuencia de los efectos de una enfermedad tropical no deja de resultar irónico.

(2) Es una lastima que proyectos que dedican tanto mimo al empleo correcto de la estereografía se vean lastrados por guiones vergonzantes plagados de personajes de cartón piedra unidimensionales.

       

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